miércoles, 28 de octubre de 2020

Reseña para Alma vikinga


Hoy os comparto una estupenda reseña que el blog A través de la romántica ha tenido a bien hacer de mi novela Alma vikinga. Estoy encantada de que la reseñadora la haya disfrutado tanto y le agradezco profundamente el tiempo empleado en hacer la reseña. Os invito a pasar por el blog y leer no solo la reseña de mi libro sino todo lo que tiene, porque de verdad que es muy interesante. Os dejo un trocito de la reseña, pero pinchad aquí para leerla completa.

Acción, aventura, luchas, intrigas, traiciones y mucho romance es lo que podemos encontrar en Alma Vikinga, una estupenda historia, que atrapa desde el primer momento en que empiezas a leer y no puedes parar hasta llegar al final.


viernes, 31 de julio de 2020

Artículo: Cómo vestían las españolas

Al escribir una novela de época ubicada en Inglaterra, tenemos que saber qué tipo de prendas utilizaban las mujeres de clase alta y las trabajadoras. Creo que sería interesante conocer también algo sobre la moda en el vestir en España, así que aprovecho para dejaros este pequeño artículo de lo que encontré para mis novelas Amaneceres cautivos y Destinos cautivos. 

Las españolas, como cualquier otra mujer, se fijaba en las modas de otros países, en las telas que se utilizaban y en los adornos de los trajes. Pero también las costumbres y el mayor o menor grado de religiosidad, llevaba a las damas a vestir más o menos recatadamente. 

Por el siglo XV una de las prendas que no podía faltar era el corpiño, al que también se le llamaba jubón femenino. Se trataba de una prenda que se ajustaba al torso, desde los hombros hasta la cintura, haciéndola más estrecha, y que carecía de mangas, atándose con cordones. Quedaba bonita y hacía buena figura, no cabe duda, pero a veces, cuando parecían más una coraza que un simple corpiño, no les permitía respirar bien, de modo que no era extraño que las damas se desmayaran por la falta de oxígeno. Esta prenda continúa siendo de uso normal en algunos trajes regionales, por fortuna más suelta. Según he sabido, la palabra corpiño es de origen gallego. 

La basquiña, otra prenda de uso popular, era una falda que solían llevar para salir a la calle, tenía pliegues para que diera vuelo y durante el siglo XVIII podían estar hechas en tela de damasco, tafetán o seda. Eran piezas caras, pero poco a poco se confeccionaron con telas menos costosas y fueron populares entre las mujeres de clases menos acomodadas.

No faltaron tampoco las fajas. No las que servían para disimular la tripa, sino las que adornaban la cintura de los vestidos, que se combinaron también con cinturones de seda, a veces ribeteados con hilos de oro o plata. 

Alguna vez habréis leído que la dama llevaba un verdugado. Pues se trataba de una saya usada en el XVI, con un armazón de alambre que se forraba para poder conseguir forma cónica. A veces se hacían de madera. Sí, de madera. Si resultaba complicado utilizar ese armatoste de alambre, no quiero ni imaginar lo que sería ir embutida en el otro, por lógica más pesado y aparatoso. Pero la moda ha mandado siempre, así que nada que decir. De origen puramente español, se extendió al resto de Europa y dio paso a lo que conocemos como miriñaque. 

¿Y qué era el miriñaque? Ni más ni menos que un armador que las damas de clase alta se colocaban debajo de las enaguas almidonadas y las faldas, para dar forma ampulosa a las mismas. Al principio no era sino una especie de enagua rígida, pero más tarde se modificó y allá por el 1830 se parecía más a una jaula. Desde luego no podemos negar que Escarlata O’Hara estaba preciosa con sus vestidos mientras tomaba pastelillos en los Doce Robles, pero sentarse con aquello debía suponer un suplicio; no digamos ya las contorsiones que deberían hacer a la hora de pasar por el aseo. Además, no conformes con las primeras estructuras, se fueron ampliando con los años, de modo que alrededor de 1865 tenían un tamaño impresionante. ¿A qué se debió esta moda? Pues a que la economía iba mejor, había más dinero y ello implicó hacer los vestidos mas pomposos. Eugenia de Montijo, la española que se casó con Napoleón III, fue una de las impulsoras y, debajo de las enaguas, las mujeres llevaban unos pantalones que les cubrían hasta los tobillos, normalmente adornados con finos encajes. ¿Os imagináis cómo debía de ser llevar todo eso? Angustia me da con solo pensarlo. ¿Cómo se apañarían si asistían a un teatro? ¿Cuántos asientos ocuparía una dama?

Menos mal que se impuso la razón y en 1870 inventaron el polisón. Tampoco es que fuera cómodo, pero al menos las faldas no se ahuecaban por la parte delantera y solo se abultaban por detrás. Durante veinte años fueron de uso común entre las clases acomodadas y solo en 1890 comenzaron a dejar que las faldas cayesen tranquilamente hasta los pies. Como veréis, no era extraño que una mujer tuviera por fuerza que tener a una criada que le ayudase a ponerse encima tanto trasto que, además de costar lo suyo, era imposible ponerse una misma. En el fondo tenían suerte las mujeres de las clases más humildes, donde la moda no exigía ni tanto gasto ni tanta incomodidad. 
 


 

domingo, 26 de julio de 2020

Reseña: Alex, la intrépida sobrina del conde




En esta ocasión comparto con vosotros la bonita reseña que en RNR ha hecho RocioDC de mi última novela, Alex, La intrépida sobrina del conde, un personaje secundario de la trilogía Un romance en Londres. 

¡Muchas gracias, Rocío, por la reseña!, no sabes cuánto celebro que te haya gustado. 

Os dejo un trocito, pero podéis leer la reseña completa pinchando aquí. 





lunes, 20 de julio de 2020

Espectacular reseña para Amaneceres cautivos

Hoy tengo el placer de compartir con vosotros la preciosa reseña de una de mis novelas más queridas, Amaneceres cautivos, que ha hecho el blog SCARED WRITER. Como siempre, estoy muy agradecida de que la autora de la reseña haya dedicado un ratito a escribir su opinión, y me siento muy feliz por saber que ha disfrutado de esta historia. 

Os dejo un trocito de la reseña y os invito a leerla en el blog:

Una historia de amor, que como es habitual en las historias de Nieves, no resta a la trama de aventura y misterio sino que la complementa a la perfección dando en cada momento lo que la historia necesita. Consigue que la trama fluya del amor a la aventura de una forma natural y sin resultar excesivas ninguna de las dos.


 

viernes, 17 de julio de 2020

Artículo: la escupidera

¿Hay alguien que no se haya fijado en esas escupideras que aparecen en los salones del antiguo oeste? Claro que no. Porque en esas vasijas era donde echaban ―siempre los malos de la película― los restos del tabaco que masticaban. 

Este artículo puede pareceros un tanto escatológico, pero resulta interesante saber algunas cosas. Así que vamos con ello. 

Puede ser un recipiente de madera, de metal o de loza. Las de latón desaparecieron después de la Segunda Guerra Mundial. Y aunque resulte un tanto incómoda de ver ahora, antiguamente era algo habitual, algo que estaba en todas partes y que, incluso, servía como objeto higiénico, evitando que se tiraran los esputos al suelo. Ojo, nada tiene que ver la escupidera con el orinal, que servía para otras cosas, como bien sabéis, y ya os expliqué en otro artículo. 

Por regla general, eran vasijas sencillas, pero algunas se fabricaban con lujo, dependiendo del lugar en el que quisieran ponerlas, o de la casa señorial que las utilizara.

Por ejemplo, durante a dinastía Qing, la última dinastía imperial China fundada por el clan Yurchen de Aisin-Gioro, en Manchuria, no solo se fabricaron de porcelana, sino de oro. No existía recepción importante que se preciara, sin su consabida escupidera. 

También fueron accesorios de uso obligado en los hoteles, en las estaciones de ferrocarril y en distintos lugares públicos, dado el uso del tabaco para mascar en tiempos pasados. Lo habitual era que la empresa que vendía utensilios para los trenes, tuviera en sus catálogos varios tipos de escupideras. 

Y pesaban. Tenían que pesar por narices, para evitar que cualquier persona que pasar a su lado la golpeara sin querer y vertiera el contenido. 

Al mismo tiempo, se trataba de objetos que podían evitar que se propagaran las enfermedades. Por tanto, los médicos recomendaban a quienes padecían tuberculosis, sobre todo, el uso de estas vasijas, a ser posible individuales. Una de las mayores campañas para su utilización fue la epidemia de gripe de 1918. 

Ahora bien, la utilidad de este objeto también puede ser un signo de placer… si estamos catando vino. Le dan un traguito, lo paladean y lo escupen. Es eso o agarrar una borrachera del quince si prueban muchas copas de vino. 

Así que no denostemos este cacharrito que ha evitado que el suelo se ensuciara y que, además, ayuda a que podamos degustar después en casa unos caldos excelentes. 




 

viernes, 10 de julio de 2020

reseña: Rivales de día, amantes de noche

Siempre es un placer leer una buena reseña de uno de tus libros. En esta ocasión, agradezco profundamente a Tanya, de Mi mundo entre libros, el tiempo que ha dedicado a escribir su opinión sobre mi novela Rivales de día, amantes de noche. Estoy encantada de que le haya gustado tanto. Os comparto un trocito de la reseña y os invito a visitar el blog.

Y no voy a contar nada más, que aún quedan un par de misterios y sorpresas.
Robos, secretos, deseo y pasión, entre otras cosas, es lo que nos encontramos en esta novela.
Es lo primero que leo de Nieves y puedo decir que me ha conquistado y ya estoy con la siguiente entrega de la saga, porque te atrapa y no te deja ir.
¡Enhorabuena!

 

Artículo: La aldaba

Ahora tenemos timbres, pero en las épocas antiguas no existían estos llamadores modernos, así que en las puertas se colocaba una pieza, más o menos llamativa, de modo que el que llegaba la golpeara contra la madera. A mí me resulta mucho más bonito llamar así en lugar de usar ese estridente sonido de timbre, aunque suene a campanillas. 

Pero ¿qué sabemos de la aldaba? Vamos, demos una vuelta por tiempos pasados y lo averiguamos.

En la Edad Media, por norma, se ponía algo parecido a un martillo pequeño, casi siempre sujeto por una argolla, en el exterior de la puerta de entrada a las casas particulares. Solían ser sencillos, sin muchos adornos, y se usaba el hierro forjado para confeccionarlos. Así y todo, hay verdaderas maravillas. 

Pero siempre ha habido clases, de manera que, dependiendo de la casa en cuestión, ese martillito podía convertirse en el escudo heráldico de la familia, la cabeza de un león ―como las de algunas catedrales del siglo XI o XIII―, en una mano, una cabeza de león, un grifo, la testuz de un caballo o las fauces de un lobo. No faltaban tampoco las aldabas en forma de lagarto, de caballito de mar o incluso de pez, dependiendo de la zona o país. 

Además, al estar sujetas por la argolla, servían también para cerrar la puerta, que en esas épocas eran bastante grandes y pesadas. Golpear la aldaba de una iglesia podía significar pedir refugio, y quienes eran acogidos en su interior estaban a salvo de sus perseguidores.

Todo cae en desuso, pero la aldaba ha permanecido en las puertas de conventos, iglesias y castillos, aunque convertida ya solo en un adorno. Su valor ya es más artístico que otra cosa, aunque algunos pueden alcanzar altas cifras debido a tu belleza y antigüedad. 

Tal vez una de las más hermosas muestras de aldaba la tengamos en la catedral de Bayona. Es de hierro, representa la cabeza de un grifo, tiene la argolla en la boca y es de una esmerada confección del siglo XIII. 

Pero no nos olvidemos de las españolas, de las existentes en alguna calle de Burgos, en modestas casas de Ávila, en palacetes señoriales de Toledo, en mansiones de Barcelona, o en la mismísima catedral de Sevilla, en la que en el centro de la cabeza del grifo tiene una estrella. 

Aunque más raros, también se hicieron aldabones de piedra con variadas figuras.

De la época del Renacimiento quedan aldabas fascinantes, auténticas obras de arte que, por mucho que queramos, nunca quedaran relegadas en un rincón. Tal vez porque al verlas podemos imaginarnos otros tiempos, dejando volar nuestra imaginación. 

***La foto es de pixabay

 

viernes, 3 de julio de 2020

Artículo: Las muñecas

Se dice que la muñeca es el juguete más antiguo, y hay pruebas de que ya existían 2100 años a. d. C., representando mujeres, bebés o niñas pequeñas. De hecho, se han encontrado algunas en tumbas egipcias confeccionadas de trozos de madera, en la que habían pintado prendas de vestir y tenían ristras de cuentas simulando el cabello. Se trataba, ni más ni menos, de los sirvientes que atenderían las necesidades del que ocupaba la tumba, en el otro mundo. 

En la antigüedad era normal que, cuando se enterraba a un niño, se introdujeran en la tumba algunos de sus juguetes, aunque, en otros casos, se pintaban en la sepultura.

Durante la época de romanos y griegos existían muñecas articuladas, que podían moverse por medio de hilos, creando así los niños historias más reales cuando jugaban con ellas. Según he podido descubrir, las muchachas que iban a casarse ofrecían las muñecas con las que habían jugado de pequeñas en el templo de Venus. Y se han descubierto casitas de muñecas, o casitas de bebés, hechas durante los primeros albores del cristianismo. 

Los materiales usados para confeccionarlas son muy variados: madera, papel doblado (como las antiguas muñecas japonesas), cartón, tela, lana, porcelana, o piel de foca, como las de los esquimales. También se ha usado marfil o cera. 

Pero en realidad, las muñecas no se inventaron como juguete, sino como objeto religioso, a veces vinculado a la magia. Una muestra de ello son los muñecos utilizados en las Antillas para la práctica del vudú, al que se le clavan alfileres para dañar a la persona contra la que se efectúa el rito. 

Otro ejemplo es el de algunos pueblos indios de EEUU, como los Hopi, los Tiwa o los Zuñi, que confeccionaban muñecas de cactus, llamadas «kachina», y con ellas enseñaban a los más pequeños sobre las divinidades a las que adoraban.

Un rito interesante es el japonés, conocido por la fiesta de las muñecas, que proviene del período Heian, allá por el 800. En esta celebración, los magos liberaban de sus pecados e indignidades a las personas, haciendo que recayesen sobre muñecas hechas de papel, arrojándolas después al río. 

En la Europa del siglo XV se comenzó la fabricación de muñecas como industria. Inglaterra hizo famosa la conocida como Queen Anne. 

En el XIX los alemanes impulsaron la venta de muñecas que hablaban y, más tarde, otros sacaron las que caminaban.

Algunas de las muñecas más conocidas son: Frozen Charlotte, de mediados de siglo XIX; Raggedy Ann, inventada por Gruelle, un estadounidense, patentada en 1915; Mariquita Pérez, ideada por Leonor Coello en 1938.  


***El dibujo es de Pixabay y la foto es de Pintarest