Han sido unos días agotadores, con calor, tumulto y pies hechos cisco, pero no los hubiera cambiado por nada del mundo.
He podido dar un abrazo a lectores ya conocidos, a otros nuevos, charlar con todos ellos, acercarme a algunas casetas en las que firmaban otras autoras, y compartir momentos estupendos firmando junto a algunas de ellas.
Un lector, Francisco González, se acercó para regalarme una sopa de letras que había hecho con mi novela El Ángel Negro; una sorpresa que me emocionó.
A los que se han podido pasar, a los que no han tenido oportunidad, a todos y cada uno de vosotros, millones de gracias por hacer de esta Feria un acontecimiento tan especial.
¡¡Besooooooooooooooos!!