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domingo, 20 de febrero de 2022

Reseña de Comprometer a un vizconde


Nuevamente tengo que dar las gracias al Rincón de Maribel por haber leído mi novela y haberla reseñado en su blog. Además, celebro mucho que haya disfrutado con la novela.

Os invito a visitar este bonito blog y a leer la opinión sobre mi último libro. 

Os dejo un trocito de la crítica para abrir boca.


En definitiva, una preciosa historia, llena de picardía, amor, intriga y aventuras, con el inconfundible sello de Nieves Hidalgo, que no os podéis perder porque os enamorará desde la primera hasta la última página.

lunes, 18 de mayo de 2020

Trilogía Los Gresham

Hace ya unos años que publiqué la trilogía los Gresham, pero a día de hoy aún hay lectoras que siguen comentando mis libros y disfrutando de ellos. Recientemente, Soley Aragonés ha publicado en su blog una reseña de la trilogía completa. Le estoy inmensamente agradecida por esta bonita reseña y os invito a leerla así como a visitar el blog de Soley que es una maravilla. Os dejo un trocito aquí y además acompaño este post con la foto que ha hecho para la entrada en el suyo:

Me he quedado encantada. No, super super encantada. Los libros de Nieves Hidalgo me conquistan el corazón y muchas veces me cuesta elegir cuáles de ellos son mis preferidos. De nuevo estos tres están en mi lista de sus libros más queridos. Y los tres por igual. Ninguno ha decaído en acción ni entretenimiento. Han sido todas historias preciosas y muy emotivas.
Y felicito a la autora por lograr escribir estas tres historias por igual.

  

jueves, 6 de junio de 2019

¿Has leído Lágrimas negras?

Un poquito de LÁGRIMAS NEGRAS 



Tenía que haber supuesto que buscaría cualquier triquiñuela», se lamentó Thara interiormente, viendo a los niños formar de dos en dos y salir después a escape hacia sus escondites. En segundos, el patio quedó desierto y ella se encontró en una incómoda situación: si se negaba a formar pareja con Gresham arruinaría el juego y si aceptaba... Le entró un sudor frío pensando que podrían hallarse aislados, sólo Dios sabía dónde dentro del rancio y vetusto edificio, que sin duda disponía de más de un recoveco. Nerviosa ante tan perturbadora y a la vez atractiva perspectiva, se mordió el labio inferior, como solía hacer cuando algo la inquietaba. Los profesores, liberados de sus obligaciones por la tarde de fiesta que les permitía dedicarse a sus familias, se despidieron y se marcharon y el clérigo, con aire despistado, se dirigió a su despacho, pidiéndole a Gresham que se pasara por allí cuando acabasen. Los chicos que ejercerían de batidores aguardaban impacientes a que ellos dos se escondieran. James también esperaba, pendiente de Thara. 

«¡Qué demonios! —se dijo ella, agarrando su bolsito decidida—. Encontraré el modo de mantenerlo a raya. Porque quiero mantenerlo a raya, ¿no?» 

Se le aceleró el pulso al verlo a él reírse por lo bajo. Se lo veía tan campante. El muy bellaco sabía que acababa de ponerla en un brete y estaba disfrutando a su costa. ¡Bribón! Eso sí, un bribón realmente atractivo, que conseguía que flaquearan sus convicciones. Por más que lo intentaba, no le encontraba defectos a su físico: ojos oscuros, pómulos pronunciados, nariz romana, labios... Carraspeó al llegar a ese punto, pero sin ser consciente de ello, continuó evaluando su apostura, una apostura que, junto con ese toque de personalidad entre desvergonzada y tierna, hacía imposible que nadie se resistiera a su encanto. 

—¿Qué puntuación obtengo? 

—¿Qué? 

—Me estás evaluando, ¿no? 

—¿De qué diablos hablas? 

—Me has repasado de arriba abajo como si me estuvieras tasando. 

—A ti no te funciona bien la cabeza —le reprochó ella, íntimamente sofocada porque la había descubierto. 

—Es posible, pero me mirabas como un sabueso que olfatea un hueso. 

—¡Oh! 

—Sí, ¡oh! 

—Yo... 

James se puso repentinamente serio y Thara no supo decidir si estaba más guapo así, mostrándose severo, o cuando exhibía su sonrisa pícara. En cualquier caso, le quitaba el aliento. Miró la mano morena, de largos y elegantes dedos, que le tendía. 

—Seré un ángel. 

—Y yo me lo voy a creer. 

—Esperan por nosotros, todos los demás se han escondido ya. 

—Pues que sigan esperando. 

—Moon... 

—¡No me llames Moon! —gritó, porque se le ponía la piel de gallina cuando lo hacía con aquella voz cadenciosa, de íntimos matices, que más que hablar sugería. 

—Como gustes. ¿Prefieres que nos marchemos? No lo creo, ¿verdad? Les estropearías la diversión y no vas a defraudarlos. 

—Prefiero defraudarlos a verme obligada a pararte los pies. Ve con cuidado, no sea que se me dispare un tiro. 

—No llevas tu pistola. 

—¿Eso crees? 

—Está bien, no vamos a discutir ese punto ahora. Si es lo que quieres, recogeré las facturas y nos iremos —dijo, alejándose hacia la salida del patio—. La verdad, Moon, no creía que fueses tan cobardica. —Se paró para mirarla por encima del hombro—. ¿Y tú quieres enfrentarte a un asesino, cuando tiemblas por no sé qué reticencias ante un simple juego? ¡Valiente detective estás hecha!

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viernes, 31 de mayo de 2019

Lee un poquito de Reinar en tu corazón



REINAR EN TU CORAZÓN 


Él sacó de su bolsa algunos utensilios de aseo, que dejó sobre la cómoda, así como una de las camisas limpias que llevaba, pulcramente dobladas, y que colgó de los pies de la cama. Tatiana no contaba con aquello. Frunció el cejo y preguntó: 

—¿Qué se supone que está haciendo, milord? 

—¿Qué crees tú? —respondió él, mirándola por encima del hombro—. Tenemos una cita y quiero asearme un poco. Deberías hacer otro tanto, ¿no? 

—Pero... —Se le atragantó la saliva en la garganta ante tal perspectiva, por lo que no vaciló en reprocharle—: ¡Usted no puede quedarse aquí! 

—¿Quién lo dice? 

—El pudor más elemental, señor mío. —Se le encaró con los brazos en jarras. 

—Acabásemos. Volvemos a las andadas. 

—¿A las andadas? 

—A hacerte la estrecha y todo eso. —Se quitó la chaqueta, la corbata y el chaleco, sacándose luego la camisa por encima de la cabeza. 

El rubor cubrió el rostro de Tatiana a la vista de su torso moreno y le dio de inmediato la espalda, a pesar de lo cual no pudo evitar retener en sus retinas la imagen de su espléndida figura. 

—Le ruego, milord, que busque otro cuarto para mí. 

—No queda más que éste, ya lo has oído. Te guste o no, tendremos que compartirlo. ¡Vamos, Tatiana! Deja de comportarte como una puritana escandalizada, no va contigo. Nadie va a forzarte, tómatelo con calma. Para tu tranquilidad, tú ocuparás la cama... a solas. Yo me conformaré con una manta en el suelo. 

Ella se volvió, espoleada por el descortés comentario, presta a soltarle cuatro frescas. No tuvo ocasión de ello, porque unos golpes en la puerta dieron paso a una muchacha con una jofaina en una mano y un par de toallas en la otra. Sin una palabra, lo dejó todo a los pies del palanganero, les hizo una reverencia y desapareció. 

Tatiana estaba desconcertada. Si hubiera tenido a su alcance un objeto con que golpearle la cabeza, lo habría hecho. Se le fue la vista al crucifijo, pero abandonó la idea de inmediato; aquel bárbaro no merecía que cometiese un acto sacrílego. Cuadró los hombros, cogió su bolsa de viaje y se dirigió hacia la salida. No debía seguir allí, era inadmisible que compartieran habitación. Winter estaba equivocado si pensaba que iba a consentirlo. 

—¿Adónde crees que vas? 

—Me voy con Lynton. 

—Te aseguro que en el almacén estarás mucho menos segura que aquí. 

—Me arriesgaré —contestó, empecinada, tratando de abrir la puerta. 

No llegó a hacerlo. Se lo impidió el brazo de él, que pasó junto a su cabeza cerrando de golpe. La cogió luego del hombro, haciéndola girar como una peonza, para encontrarse casi pegada a su pecho desnudo. De inmediato, Tatiana colocó la bolsa entre ambos, aun consciente de la fragilidad de la barrera y de lo pueril de esa actitud. Estaba asustada, muy asustada. Porque se daba cuenta de que, a poco que él se lo propusiera, no se resistiría a la atracción que exudaba aquel hombre. Le costaba un triunfo apartar la vista de su cuerpo, delgado y fibroso, que, en realidad, estaba deseando acariciar. No quería saber nada de dignidad femenina, quería olvidarse de todo y echarse en sus brazos, como ya lo había hecho antes. El nudo que tenía en el estómago le subió a la garganta, pero se irguió retadora; por nada del mundo iba a darle el placer de que se burlara de su flaqueza. 

—Cámbiate de vestido y arréglate el pelo, no tenemos tiempo para estupideces. 

—No pienso dormir en este cuarto. 

—Pues yo no pienso dejar que duermas en cualquier parte. 

—Entonces, búsquese otro para usted. 

—Tampoco tengo intenciones de hacer tal cosa. Por si no te has enterado, no queda ni un pajar libre en toda la maldita ciudad. Así están las cosas. 

—Esto es un chantaje indecente. 

—¡No me fastidies!

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jueves, 23 de mayo de 2019

Un trocito de La bahía de la escocesa



LA BAHÍA DE LA ESCOCESA 

Salió del estanque, se sacudió como pudo, lo agarró por el collar y se encaminó hacia la casa hecho un basilisco, dejando tras él un reguero de agua e imaginando ya un buen rapapolvo para James, porque estaba seguro de que el maldito perro era suyo. Llegó al salón de donde procedían las conversaciones y empujó la puerta con tanto ímpetu que ésta rebotó contra la pared. 

—¡¿Quién demonios ha dejado este bichejo suelto?! —preguntó a voz en grito antes de darse cuenta de que la familia no estaba sola. 

Kim dio un bote en el asiento a la vez que se elevaba un coro de exclamaciones. 

—Mis sales... Mis sales... —pedía lady Eleonor, amenazando con desmayarse. 

Kimberly apenas reparó en el sujeto, salvo para darse cuenta de que estaba empapado. Lo que la alarmó era que aquel hombre sujetaba a su perro por el cuello. Se levantó de inmediato y le arrebató su mascota al energúmeno. 

—¡Deje a mi perro en paz, señor! 

Gresham, reponiéndose de la embarazosa certeza de que estaba haciendo el ridículo, fue todo ojos para ella. No era muy alta, tal vez un poco flaca, aunque su vestido hacía resaltar unas formas tan bien dibujadas que merecía un segundo vistazo. Lo hizo. Un cabello oscuro, rizado y unos grandes ojos azul nocturno que ya había visto antes la delataron. Así que ella era la honorable Kimberly Brenton, la hermana de Adam. La reacción lógica de un caballero hubiera sido disculparse ante todos, pero la animadversión que se adivinaba en aquellos iris y el modo en que protegía al chucho contra su pecho, como si temiera que él fuera a arrebatárselo, avivaron su furia porque aquel proyecto de perro le había hecho caer al estanque. 

—No debería dejar suelto a su ratón, señora. 

—Y usted debería aprender a tratar de modo más considerado a los animales —le respondió ella sin demora. 

Chris tardó bastante más de lo normal en reaccionar. Las complacientes risitas de sus hermanos, secundadas por la tos simulada de su amigo McPearson, le llegaron como una bofetada. Americana, había dicho Mortimer. Se escudó en ese punto para justificar su inmediata antipatía hacia ella. Con una profunda inspiración, asumiendo que ya se había puesto demasiado en entredicho, inclinó la cabeza hacia lady Alice. 

—Milady. Es un honor tenerla de nuevo en Braystone Castle─. La pobre mujer no salía de su asombro. Luego, dispensó toda su atención a Kimberly y ella dio un paso atrás sin poder remediarlo. Aquellos ojos grises... Hubiera jurado haberlos visto antes. Sin proponérselo, su mirada lo recorrió de pies a cabeza. Era un demonio dolorosamente guapo, reconoció, que dejaba en paños menores a los otros tres. Campanillas de peligro sonaron en sus oídos ante su momentáneo desconcierto. 

—¿Qué te ha pasado? —preguntó Darel, bailándole aún la sonrisa en la boca. 

—El chucho de la señora. Me he caído al estanque por no pisarlo. 

—¡Chucho!— A Kim se le atragantó el desdén—.Sultán no es ningún chucho, caballero. Es un perro de raza. 

—¿Sultán? —se burló Chris, soltando una carcajada—. Señora, nunca he oído un nombre tan ridículo para un ratón consentido. 

La voz de lady Agatha trataba de sobreponerse a la de lady Eleanor, que seguía pidiendo sus sales, aunque nadie le hiciera el menor caso, en un intento de quitar hierro al enfrentamiento. 

Curiosamente, Tommy, Darel y James se quedaron callados. ¿Desde cuándo Chris era tan desconsiderado con una mujer? 

—Lamento la interrupción y mis modos. —Se disculpó entonces Christopher, olvidándose de Kim—. Os veré más tarde, abuelas. Lady Alice. Ahora he de cambiarme... una vez más. Primero el barro y ahora el agua. —Chascó la lengua—. ¿Qué será lo siguiente? El día parece que promete. 

¡¡Abuelas!! ¡¡Barro!! Kim, que permanecía tiesa como una estatua, acababa de recordar dónde había visto antes aquellos ojos. En el camino. Sí, era el tipo al que habían estado a punto de arrollar. Se le fue el color de la cara y tuvo que buscar un punto de apoyo.

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miércoles, 21 de mayo de 2014

Los Gresham, libro 3º: Lágrimas negras

Ya está en la calle Lágrimas negras, el tercer libro de la saga de Los Gresham. 

Esta novela, la historia del hermano menor de los Gresham, James, nació con el título de “Espejismo”.
Tengo que deciros que del borrador a la novela existe el mismo parecido que de un huevo a una castaña. Vamos, que no se parece en nada. Como muchas otras, cuando la repasé para arreglar no me gustaba nada y, tomando como base la idea central, la he cambiado de principio a fin.
Creo que ha mejorado.
Ahora James es más directo, un poco más sarcástico y ha conseguido enamorarme. Ha dejado de ser el aristócrata que no me decía nada para convertirse en un hombre que admite sin reservas la inteligencia de una mujer.
Thara, por su parte, ha ganado también en personalidad, la he quitado el aire ñoño que tenía para hacerla más perspicaz y sesuda, sin que pierda feminidad.
Y me he inventado un argumento más intrigante para la relación entre ambos, con escenas que llaman a la sonrisa. Thara hace lo que sea menester por librar a su hermano Eugene de la sospecha que recae sobre él y, para ello, no duda en presentarse ante el juez Rowling como la prometida de lord Salsbury, creyéndole fuera de Inglaterra. Ni se imagina la que se le viene encima cuando él aparece y decide, tras el enfado inicial, ayudarla en su investigación de los crímenes a la vez que intenta seducirla. No está dispuesta a permitir sus avances pero... ¿creéis que lo consigue?
Espero que la sucesión de crímenes extraños en la que se ven inmersos los dos protagonistas os haga pasar un buen rato. Buscad las pistas, intentad descubrir al asesino al mismo tiempo que lo hacen James y Thara, reíros con sus toma y daca. Sobre todo, pasadlo bien.
En Amazon podéis encontrarlo en ebook y papel pinchando aquí: Los Gresham. Lágrimas negras

miércoles, 2 de abril de 2014

Lágrimas negras. Libro 3º de los Gresham

¿Disfrutaste con el romance entre Christopher Greshan, conde de Braystone y Kimberly, esa americana testaruda?

¿Lo pasaste bien con Darel Gresham, barón de Winter y Su Alteza Tatiana Elisabeta?

Entonces no puedes dejar de conocer el idilio entre James, el menor de los hermanos, y la sesuda señorita Thara Bannion mientras investigan los crímenes perpetrados en Londres.

Os presento, con todo mi cariño, la portada y sinopsis de la tercera entrega de ls Gresham: Lágrimas negras. Se publicará el próximo mes de mayo.

Que os guste, que lo paséis bien, y que esta nueva pareja os haga evadiros de la rutina diaria.

Os quiero.

lunes, 22 de abril de 2013

Reinar en tu corazón - Los Gresham, libro 2

Fiel a mi promesa, la segunda entrega de Los Gresham ya está a punto.
 
A partir del 30 de abril podréis tenerla en vuestras manos.

Gracias por seguir confiando en mis historias. Sin vosotras, no merecería la pena.

Un beso y todo mi cariño.
 
Sinopsis:

Libro 2º de serie Los Gresham

Tatiana Elisabeta Smirnova, princesa de Orlovenia, se ve obligada a escapar para salvar la vida tras el asesinato de su padre. Atravesando media Europa, perseguida por quienes desean acabar con su dinastía, no tiene otra opción que vivir en las callejuelas apestadas de maleantes de Londres, en compañía de una mujer dedicada a la prostitución. Para librar a su amiga de la enfermedad, Tatiana no duda en convertirse en asaltante de caminos. Pero tiene la mala fortuna de atracar al mismo hombre que capitaneaba el barco en el que llegó a la ciudad, y al que recuerda vívidamente.

Darel Gresham, barón de Winter, no se imagina que su fascinante salteadora le hará perder algo más que sus pertenencias cuando decide darle una segunda oportunidad.

Mucho menos sospecha que se verá envuelto en una turbia trama de traición y asesinatos, o que la mujer a la que toma por una vulgar ladrona es, realmente, la heredera de un trono.