jueves, 13 de mayo de 2021

Artículo: La morgue


En alguna que otra novela, aunque sean románticas, aparece el depósito de cadáveres. Muy macabro, lo sé, pero necesario a veces. No viene de más entrar en ese lugar tan inhóspito y saber algo más de él.

En nuestros días asociamos depósito de cadáveres a un sitio higienizado repleto de cámaras frigoríficas para mantener los cuerpos en condiciones hasta que puedan ser enterrados o incinerados. Pero en tiempos anteriores no existían los adelantos de que ahora disponemos y esos depósitos eran de todo menos limpios. Se trataba, simple y llanamente, de almacenes donde quedaban los cuerpos hasta ser identificados y poder darles sepultura... o ser donados a la medicina.

En el siglo XV, Bonaporte mandó demoler uno de estos almacenes para construir otro más moderno al que se llamó La Morgue ―nombre adoptado después en toda Europa y América―, y estaba levantado muy cerca de la facultad de medicina, el cuartel de la policía y el juzgado, próximo a Pont St. Michel; como veis, todo muy a mano. Algunos apuntes indican que ya existía este tipo de depósitos en las cárceles de París desde el siglo XIV.

Los cuerpos se depositaban en el suelo o, en todo caso, sobre losas de mármol, desnudos, colgándose sus ropas a un lado para su mejor identificación. Pero no solo se podía encontrar a antiguos reclusos del penal, sino cualquier cadáver que se hubiera hallado en el Sena o en las calles de la ciudad. Cito textualmente un comentario de un artículo de Félix Casanova, en la revista digital Historias de nuestra Historia, a la que pertenece también la fotografía, que desconocía y me ha dejado asombrada:

«Había tantos cadáveres en el río Sena -tanto víctimas de homicidio como suicidios- que se instaló una gran red en St. Cloud para atrapar los cuerpos corriente abajo, desde donde podían recuperarse y ser llevados al Grand Châtelet».

El hedor de la descomposición era insoportable, de modo que idearon mantenerlos detrás de ventanas de vidrio y pusieron en marcha un sistema de agua por goteo para conservarlos frescos, aunque esto acababa hinchando los cuerpos. Por fortuna, la refrigeración apareció en 1880, cambiando por completo el método de conservación de los cadáveres.

Como pasara en Inglaterra con el manicomio de Bedlam, del que ya os hablé en otro artículo, la morgue era un lugar al que acudir también para saciar la morbosidad de muchos que, entre miradita y miradita a los muertos, veían a conocidos, se dejaban ver por ellos e intercambiaban los típicos chismes de sociedad. Vamos, como si estuviesen en una reunión de lo más entretenido. Esta costumbre no decayó hasta casi finalizar el siglo XIX y, asombraos, era una parada obligada para los guías de turismo y, dependiendo o no de si habían depositado el cuerpo de un famoso crimen, podían recibir incluso decenas de miles de visitantes.

La morgue cercana a Point St. Michel fue demolida en 1864, levantándose un edificio nuevo y más moderno detrás de la catedral de Notre Dame. Y a partir de aquí se fue reduciendo el ingente número de visitas curiosas, que acabó por desaparecer. Contaba ya la moderna morgue con sala para practicar autopsias y otras donde la policía podía examinar los cuerpos para sacar sus conclusiones en su investigación de posibles crímenes.

Como siempre, espero que haya sido interesante y, si lo veis así, que lo compartáis.

 

2 comentarios:

berta dijo...

Me ha encantado esta información que nos has brindado nieves... Hay tantas cosas que desconocemos de esta época.. A mi me encanta la historia,en tus novelas siempre aprendo algo nuevo de como vivían.. 😘 😘

Unknown dijo...

Muchas gracias por haberlo leído, Bertha. La verdad es que empezar una novela y aprender mientras busco documentación, es todo uno. Por eso me gusta también la novela con un poco de Historia.
Montón de besos!!
Nieves