Una vez más tengo que dar las gracias a Marta Labrado.
Aunque parezca ilógico para alguien que escribe, no sé cómo hacerlo.
Hoy me ha sorprendido con un paquete grande que traía el aviso de “FRÁGIL”. Los nervios no me dejaban abrirlo, casi se me cae, he tenido que parar y tomarme un vaso de agua porque me temblaban los dedos.
Cuando lo he conseguido abrir, porque venía envuelto y bien envuelto, me he quedado sin habla. Y hala, a llorar otra vez. Menos mal que su madre, con buen criterio, me ha pegado unos kleenex en el paquete con una nota que indicaba que podía usarlos.
Es una maravillosa cerámica de Talavera en la que ha mandado grabar los escudos heráldicos de Alonso e Hidalgo, el apellido de mi marido y el mío. Un precioso homenaje también para mi novela Amaneceres cautivos.
¿Qué se puede decir ante tantas y constantes muestras de cariño?
¿Qué puedo hacer sino poneros la foto de este obsequio tan especial y encantador para que lo disfrutéis conmigo?
Marta, mi niña, se me agotan las palabras de agradecimiento para ti, para África –tu mami- y para Jonatan.
Como te he dicho, personas como vosotros hacen que una siga confiando en el ser humano.
Un millón de gracias por todo.
Os quiero a los tres mucho, mucho, mucho.



