miércoles 18 de enero de 2012

Tierra salvaje - Capítulo 44

CUARENTA Y CUATRO


La furia obnubilaba la mente de Malory.
De haber permanecido un minuto más junto a Abby hubiera acabado por cometer un desatino. Se merecía lo que le pasaba por confiarse como un niño de pecho a una mujer que, ya no cabía duda, acababa de burlarse de él. Pero claro, ¿Qué podía esperar de una mujer criada entre algodones? Siempre lo tuvo todo, siempre consiguió lo que quiso –para muestra, se había lanzado a una aventura en solitario por aquellas tierras-, seguramente pensó desde la cuna que todos los hombres le debían adoración. Los tomaba y los dejaba como botas usadas, igual que había hecho con su ex marido. Casi sintió lástima por el tal Jeremy, un pobre diablo –como él-, cegado por las malas artes de una hembra sin escrúpulos. Podría hasta jurar que el divorcio se había debido a la irritante personalidad de St. James, nunca a las exigencias de su antiguo esposo. ¡Qué hombre en sus cabales podía soportar a una coqueta así!
Salió del hotel, cruzó la calle y empujó las puertas de salón. Necesitaba un trago. ¡Qué infiernos! Necesitaba emborracharse para olvidar las ácidas y mordientes palabras de ella. Hacer el amor con Abby había resultado una experiencia agridulce que comenzó con pasión y terminó con frases cáusticas por parte de ambos. Estaba claro como la luz del sol: no se entendían ni se entenderían nunca. Esperaba no encontrarse con ningún botarate esa noche porque en él bullían las ganas de enfrascarse en una pelea, cualquier pelea, la que fuera, un idiota al que hacer pagar su humor de perros. ¡Y a la mierda si terminaba en el calabozo!
El local estaba a rebosar y los parroquianos aguardaban con interés la tan anunciada actuación de la cantante italiana. A pesar de todo, pudo conseguir una mesa con buena visión del escenario gracias a que largaron al par de borrachos que la ocupaban. Pidió una botella de whisky, ingiriendo un vaso hasta el borde apenas se la sirvieron. El alcohol, de lo peor que había probado en su vida, le quemó las entrañas, aunque no tanto como el recuerdo de la frialdad de Abby. Se sirvió un segundo vaso, bebiendo con más calma, tampoco era cuestión de que lo sacaran a rastras del establecimiento. ¡Sólo le faltaba que ella se lo recriminara al día siguiente! Entonces sí que la mataba.
Momentos después, el dueño del salón-teatro anunció la esperada actuación, levantando los aplausos de los presentes. Ken se retrepó en su silla y esperó. Le importaba un pimiento la cacareada artista italiana, pero se activaba su interés siendo testigo del entusiasmo general.
Del piso superior, descendió una hembra capaz de quitar el aliento a cualquier varón. El local al completo quedó sumido en el silencio y la expectación ante una belleza morena, repleta de curvas, con ojos oscuros y rasgados, ataviada con un vestido rojo sangre que potenciaba cada uno de sus atributos femeninos. Lissa sonrió descaradamente a la concurrencia, conocedora de que sus ojos almendrados, sus rotundas formas y el exagerado escote del vestido sin tirantes, atraía todas y cada una de las lujuriosas miradas masculinas, y envidiosos repasos femeninos.
Malory se pregunto observándola, cómo diablos podía sujetar la tela del vestido sobre su cuerpo.
Ella bajó despacio, dejándose admirar. Estaba acostumbrada a causar esa impresión cada vez que actuaba. A Malory le pareció que tenía demasiadas tablas, no exactamente en los escenarios. Aunque rabiaba aún por su enfrentamiento con Abby, era un hombre y, como tal, se sintió atraído por esa fémina de cuerpo cimbreante y sensual. La italiana, si de veras era italiana, era una hembra capaz de tumbar al más pintado con un simple contoneo de caderas.
Estúpidamente, Ken la comparó con Abby. Soltó una maldición sintiendo el despertar de cierta parte de su cuerpo, se acabó el whisky y se sirvió un tercer vaso. Al alzar la mirada se encontró frente a frente con el rostro de la mujer.
Lissa se había fijado en él bajando las escaleras, acercándose a la mesa que ocupaba, escuchando las apagadas protestas de algunos sujetos que no habían conseguido captar su atención. Se apoyó en el mostrador y le sonrió como una loba, en una callada invitación una vez finalizara su número.
Malory elevó su vaso hacia ella en mudo brindis y ella amplió su sonrisa lanzándole luego un beso con los labios, tan rojos como el vestido que la cubría. Un tipo, a su espalda, le palmeó un hombro con fuerza.
-Cazó usted, amigo –aseguró entre risas-. Maldita sea, los hay con suerte.
-No me interesa –afirmó Ken.
-Pues debería, se lo digo por experiencia. Pude verla actuar el año pasado en Laramie y le aseguro que es estupenda… en todos los sentidos –sin esperar invitación agarró una silla vacía sentándose a su lado. Ken le pasó la botella y él se sirvió-. Me vanagloria decir que me dejó para el arrastre, la muy perra. Es más caliente que el desierto de Arizona, muchacho.
Ken sonrió a medias escuchándole mientras no perdía detalle del bamboleo de los pechos femeninos cuando Lissa se echó a reír por algún comentario hecho a su lado. Desde luego, no podía negar que era hermosa.
La italiana dedicó otro mohín a los varones que la piropeaban y que aullaron, literalmente, cuando ella puso un beso en la punta de sus dedos para lanzarlo al aire. Un joven barbilampiño hasta intentó agarrarlo, provocando las risotadas de todos. Ella pidió ayuda a dos de los hombres que estaba más cerca, que de inmediato la ayudaron a auparse hasta el mostrador. Lo recorrió de un lado a otro obligando a los parroquianos a retirar sus bebidas. Luego, chascó los dedos.
Un rasgueo de guitarra española se abrió paso entre la algarabía que inundaba el local, haciendo que las voces y alabanzas se fueran silenciando.
Lissa podía tener nombre italiano, pero no lo era. Su baile, sensual y atrevido, erótico y rápido de pies y brazos, levantó otra salva de aplausos. Malory se dijo que ella debía llevar sangre gitana en las venas mientras disfrutaba, como los demás, de un par de excelsas piernas que descubría en cada vuelta y revuelto de su amplia falda. Era el baile más erótico que él hubiera visto nunca. Con cada revuelta, con cada cimbreo de sus brazos, los parroquianos se fueron enfebreciendo, asomaron entre los piropos algunas frases de tinto soez, pero a ella no pareció importarle, era lo que esperaba, subir la temperatura de los machos, excitarlos para que siguieran bebiendo, puesto que llevaba un porcentaje de las consumiciones.
Un individuo, completamente ebrio, sacó su revólver y disparó al aire. La bala dio en una de las arañas que adornaba el techo del local, se desprendieron algunos de los cristales y sembró el desconcierto entre los asistentes. Mientras, las pocas damas que acudían a la representación, indudablemente asombradas encontrándose un espectáculo que no esperaban, comenzaban ya a protestar. Un par de energúmenos con mandil de camareros arrastraron al inoportuno alborotador hasta la puerta para lanzarlo a la calle, entre pitos abucheos por parte del respetable. El incidente acabó por convencer a las señoras que no se encontraban en el lugar más adecuado y salieron con cajas destempladas tras el borracho sin dejar de proferir protestas hacia la bailarina.
Retomada la calma, Lissa reinició su baile a la vez que cantaba una copla que pocos comprendieron. Se agachaba, hacía que sus pechos se movieran cerca de los rostros de los que estaban apostados junto a la barra, se erguía, los incitaba… Terminó con un floreo de faldas, piernas y brazos. Tenía el moreno rostro sonrojado, los ojos llameantes, los labios húmedos, gotitas de sudor entre sus pechos.
El griterío fue ensordecedor y los parroquianos se mataban a aplaudir al tiempo que pateaban el suelo, lanzaban sus sombreros al aire o intentaban agarrarla. Volvieron a poner calma los dos orangutanes que trabajaban en el local… y el rifle que apareció en los brazos del dueño como por arte de magia.
Lissa dejó que la ayudaran a bajar, lanzó besitos a todos y luego se dirigió hacia la mesa que ocupaba Malory, haciendo oídos sordos a las invitaciones para tomar un trago que recibía. Cuando alguien la agarró del brazo, el propietario del establecimiento disparó al techo.
-¡Vamos, Jhonny, no seas arisco! –protestó el otro- Sólo queremos invitar a la señorita a una copa.
-La señorita sólo bebe con quién le apetece. Échate a un lado, Tattle, o tu esposa va a quedarse viuda.
Hubo múltiples reproches pero acabó reinando la prudencia ante el rifle y ella se pudo acercar al sujeto que le había llamado la atención nada más descubrirlo. Apoyó una mano en la mesa inclinándose hacia Malory y dijo:
-Estoy sedienta, cariño.


Capítulo 45



14 comentarios:

Marta L.Esteban dijo...

Ay ay ay, me va a gustar como se enzarza Abby con esta muchachita :D

Irdala dijo...

¿Con la muchachita, Marta? Ummmmm, yo creo que no va a ser con ella precisamente.

Mariana dijo...

¡POR FIN!Ya apareció la loba que va a hacer reaccionar a Abby...ahora solo nos falta alguno que haga lo mismo con Malory y...listo,ataque de celos para desayunar!Esto se pone cada vez más interesante...
Nieves,tienes razón si estos dos se llevasen bien,¡se nos acabaría la historia!Y he de reconocer que yo también soy bastante malévola:¡me encantan que se tiren los trastos a la cabeza!(jeje).Así todo es mucho más emocionante...además intuyo que la italiana va a dar para mucho...
Besos sonoros!

Rojas.J dijo...

Siento que de aquí en adelante los capítulos estarán que arden!... Por Dios pobre Abby tendrá que sacar sus garras para que que esa mujer no se le insinué a su hombre... Que Emoción!...
:)

Annie dijo...

Ya llegó la rival italiana, imaginemos una lucha entre damiselas por el amor del pistolero más sabroso del que he leído sus aventuras.
Echa un volado Kent y disfruta de la vida que entre más peleas, la reconciliación debe ser épica

Nieves Hidalgo dijo...

Chicas,
Malory está que trina, la loba que acaba de aparecer quiere aprovecharse de él. ¡Ay, pobre! Ni quiero pensar lo que va a pasar con Abby. Igual le pega un tiro.

Besos a las tres

Natàlia Tàrraco dijo...

Amiga Nieves, no creas que no te voy leyendo, lo hago de tres en tres capítulos.
Estoy bastante ocupada con mi rollito cruzado pero te sigo a mi ritmo.
Después de la volcánico encuentro vuelve a iniciarse el malentendido, ayyyy Nieves, me martirizas, ese par acabarán, me parece, cómo yo me sé, pero, menudos cabezotas. A veces tengo la impresión de que son incapaces de hablar, de comunicarse, todo lo reciclan para sus adentros, dándole al coco en sentido negativo. Orgullos encontrados, imposibilidad de decir aquello que se siente, ambos, me pone de los nervios.

El tema de la bailarina si cuaja acabará por crear nuevos malos rollos, veremos.Porfa diosa, no lleguemos a los tiros que me vuelvo a tirar al bourbon.
Besitos intrigadísimos.

Marta L.Esteban dijo...

jeje, un tirito de advertencia yo creo que si que va a venir bien...es que a mi estas situaciones en las que aparece un tercero en discordia me pone muy belicosa :D

Irdala no me digas eso!! Aunque bueno, como se deje seducir desde luego que sería para matarle...

Mil besos!!

Amparo dijo...

aldoBuenooo, ya empezamos con los malos rollos.
No creo que el dicho Malory tenga narices de cepillarse a la italiana o lo que sea, porque entonces si tendra motivos Abby para molestarse, aunque en realidad ya esta molesta, a lo mejor si que le hace falta una situacion asi para reaccionar. Espero la proxima entrada, para ver si se dan de bofetadas o no.
Un achuchon.

Nieves Hidalgo dijo...

Rojas, Annie, Natàlia, Martita, Amparo,
acaba de saltarme vuestro comentario, una vez más fuera de tiempo. ¿Y si en vez de pegarle un tiro a Malory se lo damos a Internet?
O me tiro al bourbon, como dice Natàlia, jejeje.
En cuanto a la supuesta italiana... ¡Bah! Abby no tiene ni para empezar con esa bruja.

Besazos a todas

OLGA dijo...

!Ay Nieves, nunca dejas de sorprenderme! Disculpa que no haya hecho ningún comentario hasta ahora, pero no significa que no me esté fascinando TIerra Salvaje. Estoy impaciente por leer el próximo capítulo. ¡Cuando pienso que es imposible crear un personaje masculino que me facine más, apareces de nuevo y creas a Malory!

Anónimo dijo...

Vamos a ver... como se líe con la otra le doy una colleja! Si quiere desahogarse que se de cuatro vueltas con el caballo!!Pero bueno!! estos hombres son puro volcán!! Así nuestra chica, sí que le va a dar una buena torta y bien merecida!!
Ya me he desahogado!! Mañana más!! je je je.
besotes. Marta

Nieves Hidalgo dijo...

Olga, tú no te preocupes de dejar o no comentarios,lo importante es que te lo pases bien con el folletín.

Mil besos

Nieves Hidalgo dijo...

María, jajaja, eso que se de unas vueltas a caballo para desfogarse. Buena idea !!


Besos y abrazos