CUARENTA Y DOSKen suspiró accediendo a soltarla. Durante unos minutos se dedicaron a cenar en completo silencio. No se engañaba: Abby estaba celosa. Llegar a esa conclusión le procuró una satisfacción estúpidamente varonil. Ya en el segundo plato, fue él quien retomó la conversación diciendo:
-Pasé algún tiempo con los comanches. Tal vez por eso no rechacé el ofrecimiento del recepcionista enviándome a las chicas junto a la bañera. Las indias atienden las necesidades del varón y…
-¿Le bañan? –cortó ella muy tiesa.
-A veces. ¿Por qué no? El cuerpo humano no es nada inmoral, los blancos deberían aprender mucho de ellos. Los guerreros regresan al campamento cansados por días de caza, a veces baldía, de haber soportado el frío o el calor abrasador para procurar alimentos a la tribu. Ellas hacen que se sienta de nuevo en casa, queridos y cuidados.
-Pero tú no eres indio, como tampoco lo eran esas chicas. ¿O sí llevas sangre comanche en las venas?
-Abby...
-Entiende bien esto: –ahora fue ella la que se inclinó sobre el tapete- Me importan un bledo tu sangre y tus costumbres. Y un pimiento si te acuestas o no con todas las mujeres que te hagan ojitos desde aquí hasta Washington.
Un músculo vibró en la mandíbula de él. No la creía después del número que le había montado, pero escuchárselo decir levantó su rabia. Deseaba besarla, estrujarla entre sus brazos para demostrarle lo falsas que eran sus palabras. Deseaba ahogarla con su propia melena. Lo atraía y desesperaba a partes iguales. Se incorporó a la vez que la agarraba de nuevo por la muñeca.
-Nos vamos.
Ella se resistió pero le fue imposible liberarse de unos dedos que parecían grilletes.
-No he terminado mi cena.
-Nos vamos –repitió él.
Los ojos grises lanzaban llamaradas de fuego.
-Por si lo has olvidado, yo soy la patrona.
Ken apretó los dientes. Los comensales no les quitaban ojo de encima y a él le fastidiaba hacerse notar. Un revuelo en el restaurante muy bien podría dar con él, de nuevo, en una celda de Bridge. Ella era cabezota, pero él no se quedaba atrás, iba a demostrarle que no era ella quien daba las órdenes, al menos mientras él tuviese como objetivo llevarla sana y salva hasta Santa Fe. En realidad, era lo que menos le preocupaba, le importaba mucho más acabar con esa rivalidad surgida por una tontería. No pensaba hacer el resto del viaje junto a una mujer enfurruñada e irascible. Sabía que Abby le deseaba, de modo que iba a quitarle el enfado del mejor modo que sabía: llevándose a la cama.
-O vienes conmigo ahora, St. James, o soy capaz de hacerte el amor encima de la mesa aunque acabe en la cárcel.
La dejó sin habla el tiempo suficiente como tirar de ella, dejar unos billetes sobre la mesa, recoger su pistola y abandonar el local.
Pero Abby era mucha Abby. La vena irlandesa heredada de su abuela salió a flote. Apenas estuvieron en la calle se soltó de él, se le enfrentó y proyectó su pequeño puño que impactó en la mandíbula de Malory.
-¡Bastardo arrogante!
Por toda respuesta, Ken la atrapó de los brazos pegándola a su cuerpo, bajando la cabeza y atrapando su boca con voracidad. Fue un beso salvaje, lleno de rabia, de necesidad, de deseo contenido. Fue un beso para castigarla. Pero poco a poco, saboreando los labios de Abby, a él se le olvidó la furia, tornándose la caricia en sensual. Ella gimió y a él le costó un triunfo abandonar aquella boca.
-Mujer –murmuró junto a su oído-, ¿me crees tan idiota como para buscar los favores de otra mujer, teniéndote a ti?
Abby casi se derritió escuchándole.
-Sigues siendo un bastardo arrogante, Malory.
-Lo sé. Pero es que me rebelo, me pones furioso porque me vuelvo loco cada vez que te miro. No sé qué está pasando, muchacha, pero lo último que quiero es reñir contigo. Lo que deseo es besarte una y otra vez, sentirte a mi lado, acostarme contigo.
-Búscate a otra.
-No quiero a otra.
-Ese no es mi problema.
-Sí que lo es, porque tú me deseas tanto como yo a ti. Atrévete a negarlo, Abby.
-Lo niego.
-Mentirosa –la besó otra vez poniendo en la caricia toda su alma.
A ella se le aflojaron las rodillas. ¿Por qué seguir negando la verdad? Lo deseaba, sí, de un modo voraz, casi enfermizo. Una lucecita en su cerebro avisaba del peligro que significaba enamorarse de un sujeto como Malory, pero… ¿acaso no estaba ya enamorada de él? ¿Qué había de malo en disfrutar un tiempo de felicidad que hasta entonces no había conocido? No había nada peor que no intentar algo por miedo a equivocarse. Y ella nunca fue una cobarde. Retribuyó el beso con el mismo desenfreno que a él le impulsaba.
Ken la enlazó del talle, atravesaron la calle y entraron en el hotel.
Capítulo 43
7 comentarios:
Bueno, bueno, bueno. Esto se esta poniendo que arde.
Por fin llega el "revolcon" que se esperaba, porque con tanto que si, que no, ya me empezaba a poner de los nervios.
Lo que esta claro es que lo van a pillar con tanta ansia que no habra quien los pare.
Por cierto Carolina a desaparecido ¿puede ser que este en un campamento comanche por equivocacion? lo digo porque en su ultima intervencion llevaba un colocon que pa que te quiero ver.
Un abrazo.
¡Me encanta, Nieves!
Pero, ¡qué sexy Malory, por favor! Si es que al final es mejor cabrearle, se pone más atractivo e irresistiblemente sexy. Y ella hace muy bien. Desperdiciar un tío bueno así no es un sacrilegio sino lo siguiente.
Hale, ya estoy deseando el siguiente capítulo.
Besos fuertes
¡FABULOSO! mi querida Nieves, así, haciéndonos desear leer lo que sigue.
Un abrazo espero que sepas que con mucho aprecio.
Había pensado quitar esta parte, por eso de las calenturas, pero Irdala, que es una santa, me ha convencido para que la deje.
Amparo, Willowgreen, Bego, os quiero a las tres.
¡¡¡Por favor!!! Con que estaba yo calladita, reservándome la emoción...precisamente para que no parezca que espero el siguiente capítulo ya casi sin dedos de tanto morderme las uñas!!
Ays Nieves, como sabes mantenernos en ascuas. ¡Me encantas!
P.D. Gracias Irdala por convencerla. Y por la foto uf...
Nieves, no se te vuelva a ocurrir suprimirnos estos momentos tan...interesantes :D
Jajaja, ya verás cuando llegues al siguiente capítulo...
No digo más.
Besos a todas.
Pues yo no me acuerdo qué viene ahora, igual me he cargado a Malory, jajajaj.
Besooooooooooooos
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