miércoles, 10 de marzo de 2010

Halcón negro (sinopsis y extracto del capítulo 1º)


Sinopsis:

Lorena de Bourguiñon se ha visto obligada a ser el apoyo de su padre. Criada como un varón, ha ocupado el lugar de primogénito que su hermano Eugene, al nacer enfermo, no puede asumir. Pero nunca pensó que debería defender el castillo de su padre ante una amenaza real.
El castillo de Maixent es atacado mientras ella está en la aldea y su padre y hermano asesinados por un grupo de hombres comandados por el líder al que todos conocen como el Halcón Negro.
Sin embargo, Patrick de Boissy, a quien toda Francia apoda con ese título, se encuentra de regreso a sus posesiones en el momento del asalto, desconociendo que ha sido suplantado y, en su nombre, se ha cometido un ultraje.
Y cuando sin saber lo ocurrido, llega al castillo de Bourguiñon, Lorena –que ha jurado venganza-, le hace prisionero sin atender a explicaciones, decidida a ajusticiarlo.


FRANCIA. SIGLO XIII.



La muchacha apoyó el cántaro en su cadera y, alejándose del río, regresó por el angosto camino hacia la casa. Cuando vio a uno de los chicuelos subido al árbol y lanzando manzanas al que estaba debajo se echó a reír y aceleró el paso.
-¡Etienne! –le gritó- ¡Deja en paz a tu hermano!
El aludido, un chico de doce años, demasiado alto para su edad, se giró para mirarla.
-Piegot se ha comido la mitad del pastel.
-¡No es cierto! -se defendió a pleno pulmón el que estaba encaramado en el árbol-.
-¡Te he visto!
-¡Mentira!
-Bueno, bueno -terció la joven-, tengamos paz -dejó el cántaro en el suelo y alzó los brazos hacia lo alto-. Baja de ahí, Piegot, antes que caigas y te descalabres.
-No puedo.
-¿Cómo que no puedes?
-He subido, pero me da miedo bajar. Está muy alto.
Lorena rió de buena gana. Aquellos dos chiquillos eran peor que la peste negra. Desde que llegara a casa de Jean-Louis para disfrutar unos días de solaz lejos del castillo, no había tenido un momento de paz.
Sonriendo, se remangó las mangas del vestido y remetió la parte trasera de sus largas faldas para engancharla en su cinturón. De esa forma, sus bonitas piernas quedaron sólo cubiertas por las medias, pero no le importó. Etienne se burló y ella le lanzó una mirada divertida.
-Quédate donde estas sin moverte, voy por ti.
-¡Nos caeremos los dos!
-Si no te portas como un idiota, no nos caeremos ninguno. Y no te muevas.
Trepó al árbol con habilidad, preguntándose la causa de que Piegot hubiera elegido las ramas más altas. Le costó un par de arañazos llegar hasta él, pero al final consiguió agarrarlo del blusón.
-Y ahora, sujétate a mí. Eso es, chico, a mi cuello. Voy a bajarte.
-¿De veras no me dejarás caer?
Lorena le miró frunciendo el ceño. Era un diablillo precioso, con aquellos ojos grandes y oscuros y el cabello revuelto. Apenas había cumplido los siete años, pero daba más problemas que todo un ejército completo.
-¿Te comiste el pastel? -preguntó en tono quedo-.
El muchachuelo escondió la cabeza en su hombro.
-Sí.
-Yo no me chivaré y trataremos de convencer a tu hermano ara que calle. ¿De acuerdo?
Conseguida su confianza, comenzó a descender con cuidado. No podía dar un paso en falso o los dos acabarían con la crisma partida. En ello estaba cuando escucharon el grito de Jean-Louis, que llegaba a la carrera, aún con los aperos de labranza al hombro.
-¡Señora, por el amor de Dios! ¿Qué estáis haciendo?
Lorena le saludó desde la altura y Piegot se le abrazó con más fuerza.
-Se atascó en una rama alta –le dijo-.

-¿Y cómo diablos llegó allí?
Ella no quiso denunciarle, como prometió y sabía que su hermano tampoco lo haría, de modo que argumentó:
-Piegot quería coger manzanas para que hagamos una tarta, pero subió demasiado alto.
Siguió bajando hasta que una de las ramas se enganchó en sus faldas. Trató de liberarse sin soltar al pequeño y la rama en la que se apoyaba acabó cediendo por el peso de ambos. Lorena trató de sujetar al niño pero él, al ver que perdían pie, lanzó un grito y se soltó, cayendo al vacío. Por fortuna, los fuertes brazos de su padre estaban allí para atraparlo. Lorena no tuvo tanta suerte y acabó despatarrada en el suelo, las faldas enroscadas alrededor de su cintura. De inmediato, Jean-Louis dejó a su hijo en el suelo y le tendió la mano.
Lorena le miró, un tanto irritada por la risita que el hombre no podía disimular, pero acabó aceptando la ayuda para incorporarse. Cuando lo hizo dejó escapar un gemido de dolor y se frotó el trasero. Jean-Louis prorrumpió en carcajadas.
-Dios bendito, señora -se limpio las lágrimas-, si vuestro padre os viera...
-Espero que no le digas nada.
-Soy una tumba, mi señora. Y siento haberme reído, pero no todos los días puede ver uno a la hija del barón de Maixent en semejante situación - y volvió a dar rienda suelta a la hilaridad-.
Lorena acabó coreando su buen humor y regresaron a la cabaña. Poco después, estaban sentados a la mesa y devoraban maíz cocido, el resto del pastel que dejase Piegot y unas estupendas truchas.
La joven observó con cariño a sus tres acompañantes. Conoció a la madre de los chicos y esposa de Jean-Louis y se sentía en la obligación de velar por los tres después de la muerte de su amiga. Mientras masticaba la tierna trucha, insistió en la idea que la había llevado a la cabaña.
-¿Has pensado ya sobre venir a vivir al castillo?
Jean-Louis sonrió. Era un hombre alto, guapo y simpático. No era extraño que Regina se hubiese sentido atraída por él cuando apenas había cumplido los trece años y ella no levantaba un palmo del suelo. Si viviera, aquella primavera hubiera cumplido los veinticuatro. Lorena nunca fue partidaria de que una mujer se casara a tan temprana edad, pero los padres de Regina tenían siete hijos más y Jean-Louis les pareció un hombre capaz de cuidar de su hija. Mientras que ella aprendía el manejo de la espalda y el escudo, se hacía una experta en montar a caballo y comenzaba a manejar la ballesta con mano segura, Regina tenía ya su primer hijo. A pesar de la diferencia de edad -Regina la llevaba cinco años-, y de posición social, siempre estuvieron unidas. Echó un vistazo a los magníficos candelabros que adornaban la repisa del humilde hogar, su regalo de bodas del que Jean-Louis no había querido separarse ni en los peores tiempos.
-No es lugar para nosotros, señora –le contestó al fin-.
-¿Por qué no? Piegot y Etienne estarían bien en el castillo y tú eres hábil, podrías tener cualquier trabajo.
-Regina eligió este lugar para construir nuestra casa, milady. Le gustaba el olor del bosque en primavera, ver la corriente del río, el salto de las truchas. Ella quería criar aquí a los muchachos y eso es lo que voy a hacer. No os ofendáis.
-No me ofendo Jean-Louis, es sólo que estaría más tranquila si os tuviera cerca de mí.
-Vos tenéis vuestras obligaciones como hija del barón. Por desgracia, vuestro hermano Eugene no puede libraros de ellas.
Lorena asintió y dio un mordisco al pan recién horneado. Era cierto lo que decía. Eugene era el primogénito de su padre, Bertrand de Bourguiñon, barón de Maixent, pero su nacimiento había sido complicado y estuvo encajado demasiado tiempo antes de poder ver la luz. Nunca había sido un niño normal y según pasaba el tiempo su incapacidad se hacía más relevante. Al ser por tanto ella la siguiente, todo el peso recayó sobre sus hombros. Bertrand necesitaba un hijo varón sano, un heredero, pero la madre de Lorena murió luego de dar a luz a su hermana pequeña, Genéve, y el hombre, destrozado por la pérdida, no había vuelto a querer oír acerca de buscar otra esposa.
Ella, desde muy chiquita, había sido un marimacho -al menos eso era lo que decían sus cuidadoras-, y la desolación de su padre la hizo intentar dulcificar ese dolor. Comenzó como un juego infantil, siguiendo al hombre allá donde iba, tratando de imitarle. Una tarde él, sonriendo al ver sus esfuerzos por tensar un arco, le ayudó a hacerlo. Ella disparó la flecha con tan buen tino, que la punta se clavó casi en el centro de la diana. Bertrand, creyendo que había sido mera coincidencia, volvió a ayudarla a montar el arco. Lorena miró con fijeza la diana y disparó. La fecha quedó al lado de la primera. Fue en ese día cuando el barón de Maixent se dio cuenta de que si Dios le había dado un hijo varón enfermo, también le había obsequiado con una hija capaz de llenar el hueco. Desde entonces midió las habilidades de la muchacha y poco a poco comenzó a enseñarle a montar en pony, a manejar al animal sólo con la fuerza de sus piernas mientras ocupaba las manos con una corta daga y un pequeño escudo. Con el tiempo, el pony se convirtió en un hermoso semental y la corta daga en una espada especialmente confeccionada para ella, ligera pero mortífera.
Nadie en la baronía de Maixent osaba reírse al ver a Lorena entrenar con los hombres de su padre y vencer a más de uno.
Bertrand de Bourguiñon estaba seguro, al menos, de que su hija sabría defenderse y defender a sus hermanos si a él le pasaba algo.


(Extracto del capítulo 1º)


13 comentarios:

Carolina dijo...

Uff! Y cómo sigue?, que me he quedado con las ganas, por Dios!
Un abrazo, Nieves.

Nieves Hidalgo dijo...

Carolina,
esta novela la tenía olvidada, pero me ha parecido que podría gustaros leer algo.
A ver si puedo colgar otro capítulo.

Besosssssssssss

Anónimo dijo...

Pues yo digo lo mismo que Carolina!!! Cómo sigue??
Mucha gracias como siempre Nieves. Hacía unos días que no entraba en tu página pero cómo me agrada ver que siempre te acuerdas de nosotras regalando entrevistas de autoras que por lo menos yo desconozco y de capítulos que te dejan con ganas de más.
Un abrazo. Marta

Bego dijo...

Me ha gustado mucho Nieves, te dejo este comentario y me voy rápido a leer el siguiente capítulo.

Nieves Hidalgo dijo...

Marta,
siempre es un placer tenerte aquí, ya lo sabes. Y no, nunca os olvido. ¿Cómo hacerlo, cuando sois la salsa del blog?
Me alegro que te guste este trocito. Intentaré subir otro poquito de la novela.


Bego, ya estás enganchada. jajaja

Besos a las dos

Anabel Botella dijo...

Buen comienzo. Así me gustan las chicas, con carácter y que se sepan defender.

Nieves Hidalgo dijo...

Anabel, a ti te gustan las protagonistas como a mí, con garras y no con uñas pintaditas.jajaja

Besos, guapetona

libro dijo...

guaaa!! me encanta el blog, por que siempre encuentro temas muy interesantes.

Nieves Hidalgo dijo...

Muchas gracias por entrar por aquí, ya sabes que estás en tu casa.

Un beso muy fuierte,

Anónimo dijo...

Hola Nieves!mi nombre es Carina y soy de Argentina, cuando vas a subir la novela completa el halcon negro? porfavorrr!
Me encantan tus novelas sobretodo lobo y angel negro.
Saludos!

Nieves Hidalgo dijo...

Hola, Carina.
Encantada de saludarte.
Desgraciadamente, la novela a la que haces referencia la tengo solamente en papel y no en ordenador, por lo que, de momento, me es imposible subirla al blog.
Gracias por tu interés y por decirme que te ha gustado Lobo y El ángel negro.

mil besos

Anónimo dijo...

Hola soy Kenia en el 2012. Compré el libro la mirada del amor en el supe de usted por su relato dime si fue un engaño desde entonces lo estoy buscando
Gracias a eso supe del ángel negro y me encantó desde entonces siento un vació porque quiero saber la histórica completa del capitán Francoisboullan ó de phillipvilliers. Por favor cuando lo publicarán......besos

Nieves Hidalgo dijo...

Hola, Kenia.
Ante todo, gracias por haber comprado el libro de relatos y por El Ángel Negro.
Dime si fue un engaño la tengo en mente y mi intención es escribirla lo antes posible, pero tengo otros compromisos que debo acabar antes.
Mientras, puedes dar una oportunidad a otras de mis novelas que espero te gusten.
Muchos besos !!