martes, 26 de enero de 2010

Noches de furia © (Sinopsis y capítulo 1º)



SINOPSIS


Sabrina Klever nunca pensó que iba a encontrarse al borde de la muerte y que iba a ser salvada por el anciano Conde de Sultenfuss.
Tampoco imaginó que casi seis años después de olvidar al hombre que la convirtió en madre soltera, volvería a encontrarlo en la mismísima mansión de su benefactor.
El octavo barón de Sheringham era tan incrédulo como ella misma. Mujeriego y amante de la libertad, se ve obligado a desposar a una muchacha a la que no conoce y convertirla en su baronesa.
Aunque la atracción surge entre ambos, las dudas y ambiciones ajenas, unidas a los problemas de la confrontación con el Régimen del Terror en Francia, les encontrarán inmersos en una batalla interna de la que ambos desean escapar.





INGLATERRA. LONDRES. AGOSTO DE 1785

El heredero del duque de Reynolds se levantó tambaleante, afianzándose a la mesa. Lucía una sonrisa boba en su atractivo rostro imberbe, casi de niño. Dio un paso hacia el joven que era el invitado de honor y alzó la jarra. Por desgracia para el otro, la cantidad de alcohol ingerida le impidió mantenerse erguido y el líquido empapó al otro, levantando la risotada general.
Kenneth Leonard Jeremy Baker, octavo baron de Sheringham, lanzó un juramento y se incorporó. La cara de susto de su amigo le obligó a reír con fuerza.
-¡Malditos botarates! –les dijo, entre risas-. Valiente despedida me estáis haciendo.
-Lo mejor será que te quites esa rompa empapada –sugirió uno de los presentes-.
-Préstame la tuya, entonces.
-De ninguna manera. Tienes que irte acostumbrando a ir en cueros. Recuerda que te marchas a un lugar de gente salvaje.
Ken rió de nuevo de buena gana. Siempre que surgía el tema, Nicholas Highmore comentaba lo mismo. Hacía dos años que las colonias americanas se declararon independientes, tras el tratado de Versalles y Ken estaba deseoso de partir hacia el nuevo mundo. La enfermedad de su abuelo lo había retrasado, pero ahora estaba a punto de convertir su sueño en realidad y la sangre le bullía en las venas. Necesitaba escapar de todo cuanto conocía, volver a sentir el soplo de la brisa marina mientras la embarcación le llevaba lejos de Londres. Sabía que se adaptaría fácilmente a las antiguas colonias. Era joven, le fastidiaban las estiradas costumbres y tenía sed de aventuras.
-¿Desea su gracia adecentarse?
Ken asintió a la pregunta del dueño de la posada en la que se encontraban. Un lugar apartado de la ciudad donde el posadero, conocedor de las bromas de sus jóvenes parroquianos, solía tener pantalones y camisas limpios para momentos como el presente. Ropa que, desde luego, cobraba después a muy buen precio.
Le siguió fuera de la sala donde sus camaradas continuaban la juerga y después de atravesar un largo pasillo se encontró en una habitación pequeña pero limpia. Camisa y pantalón estaban pulcramente doblados sobre la cama. De inmediato comenzó a desnudarse.
Conocía a sus amigos desde pequeños, sus familias estuvieron unidas desde hacía décadas. Y creía conocer de lo que eran capaces aquellos desalmados bromistas. Pero no estaba preparado para lo que surgió en el momento en que se encontraba tan desnudo como cuando llegó al mundo.
La puerta de la recámara se abrió y una joven fue empujada al interior entre risas.
-¡Que te diviertas! –le desearon-.
Ken miró asombrado a la muchacha que, a su vez, le miraba con los ojos muy abiertos. Parecía confundida, incapaz de reaccionar. Jurando por lo bajo agarró los pantalones y se los puso. O intentó ponérselos. Porque bebido como estaba también, le costó un triunfo y acabó cayendo sobre el lecho. Sin poder remediarlo, estalló en carcajadas. La escena le resultó ridícula pero graciosa.
Cuando se calmó, volvió a observar a la joven. Ella seguía allí, la vista un poco nublada. Sus ojos, de un maravilloso azul-violeta, parecían no ver nada. Se incorporó y la tomó por los hombros.
-¿Te encuentras bien?
La muchacha dejó escapar un pequeño gemido.
-¡Maldita sea, chica! ¿Qué te han dado? –ella no respondió, pero sonrió de un modo que le quitó el aliento- Oh, Cristo. Estás en el séptimo cielo, criatura.
Era un caballero. Al menos eso decía su abuelo que debía ser. Trató de comportarse como tal y, luchando con su propia borrachera, la tomó de la cintura para sacarla del cuarto. Siempre fue capaz de llevarse a una mujer a la cama sin necesidad de drogarla y no iba a aprovecharse en ese momento. La chiquilla parecía estar ebria.
Por desgracia para él, la liviana túnica que la cubría se ladeó, mostrando el inicio de un pecho perfecto. Los ojos se le quedaron prendados en aquel trozo de piel suave y blanca. Sin poder remediarlo alzó la mano y sus dedos la acariciaron. El contacto fue un latigazo para ambos. Ella alzó su mano y le acarició la nuca.
Un instante después se olvidó de su condición de caballero y de que sus amigos eran unos deleznables cabrones. La chica sabía muy bien a lo que había entrado en el cuarto. Bebida o no, sabía el modo de tentar a un hombre.
-¿Quieres quedarte? –le preguntó a pesar de todo-.
Ella alzó su rostro. Un rostro de inmaculada belleza, de pómulos bien formados y labios gruesos y húmedos. Sus ojos, dos pozos de un color que nunca antes había visto, le envolvieron en una mirada ardiente.
Ken sintió que su virilidad se inflamaba y el deseo le cubrió como una fiebre. La estrechó contra él y sintió sus brazos delgados rodearle el cuello. Estaba irremisiblemente perdido.
Ya no hubo dudas de que era una camarera que, como muchas, buscaba un segundo sueldo entreteniendo a los clientes. Y si ella estaba dispuesta, él no desaprovecharía la ocasión. La alzó y la llevó al lecho.
-Bien, preciosa. Te prometo una noche inolvidable.
Se tumbó sobre ella y la besó, excitado como un colegial. Y se encontró preso de unos besos que clamaban inexperiencia.

(Extracto del capítulo 1º)

14 comentarios:

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Aigggg, Nieves "NOCHES DE FURIA" ya lo creo, en la primera se desboca, jajaja.
Me gusta el tema de las colónias inglesas, de los posibles rebeldes del sexo que sean, aiiig, me gustará seguro, ese baron, uyyy.

Sigue cielo....bsito Quintíl y mío.

Bego dijo...

¿Y ahora que te digo yo que ya no te halla dicho?...
Bueno, pues solo te diré, que quedo a la espera de lo que se avecina.

Un beso.

carla andrea dijo...

Hipnotizante...
Fascinada con la entrega del Baron a las Noches de Furia :)

Nieves...eres un Sol, gracias por cada relato que ilumina el dia de una forma magica con cada palabra.

Cariños un besote y abrazo enorme

Niña...

Anónimo dijo...

alucinante la novela por el buen comienzo que tiene, mis felicitaciones. me ha encantado el primer capitulo. Sabia que eras buena escribiendo, un saludo Anna.

Ángeles Ibirika dijo...

¡Qué lanzado nos llega este chico en su primera presentación!

En situaciones... Bueno. Digamos que en situaciones "prometedoras" no utiliza mucho su cerebro pensante, ¿para qué? ¿para correr el riesgo de perderse algo que le apetece mucho? ¡jejeje!

Muy buen comienzo, Nieves. Como siempre.

Un besazo

Anónimo dijo...

Aunque se que eres una mujer muy ocupada y merecidamente claro, me gustaria que le echaras un ojo a mi blog ya que he añadido nuevas entradas, haber que te parecen. un saludo cariñoso Anna

Mientras Lees dijo...

Hola!!!

Te vi en la revista del Circulo de Lectura, ¡estás fantástica, enhorabuena!

Nieves Hidalgo dijo...

Como siempre, subiéndome el ánimo, amigas.

Es que tenía a mi barón un poquito oxidado y me he dicho: vamos a sacarlo a pasear un rato. jejeje

Besos a todas.

Anónimo dijo...

ayyyyyyyyyyy que título......y yo por aquí con un sol entrando por la ventana..... y haciendo impuestos..... (que divertido...) que bien me ha venido este capitulito.....
Muchas gracias Nieves!!!
Un besazo

Anónimo dijo...

Gracias de todo corazón amiga Nieves por tus sinceras palabras de apoyo. Intentaré seguir aprendiendo y mejorando día a día. Un saludo con cariño y ojala algún día pueda ser tan buena escritora como tu ¡¡felicidades por todo!!
Anna.

Érika Gael dijo...

¿Y cuándo dices que la publican? ;)

Nieves Hidalgo dijo...

Gracias, anónimo (jejeje). Siento que estés con impuestos. ¡Qué lata!

Gracias, Anna. Éspero poder leerte a menudo.

Érika, te digo lo que suele contestar una conocida: juaaaaaasss

besos a todas

Anabel Botella dijo...

Ya tenemos otra novela aquí. Bravo por ti. Empieza fuerte la historia ;)

rociodc dijo...

Tiena una pinta estupenda Nieves, ojalà la publiques. Gracias por este adelanto. Un beso.