viernes, 29 de enero de 2010

Noches de furia © (Capítulo 2º)


LONDRES. SEIS AÑOS DESPUÉS.


Julios trató de colocarse el corbatín sin conseguirlo. Su valet había enfermado y el mayordomo era un desastre para ayudarlo a vestirse, de modo que se debía apañar por sí mismo. Soltó un taco feísimo y escucho tras él una risa femenina que le hizo volverse.
-Ayúdame, Sabrina –pidió-. Este viejo chocho es incapaz de salir decentemente vestido.
La joven se le acercó, deshizo la lazada y colocó el corbatín de modo perfecto. Julios se miró al espejo y asintió complacido.
-¿Qué haría sin ti, pequeña?
-Seguramente, ir detrás de las faldas de alguna dama –bromeó ella-.
Tomados del brazo bajaron al comedor. El desayuno estaba preparado y a la mesa, sentada como una verdadera damita, les aguardaba una criatura de cinco años, tan preciosa como un amanecer. El conde de Sultenfuss sintió que su pecho se henchía de orgullo. Besó a la pequeña, ayudó a sentarse a la muchacha y empezaron a desayunar con apetito. En realidad, pensó mientras atacaba un par de huevos con bacon, no podía quejarse de la vida. Observando a las que ahora eran el mayor tesoro de Traveront Hall, rememoró lo sucedido seis años atrás.

Era un frío día de invierno pero después de la discusión con su sobrino, Albert Colin, decidió dar un paseo por las orillas de Támesis. Nadie podría haber previsto lo que iba a pasar mientras él rumiaba su malhumor. Albert se había visto envuelto en una partida de naipes y perdido hasta la camisa que llevaba puesta. Y a él le tocó pagar la deuda del joven para no verlo entre rejas.
Las cosas no iban bien. Su hijo había muerto en accidente dejándole la custodia de un muchacho que se había propuesto recorrer mundo y marchado a Virginia, sin enviarle siquiera una carta desde que partió y Albert era un indisciplinado y un jugador cargado siempre de deudas.
Una figura delgada al borde del río le llamó la atención. Se preguntó quién diablos estaba tan loco para pasearse a aquellas horas de la noche junto al Támesis y gruñó dándose cuenta de que él mismo era uno de esos locos.
Resultó ser un muchacha de larga cabellera oscura y estaba dispuesta a saltar.
Julios pudo llegar hasta ella un segundo antes de que cometiera un desatino y se lanzara a las oscuras y frías aguas de la corriente.
Lo demás vino por sí solo. Elconde buscó su carruaje, que le seguía de cerca, la llevó a Traveront Hall y de hizo cargo de ella. Apenas tenía dieciséis años y estaba embarazada. La señora Brown, su ama de llaves, resultó una gran ayuda en los primeros momentos.
Sultenfuss era un hombre con un humor de perros, pero bondadoso. Durante los día que siguieron, mientras la muchacha salía del trance, sólo se preocupó de cuidar de ella y devolverla a su familia. Pero las investigaciones de sus hombres resultaron negativas. La muchacha no tenía familiar alguno, nadie que pudiera dar referencias de ella. Únicamente pudieron saber que su nombre era Sabrina Klever.
Julios decidió que la joven se quedara con él hasta tener al bebé. Y aquello marcó el destino del viejo conde porque Sabrina no se marchó ya de Traveront Hall sino que ella y su hija se convirtieron en el alma de la mansión y, cuando Charlotte –la pequeña- cumplió dos años, decidió que ellas serían su familia y adoptó a Sabrina.
La joven se resistió al principio. Ella no era una dama, pertenecía a la plebe, no entendía ni sabía de las buenas costumbres, sólo conocía el trabajo duro, las necesidades y las penurias hasta que llegó allí. En definitiva, no encajaba en aquella casa y mucho menos podía ser la nieta adoptiva del conde. Trató de hacerle ver que los rumores le envolverían como una mortaja, que la gente pensaría que era su amante, que Charlotte podría ser vista como la bastarda de Sultenfuss.
Nada consiguió hacer cambiar de idea al anciano y un mes después los documentos estaban listos para la firma y quedaron legalizados.
Quedaba un punto por aclarar y era a procedencia de Charlotte, de modo que Julios se inventó a un tal Thomas Klever, comerciante galés fallecido durante una travesía a Marruecos. Aquel hombre de paja protegería a ambas.
Desde ahí, Sabrina se vió asediada por profesores de lengua, de Historia, de francés, de baile, de costura y de conducta social. Y ahora, era toda una dama que le enorgullecía.

(Extracto del capítulo 2º)



8 comentarios:

Bego dijo...

Que bonito Nieves, estoy deseando seguir coniciendo la historia.

Besos.

maguida dijo...

Ya me he vuelto a enganchar a tus novelas. No sé como lo haces, pero cada vez que me meto en tu blog es como si te metieras tu un poquito en la piel de cada lectora para saber lo que nos gusta, y cada vez nos encandilas mas con tus novelas. Felicidades. Muchos besos.

Anna dijo...

¿cuando salía tu novela a la venta? estoy deseando poder comprarla. Sensillamente me encanta. besitos

Ángeles Ibirika dijo...

¡Qué bonito, Nieves! ¡Cómo nos vas preparando para una intensa historia de amor! Emociona imaginar los encuentros que les esperan a estos dos después de lo ocurrido años atrás.

Enganchas con rapidez ¡jejeje!

Un abrazo enorme.

Anabel Botella dijo...

Una historia que ya promete. A ver cómo sigue ;)

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Nievecitas pillina, estractos, migajas, aiggg, para engancharme de nuevo. Friso por ver a la Sabrina en brazos de Ken ¿me equivoco¿ Es que me lanzo a las américas, culpa tuya.
Bsín quintíl y pillín.

Nieves Hidalgo dijo...

¡¡¡Lo siento chicas!!!
Que me parece que os estáis liando. Esta novela no voy a colgarla entera, son solamente estos dos capítulos, como tantas otras que os he ido dando un adelanto. Ni siquiera la tengo en el ordenador, está en papel.
Y es un borrador sin arreglar.

Peeeeeero es una de las que me he prometido pasar al disco duro.

De verdad que lamento haberos hecho pensar otra cosa.
¿Me perdonáis?

Mil besos

rociodc dijo...

Me encanta este segundo capítulo. Aunque hace tiempo que la subiste, pero espero que la continues y la podamos disfrutar, tiene una pinta estupenda y a mí ya me has enganchado ;-)