lunes, 28 de diciembre de 2009

Cuento: El Reino de las Burbujas (3ª parte)



CAPITULO 3


Y la bruja Luja, como era malísima pero un poco estúpida, le alcanzó su palito, sin acordarse de que se trataba de la varita mágica.
Apenas Jimena la tuvo en su poder dejó caer los palos al suelo, la señaló con la varita y gritó:
-¡Bilabibal, Bilabibal, que te quedes para siempre encerrada en el cristal!
Y dicho y hecho. La bruja hizo un “puuuuuuuf” y apareció prisionera dentro de una bola de vidrio.
Por mucho que gritó, lloró y amenazó, nadie la sacó de allí porque ninguno la quería, siendo como era tan malandrina y siniestra.
Así fue como Jimena consiguió acabar con el poder de la bruja y rescatar el Reino de las Burbujas de la tristeza y el aburrimiento.
Los habitantes del reino bailaron y cantaron durante horas y Jimena se lo pasó estupendamente. Pero tenía que regresar a su casa y se despidió de ellos con lágrimas en los ojos.
-Cuando quieras volver a visitarnos –le dijo el hechicero blanco, Iván, muy contento ahora por haber sido liberado y volver a estar con su esposa, Lucrecia-, recuerda que solamente debes masticar tres bayas verdes y serás pequeñita como nosotros.
-Os prometo que vendré a veros dentro de poco.
-Acepta este regalo –le pidió el hada, entregándole una bola de cristal llena de nieve. Es una bola de los deseos, mi especialidad. Cualquier cosa que pidas se hará realidad.
-Muchas gracias –dijo Jimena-.
-Pero recuerda, amiga mía: solamente un deseo. Así que piensa bien antes de pedirlo.
Más contenta que unas castañuelas, Jimena se marchó del Reino de las Burbujas. Nada más atravesar la cascada recuperó su tamaño y regresó a su pueblo. Iba saltando y tarareando una canción.
Al pasar frente a la juguetería, se paró. En el escaparate había una preciosa muñeca de cabellos rubios, vestida de princesa. Era una maravilla. Jimena alzó la bola de los deseos y abrió la boca para pedir aquella muñeca, con la que llevaba soñando tanto tiempo.
Pero antes de pronunciar palabra se quedó muda. De repente, recordó a su hermano Enrique y se le saltaron las lágrimas. ¿Merecía ella tener aquella bonita muñeca, cuando su hermano sufría al no poder pintar?
Entonces se decidió y pidió un deseo de todo corazón:
-Que mi hermano se cure.
Cuando regresó a su casa, su mamá, su papá y su hermano estaban dando saltos de alegría. En efecto, es lo que estáis pensando. Enrique estaba curado. Y Jimena se sintió la niña más feliz del mundo por devolverles a todos la felicidad… aunque ella no pudiera tener su muñeca rubia.
Pero al poco tiempo, Enrique comenzó a pintar de nuevo. Sus cuadros eran tan, tan, tan bonitos, que todos en el pueblo se los disputaban. Su fama llegó hasta la capital y los encargos llegaban sin parar. Y ya no fueron pobres nunca más porque Enrique ganaba para mantenerlos a todos.
Pasaron muchos meses y llegó una nueva Navidad.
Y en esta ocasión, Jimena encontró junto a la chimenea una caja muy grande envuelta con cintas de colores. Nerviosa por descubrir su regalo, la abrió. Lo que encontró dentro la hizo echarse a llorar. Pero lloraba de alegría. Porque ¿sabéis lo que tenía la caja? Pues ni más ni menos que la muñeca más bonita de todas, con largos y rizados cabellos rubios y un vestido de princesa color rosa.
Jimena había sacrificado su deseo más grande por curar a su hermano y él le devolvía ahora el favor.


Moraleja: Ver felices a los que nos rodean, es el mayor regalo que podemos recibir.



--------FIN--------


Por favor, cuando estéis leyendo estos cuentos a vuestros hijos, acordaros de esos otros que nada tienen, que ni siquiera poseen la capacidad de soñar porque la pobreza, las necesidades y las enfermedades lo hacen imposible.

Estas son fechas para disfrutar, para estar con los seres queridos, para colmar a los niños de golosinas y regalos. ¿No podemos dar un poquito, sólo un granito de arena de lo que tenemos? El desierto se compone de granos de arena y es inmenso. Igual de inmensa puede ser nuestra ayuda, la de todos, colaborando con
Save the Children






3 comentarios:

Mientras Lees dijo...

¡Qué cuento más bonito, Nieves!

¡Eres genial, lo sabías?! ^_^

Ángeles Ibirika dijo...

¡Corchos, Nieves! Ya sé que es un cuento para niños, pero ese final me ha erizado la piel. ¡Seré boba! ¡jejejeje!
Un beso enorme, preciosa.

Bego dijo...

Sin más comentarios, solo unirme a tu moraleja final.

"Ver felices a los que nos rodean, es el mayor regalo que podemos recibir".

Un caluroso abrazo.