domingo, 27 de diciembre de 2009

Cuento: El Reino de las Burbujas (2ª parte)


CAPITULO 2


Lo que descubrió tras la cascada fue fabuloso. Un mundo maravilloso, lleno de colorido, de flores, de aves surcando el cielo, cisnes y unicornios blancos. El césped que cubría el suelo resultaba mullido y olía estupendamente. Se sintió realmente feliz. Era como estar dentro de un cuento. Sin embargo, tal y como dijera Lucrecia, tanto flores, aves, unicornios y ardillas estaban tristes. Se abrían al sol, volaban, cabalgaban y subían a los árboles, sí, pero no sonreían ni jugaban.
Lucrecia tiró de ella y atravesaron aquel paisaje de ensueño. Ciervos, ositos, pececillos, aves del paraíso, faisanes y pavos reales les saludaron a su paso.
Por fin, Jimena descubrió el palacio. Parecía hecho de aire, de burbujas de mil colores. Pero sobre la torre principal, ondeaba un estandarte negro y feísimo.
-Ese blasón es el de la bruja Luja –explicó el hada-.
Ya en las puertas del palacio, Jimena dudó. No las tenía todas consigo.
-No tengo ni idea de cómo ayudarte a recuperar tu varita mágica.
-Tendrás que engañar a la bruja. Usa tu habilidad. Eres una gran malabarista, ¿no es cierto? Tu abuelo Tomás te enseñó.
-¿Cómo sabes eso?
-Porque soy el hada de los deseos y lo sé todo.
Jimena se puso a cavilar. ¿Usar el malabarismo para derrotar a la bruja Luja? No era mala idea.
-De acuerdo –dijo al fin-, creo que se me ha ocurrido algo. Tú, escóndete y yo iré a pedir audiencia a la sala del trono.
Lucrecia la miró, algo preocupada.
-Ten cuidado. Luja es muy perversa. Malévola. Si descubre que quieres engañarla acabarás dentro de una bola de cristal, como me pasó a mí. O peor aún, te puede convertir en un bicho asqueroso y no volverías a ver a tu familia.
Del abuelo Tomás había aprendido Jimena a ser valiente y aunque con cierta vacilación, respondió:
-Deja todo de mi cuenta. Esa detestable bruja probará su propia medicina. Sólo dime qué palabras tengo que pronunciar para vencerla una vez recupere tu varita mágica.
Lucrecia la observó con atención. Y se echó a reír.
-¡Piensas encerrarla a ella en una bola de cristal! ¡Es una idea fantástica!
-Eso creo.
-Bueno, pues solamente tendrás que decir: Bilabibal, Bilabibal, que te quedes encerrada para siempre en el cristal.
-Menuda palabreja –se quejó Jimena-. Espero recordarla cuando llegue el momento.
Se despidieron y el hada se escabulló por una puerta. Nuestra amiguita, por su parte, llamó y llamó al portón del palacio hasta que abrieron y la dejaron pasar. De inmediato, se presentó como una afamada artista del Circo de las Maravillas y pidió ver a la extraordinaria reina Luja.
Su valor casi desapareció cuando le concedieron audiencia y se encontró frente a una mujer vestida de morado, de largos cabellos sucios y oscuros. La bruja Luja tenía nariz de loro, ojos pequeños y rojos y dos orejas que parecían soplillos. Vamos que era fea como un demonio.
Jimena hizo una reverencia ante ella y se fijó en que no soltaba la varita que tenía en la mano. Una preciosa varita de cristal que despedía estrellitas. Y que ella sabía que pertenecía a su amiga, el hada de los deseos.
Luja se acomodó en su sillón y le preguntó:
-¿Y bien, niña? ¿Qué es lo que sabes hacer?
-Malabarismo, su Majestad.
-Pues demuéstramelo –ordenó de muy mal genio-. Y si no me gusta lo que haces te convertiré en burro.
Jimena pasó el nudo que se le formó en la garganta y rezando para que todo le saliera bien, pidió que la dejaran cinco palos. De inmediato se los entregaron y empezó a hacer volar dos de ellos. Los tiraba al aire y los recogía una y otra vez.
-¿Eso es todo? –se molestó la bruja-.
-Aguardad, Majestad –pidió la niña-. Aguardad.
Entonces, añadió un palo más e hizo volar los tres, tirándolos al aire de nuevo y recogiéndolos sin que ninguno se le cayera. Al tercer palo, añadió un cuarto y al cuarto un quinto. Para entonces, la bruja Luja, viendo el modo magistral en que hacía malabarismos con cinco palos al mismo tiempo, estaba embobada y muy, pero que muy atenta. Y cosa extraña, aplaudía a rabiar.
-¡Estupendo! –gritaba, dando saltos en el asiento- ¡Estupendo! ¡Quiero que añadas uno más!
Sin dejar de tirar y recoger los palos, formando un círculo en el aire, Jimena le dijo:
-Si me prestáis vuestro palito, Majestad, veréis lo nunca visto.




(Continuará...)


Por favor, cuando estéis leyendo estos cuentos a vuestros hijos, acordaros de esos otros que nada tienen, que ni siquiera poseen la capacidad de soñar porque la pobreza, las necesidades y las enfermedades lo hacen imposible.

Estas son fechas para disfrutar, para estar con los seres queridos, para colmar a los niños de golosinas y regalos. ¿No podemos dar un poquito, sólo un granito de arena de lo que tenemos? El desierto se compone de granos de arena y es inmenso. Igual de inmensa puede ser nuestra ayuda, la de todos, colaborando con
Save the Children






1 comentario:

Mientras Lees dijo...

¿Piensas hacer un libro con estos cuentos?, ¡sería una buena idea!

Besitos