lunes, 21 de diciembre de 2009

Cuento: El palacio de hielo (3ª parte)


CAPITULO 3


Así que Blanca bajó de la torre, escalando de nuevo por la gruesa soga, temiendo que aquella aventura acabaría pero que muy mal. Sin embargo, iba a hacer todo lo posible por no defraudar al pequeño Gabriel y salvar a su pueblo del invierno eterno.
Llegó hasta el lago, se quitó todo hasta quedarse solamente con la ropa interior y temblando como una hoja se tiró al lago. El agua estaba helada y durante el primer instante no pudo ni siquiera nadar. El recuerdo de Sisebuto, relamiéndose en su helado trono, contento de estar rodeado de nieve y escarcha mientras todos se morían de frío, le dio fuerzas. Buceó y al poco tiempo encontró una botella azul. La tomó y salió a la superficie. Inmediatamente se puso de nuevo toda la ropa y corrió hacia el palacio. El ejercicio consiguió hacerla entrar en calor y para cuando llegó al patio trasero, sudaba.
El imponente corpachón del dragón Basilio, de un verde azulado, la dejó paralizada. Apagado o no, aquel bicho era enorme y podía comérsela de un bocado. Al ver que Basilio la miraba de malos modos y avanzaba hacia ella, con seguridad para tragársela, se acordó del medallón de Gabriel y se lo mostró.
A partir de ese momento, Basilio resultó más manso que un perrito. Blanca destapó la botella y le dio de beber. Y como por arte de magia, dos llamaradas azules y anaranjadas surgieron de la nariz del dragón. Blanca adelantó las manos hacia ellas para calentase y se rió de buena gana, siendo coreada por Basilio, que emitió algo más parecido a un aullido.
-Ahora queda lo más difícil –dijo la niña-. Convencer a ese miserable Sisebuto para que se te ponga delante.
-Dile que quieres pintarle para inmortalizarlo –contestó entonces el dragón-.
-¡Pero si hablas! –se maravilló ella-.
-Por supuesto.
-Y además eres inteligente.
-Todos mis antepasados lo fueron y yo no podía ser menos. De hecho, soy el dagón más listo de todos.
-Y un poco fanfarrón, también –sonrió Blanca-.
Basilio lanzó un bramido parecido a la risa.
-No pierdas tiempo, pequeña. Busca al mago. Las gentes del pueblo están a punto de morir de frío.
Blanca no se hizo de rogar. Entró tan campante en palacio, pidió ver al soberano y cuando estuvo frente a él, disimuló el asco que le tenía y se presentó:
-Soy una pintora muy famosa en mi país –le dijo-. Hasta allí han llegado vuestras hazañas, oh Gran Mago Sisebuto, y me han encargado pintaros para inmortalizar vuestro poder.
Ni que decir tiene que el tonto de Sisebuto se sintió encantado de que su fama hubiera traspasado las fronteras y se prestó de inmediato a que aquella niña le pintara. Se acomodó en el trono y dijo:
-Adelante, pequeña. Haz el mejor cuadro de tu vida. Claro que no será difícil, dado que soy tan guapo.
Blanca disimuló su diversión. ¿Guapo, decía? Todo vestido de negro, con un sombrero que parecía un cucurucho de helado de chocolate sobre la cabeza, una nariz larga y afilada, un bigote interminable y retorcido y un par de verrugas en su puntiaguda barbilla. ¿Y decía el muy tonto que era guapo?
-Majestad –le dijo ella, y el mago se hinchó de engreimiento-, deberíamos mostrar al mundo entero vuestro poder. Delante de un animal peligroso quedaríais increíblemente atractivo.
Sisebuto cayó en el engaño como lo que era, un fanfarrón y un engreído.
-Tengo un dragón prisionero –dijo-.
-¡Eso sería perfecto! –exclamó Blanca- El magnífico y gallardo rey Sisebuto dominando a la bestia.
La vanidad hizo que el mago se levantara de su trono y saliera al patio. Mostró el terrible monstruo a la niña, convencido de que no era peligroso y seguía sin poderes, y se colocó delante de Basilio, los brazos cruzados sobre el pecho y erguido su afilado mentón.
Agachando la cabeza para que no la viera sonreír, Blanca sacó cuaderno y carboncillo de su mochila. Vio al dragón moverse tras el mago y entonces dijo:
-Es todo tuyo, Basilio.
A Sisebuto ni le dio tiempo de enterarse qué pasaba. Basilio lanzó una doble llamarada por los agujeros de su nariz y el mago quedó calcinado allí mismo. Lo único que quedo intacto fue su gorro cónico, aunque humeaba.
De pronto, comenzaron a llegar gentes de todas partes, que saltaban, cantaban y bailaban alrededor de Blanca y de Basilio. La niña se unió a la alegría general y cuando apareció el príncipe Gabriel le estrechó entre sus brazos haciéndole girar en el aire.
El paisaje cambió. La nieve se derritió, creció la hierba, nacieron flores de múltiples colores por todos lados, el cielo se tornó azul y los ríos volvieron a fluir, las aves salieron de sus nidos y piaron como nunca, alegrando a los habitantes de Esplendor.
Dos días duraron las fiestas y Blanca recibió muchos regalos que metió en su mochila. Aunque lo que más ilusión la hizo fue una pluma que le regaló Gabriel.
-Con esta pluma mágica escribirás las mejores redacciones de todo el colegio –le dijo al entregársela-. Y te pondrán un sobresaliente.
-Peor ¿cómo sabías que tenía que hacer una redacción? –se asombró la niña-.
-Porque en Esplendor lo sabemos todo, amiga mía. Recuerda que estás en un mundo de magia y fantasía.
Blanca se despidió del príncipe, del dragón Basilio, que hasta lloró un poco al abrazarla entre sus zarpas, y de todos los habitantes de aquel país de ensueño.
Y volvió a salir del cuadro.
En el museo, aún era de noche. Apenas habían pasado unos minutos desde que entrara en la pintura, aunque en Esplendor fueron casi tres días.
Blanca se quedó unos instantes observando el lienzo. Era la pintura con más colorido que jamás había visto en su vida. La más hermosa representación de la primavera.



Moraleja: la amistad convierte nuestra existencia en algo maravilloso.



------FIN------


Por favor, cuando estéis leyendo estos cuentos a vuestros hijos, acordaros de esos otros que nada tienen, que ni siquiera poseen la capacidad de soñar porque la pobreza, las necesidades y las enfermedades lo hacen imposible.

Estas son fechas para disfrutar, para estar con los seres queridos, para colmar a los niños de golosinas y regalos. ¿No podemos dar un poquito, sólo un granito de arena de lo que tenemos? El desierto se compone de granos de arena y es inmenso. Igual de inmensa puede ser nuestra ayuda, la de todos, colaborando con
Save the Children







1 comentario:

Mientras Lees dijo...

Moraleja: la amistad convierte nuestra existencia en algo maravilloso.

Esta moraleja es maravillosa.

Besos guapa