miércoles, 2 de septiembre de 2009

Vandervill © (Extracto del capítulo 2º)


II


-Quiero conocer hasta el último penique. Dónde lo tiene invertido, quiénes son sus socios, cuales sus proyectos…
-No creo que podamos saber más acerca de ese hombre, mi príncipe.
-Dije todo, Padel.
El hombre le miró desde el otro lado de la mesa. Su rostro sonrojado y su cabello rojizo no hubieran hecho imaginar a nadie su país de origen. Su madre fue una rusa y no heredó los rasgos de su padre, un zíngaro de extrema corpulencia y enorme mostacho negro. Pavel Kadar conocía al que le estaba dando órdenes desde que era un muchacho de quince años. Desde entonces, llevaba la administración de sus bienes que, con el paso del tiempo, habían crecido de forma inimaginable. Para él, Alexander Zsitkovsky tenía un único objetivo en la vida: el poder. No el dinero, sino el poder absoluto. ¿Para qué amasar una fortuna que triplicaba la que le dejaron sus padres? Le vio comprar negocios miserables y reflotarlos con ahínco, hundir otros que no le interesaban. Lo mismo compraba enseres que personas, carruajes que caballos. Se vanagloriaba de tener la mejor yeguada de toda Hungría y no le faltaba razón. Pero a Pavel le desagradaba aquella mirada severa, casi fiera, cuando trataban asuntos de negocios. Y en eso estaban de acuerdo la anciana princesa Adriana, su abuela, y él.
Pavel pensó que si la princesa hubiera viajado con Alexander a Inglaterra, las cosas se habrían suavizado.
-¿Qué estás pensado, Pavel?
-Disculpad, mi príncipe. Recordaba que me informaron que en la taberna El Lobo Rojo suele parar un tal Byron Carlyle. Un hombre que, según dicen, odia a vuestro lord.
-¿Por qué no lo dijiste antes? Todos los enemigos de lord Conwell me interesan. Dile a Ianus que venga, iremos a ese tugurio.
-¿Ahora?
-¿Hay algo más importante que hacer?



-Deberías haber visto su sonrisa cuando papá le invitó, al finalizar la fiesta, a cenar en casa –dijo Rossana-, Estoy deseando que llegue ese momento.
-Pues yo no.
-¿Te desagrada el príncipe Zsitkoly?
-Zsitkovsky –le rectificó-.
-Se llame como se llame es guapísimo –suspiró su hermana-.
-No deberías hablar así, estás prometida con Peter.
-¿Crees que no sé que Peter está loco por ti?
-¡Rossana!
-¿Por qué disimular? Lo he sabido siempre. No soy ciega, ¿sabes?
-Él solamente bromea.
-No. No bromea –se incorporó de la butaca que ocupaba y observó a Cheissy mientras desenredaba su cabello-. Soy un año mayor que tú, por eso papá le concedió mi mano. La hija mayor debe casarse la primera. Pero Peter, realmente, te prefería a ti.
-¡Oh, vale ya! Deja de decir tonterías.
Realmente, Cheissy pensaba que Peter solamente tonteaba con ella. De momento seguía soltero y parecía querer disfrutar de su soltería antes de unirse a un matrimonio de conveniencia. Las dos familias deseaban unirse. Su padre, lord Conwell tenía un título, sí, pero por haberlo ganado con trabajos a la Corona, no por herencia. Para todos no era más que un advenedizo, aunque con fortuna. Tenía dos astilleros, fábricas, caballos y plantaciones de cereales. Los Sickert, por su parte, venían de una antigua familia de la nobleza pero estaban arruinados y, seguramente, sir Williams se habría endeudado más para celebrar el cumpleaños de Lucilla. Si ambas familias se unían, todos obtendrían lo que deseaban. Era un trato destinado a cumplirse.
-El caso –decía Rossana-, es que creo que puedo ser feliz con Peter. Pero dado que pareces gustarle más que yo, estoy dispuesta a cazar al príncipe Alexander Szit…. ¡cómo se llame! Después de mi boda, tendrás el camino libre.
-Eres incorregible.
-¿Por qué? –Rió Rossana- ¿Por qué me he propuesto pescar al mejor partido de todo Londres?
-Ese hombre es un mujeriego.
-No me importa.
-Su fama le ha precedido.
-Pero es guapísimo.
-¡Rossy, por favor! ¡Es un aprovechado!
-¿Por qué dices eso? Apenas le viste anoche, en la fiesta.
Cheissy dejó de acicalarse el cabello y miró a su hermana a los ojos. No quería que se liara con aquel húngaro. No después de que ella descubriera cómo era en realidad.
-Me besó en el jardín –confesó-.
-¡¡Cheissy!!
-Lo hizo. Por eso te digo que no te conviene. Un hombre como ese no es fácil de cazar, como dices. No te sería fiel.
-Cheissy… -la observó consternada-.
-¿No te diste cuenta anoche? Las chicas le miraban como si quisieran comérselo. ¡Por todos los santos, mujer! Debe tener más mujeres que nosotras enaguas.

(Extracto del capítulo 2º)

1 comentario:

Bego dijo...

Bueno, bueno!, como siempre Nieves regalándonos otro magnífico extracto de tus novelas.

Besos amiga.