lunes, 31 de agosto de 2009

Vandervill © (Extracto del capítulo 1º)



Sinopsis:


El asesinato de varios miembros de su familia, determinan el futuro de un niño que crecerá con el único sueño de destruir al hombre que causó la tragedia.
Pasando desde Hungría a Inglaterra, Alexander Zsitkovsky, príncipe de Savaria, intentará hundir a su adversario sin importarle su propia seguridad. Quiere desprestigiar a su rival, quitarle todo cuanto tiene. Para ello, no duda en casarse con una de sus hijas, aliarse con su peor enemigo y arriesgar su fortuna.
Vandervill es la primera estocada al orgullo del hombre que arruinó su vida. Cheissy, la segunda.
Tratando de conservar lo poco que le queda de su época feliz, Alexander está a punto de perder lo más preciado de su existencia.
El castillo de Vandervill guarda un secreto del que depende la vida de Cheissy y, a pesar del riesgo, ella está dispuesta a descubrirlo. Necesita saber si su esposo es un asesino o el hombre más orgulloso de la tierra.




LONDRES. VERANO DE 1868


La antigua pero confortable mansión de los Sickert, en las afueras de Londres, era lugar obligado aquella noche para la flor y nata de la ciudad. Corrillos de acicaladas damas y encopetados caballeros poblaban los salones.
Próximo a la fuente central del jardín, un grupo de muchachas susurraba y reía, poniéndose al día de los últimos cotilleos de la corte de la reina Victoria, viuda desde hacía siete años.
-Está totalmente dispuesta a conquistar la India.
-Dicen que es un país enorme.
-Pero somos más poderosos –dijo una tercera-.
-¿Qué es esto, señoritas? –Interrumpió una voz masculina- ¿No es un tema demasiado complicado para unas cabecitas tan lindas?
-No digas tonterías, hermano –respondió Lucilla Sickert, por quien se preparó la celebración-. Pero dado que nadie parece querer contarnos sobre la nueva adquisición de Londres…
-¿Adquisición? –Preguntaron a coro sus compañeras- ¿De qué hablas?
-Oh, me refería al príncipe –y ahuecó con coquetería sus rojizos bucles.
-¿Un príncipe de verdad?
-¿Le conoces, Peter?
-¿Cómo es?
-¡Vamos, hombre, cuenta de una vez!
El ataque le hizo levantar las manos, pidiendo calma.
-De acuerdo, de acuerdo. Puedo contaros los últimos chismes, pero no conozco a ese hombre. Y a ti, Rossana –le dijo a una morena pequeña y bonita-, no debería interesarte. Eres mi prometida.
-Peter, cariño –se acercó y le acarició la mejilla-, no me interesa en absoluto, pero siento curiosidad, como las demás. Londres es tan aburrido…
Entre varias le agarraron de los brazos y le llevaron en volandas hasta un banco.
-Cuéntanos –pidieron-.
-Lo que he escuchado de él no es muy agradable.
-¿Es viejo?
-Es algo esquivo. Y es húngaro.
-¡Húngaro! –una de las muchachas puso los ojos en blanco y se dejó caer en el césped, provocando la risa del grupo-.
-Parece que tiene una gran fortuna –continuó Peter-, y viene precedido de una buena ganada fama de mujeriego, jugador y demás faltas para un caballero.
-A mí los mujeriegos me vuelven loca –volvió a decir Carlota, aún en el suelo-.
-Y ¿es guapo?
-Ya he dicho que no le conozco, pero… podréis comprobarlo esta misma noche–les guiñó un ojo-.
-¡Va a venir a la fiesta!
-¡Esta noche!
-¡Aquí!
Las risas nerviosas rodearon al joven Peter. Lucilla se sintió dolida porque su padre no le había comentado nada. Podría haber dado ella la primicia, en lugar de hacerlo su hermano. Pero tenía aún una carta en la mano. Levantó la barbilla y se alejó, diciendo por encima del hombro.
-Os lo iba a comentar más tarde, pero como mi hermano se ha ido de la lengua…
De inmediato, el grupo abandonó a Peter y salieron tras ella para asaetearla a preguntas. Sin duda, el punto de vista de una mujer era mucho más interesante que el de un varón.



- Su Alteza, el príncipe Alexander de Savaria.
Cheissy alzó la cabeza al escuchar cuando anunciaron al recién llegado. No le interesaba en absoluto conocerlo y menos después de escuchar a las muchachas que regresaron del jardín alborotadas como gallinas. Mujeriego, sarcástico y derrochador. Al parecer, llevaba dos semanas en Londres y ya había adquirido un astillero, un hotel y terreno para la cría de caballos. Con seguridad sería gordo, calvo y fatuo, pensó al buscarle con la mirada. Casi nunca un título de nobleza iba unido a un porte señorial.
Pero en aquel caso, se rompían los moldes. Su estatura sobrepasaba la de los presentes y era joven. El murmullo se extendió por el salón y pudo verle avanzar con paso elástico mientras le hacían pasillo, para presentar sus respetos a los anfitriones. Vestía uniforme negro, con la casaca roja de charreteras colocada sobre el hombro y altas botas negras.

(Extracto del capítulo 1º)






4 comentarios:

Solima dijo...

¡Hola Nieves! Tengo atrasadísimo tu blog y un montón de cosas por hacer, pero voy a deleitarme un ratito leyendo todo lo que me he perdido durante este verano.

De momento, como siempre, esta novela tiene una pinta fantástica.

Un beso.

Anónimo dijo...

¡Qué buena pinta!

Carmen

juan antonio dijo...

he leido su novela orgullo sajón y me ha gustado mucho

Nieves Hidalgo dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios. Solima, carme, no los vi antes por problemas en el ordenador. Lo siento.
Os mando muchos besos.

Juan Antonio, te agradezco en el alma tu comentario sobre Orgullo sajón, me da ánimos.

Un beso y un abrazo muy fuertes