lunes, 13 de julio de 2009

Los Ojos de Taimir © (Extracto del capítulo 2º)


Bárbara bajó del carruaje, tomó el único maletín que llevaba y se dirigió a la puerta de la masión.
Le agradó la casa. Era grande, de ladrillo rojizo, tejados de pizarra, grandes ventanales y un amplísimo jardín. El dueño debía ser un hombre de gustos refinados.
Apenas traspasar la valla, un remolino de tela y plumas se la vino encima. Se hizo a un lado para observar a una muchacha de su misma edad embutida en una capa de terciopelo azul. La otra la miró de arriba abajo y Bárbara maldijo su soso vestido de viaje marrón.
-La puerta de servicio está al otro lado de la fachada –le indicó aquella mujer con un tono condescendiente, como el que informa a un idiota-.
Bárbara estuvo a punto de responder, pero lo pensó mejor y prefirió entrar por la otra puerta, de modo que rodeó la casa. Atravesó el jardín, llegó a la puerta de servicio y tiró de la campanilla preguntándose por enésima vez si sería bien recibida.


Bejamin abrió y se inclinó ante lady Cavenfort. La joven dejó la capa en sus manos.
-¿Dónde está él?
-El señor salió, milady.
-¿Cómo que salió?
-Lo lamento, milady, pero así es.
-Y ¿dónde ha ido?
-No lo dijo, milady –mintió el valet con todo descaro-.
-¿Estás seguro, Bejamin?
-Muy seguro, milady.
Le dio la espalda para que él pusiera la capa sobre sus hombros.
-Seguramente le encontraré en el casino.
Ni se despidió del valet. Esperó a que le fuera abierta la puerta y avanzó hacia el carruaje que la aguardaba.
-El señor podría buscarse una mujer de verdad, es lugar de estar siempre rodeado de gallinas –murmuró Benjamín entre dientes, cerrando la puerta.


Alan llegó a la puerta de servicio, la abrió, agarró a la joven que esperaba y tiró de ella hacia el interior. Cerró y se volvió hacia ella.
-La nueva sirvienta, ¿verdad? –no la dejó responder- Acompáñene, el señor Kilpling la atenderá en un momento.
La tomó de la muñeca y casi la arrastró por el corredor hasta que llegaron a una puerta acristalada.
-La cocina –le informó-. Aguarde aquí.
Bárbara le miró como a una aparición. Aquel hombre estaba loco. ¿De qué hablaba? Le vió acercarse hasta una columna y atisbar hacia otra pieza de la casa. Luego, saliendo de puntillas, regresó hacia la parte trasera y desapareció.
Estaba asombrada. Divertida. Asombrada y divertida. Aquella casa parecía un manicomio. Primero la mandaban a la entrada de los criados, luego la metían casi a la fuerza, la confundían con una sirviente. Y luego estaba aquel hombre. A pesar de verlo solamente un momento se dio cuenta de su estatura, de su cabello negro y lustroso, de sus grandes ojos color cobalto. Era el hombre más atractivo que nunca vió y era una lástima que fuera un demente.
Buscó asiento y esperó. Ya habría tiempo de aclarar el equívoco.


Benjamín observó la marcha de lady Davenfort y posteriormente la de su señor y se fue a las cocinas. Al entrar vió a la joven que aguardaba. Era delgada pero proporcionada, aunque su ropa dejaba que desear. Su cabello oscuro mezclado con hebras rojizas resultaba hermoso. Y sus ojos, grandes y verdes agradaron a Kipling.
-Llega a tiempo, muchacha. ¿Cuál es su nombre?
-Bárbara.
-¿Sabe los quehaceres de una casa? ¿Servir la mesa? Aquí es frecuente tener celebraciones y la anterior criada era un desastre con los platos de sopa. ¡Señora Palmer!
De un cuarto adjunto salió una mujer.
-Ella es el ama de llaves –le presentó-.
-Puedes llamarme Raquel, muchacha –sonrió la recién llegada-.
-Gra… gracias –acertó a contestar Bárbara-.
-Mi nombre es Benjamín KIpling –se presentó a su vez él-. Ya verá que aquí no encuentra excesivo trabajo, aunque habrá de tener en cuenta algunas cosas, como que el señor solamente toma por las mañanas café bien cargado. Nada más que café, no olvide. Deberá servirlo en la biblioteca apenas se levante. Le enseñaré su habitación y luego bajaremos a cenar. Espero que se encuentre cómoda en esta casa.
Ella medio sonrió. ¡Por Dios, la confusión duraba demasiado!
-Verá, señor…
-Kipling.
-Sí. Señor Kipling. Pues, son ustedes muy amables, pero temo que existe un lamentable error.
-¿Error? –curvó sus blancas y pobladas cejas-.
-No soy la nueva criada.
-Entonces… ¿quién es usted, joven?
-Bárbara Mc.Bain. Soy la sobrina del difunto George Mc.Bain, el amigo de sir Alan Chambers. Y me gustaría conocerlo ahora, si es posible.
Ben se quedó pálido. La observó detenidamente y al cabo de un momento dijo:
-¡Virgen santísima!
Raquel Palmer refunfuño algo entre dientes, buscó una botella de brandy y sirvió una generosa cantidad que alcanzó al valet. Benjamín no era santo de su devoción, siempre andaban a la gresca, pero estaba a punto de desmayarse y una era cristiana.
El valet aceptó el vaso y lo ingirió de un trago. No solía beber, pero en ese momento le hacía falta. Cuando sintió que la sangre circulaba de nuevo por su cuerpo se irguió con toda corrección.
-Lo lamento, señorita. Ha sido un error imperdonable.
-Ha sido una consecución de errores –rió la joven con ganas-, no se preocupe. Una dama que parecía una gallina clueca me mandó a la puerta de servicio –él puso los ojos en blanco-, tal vez por mi indumentaria. Y luego un hombre me arrastró dentro sin darme tiempo a nada.
-Entiendo.
-¿Quién era ese sujeto, señor Kipling?
Ben hizo bajar con esfuerzo el nudo que tenía en la garganta.
-Me temo, señorita Mc.Bain, que ya ha conocido usted a sir Alan Chambers.




7 comentarios:

Anónimo dijo...

Por Dios Nieves, nos vas a dejar así??? como dice otra lectora... para cuando en papel??? por favor!!!!
muchas gracias por estos regalos. Eres increible!!!
Un besazo Marta

solima dijo...

Eso mismo digo yo ¿Nos vas a dejar así? Yo creo que después de leer un capítulo de Ariana cada día, se me va a hacer muy cuesta arriba volver a leer solamente dos capítulos de tus novelas.
Si me pongo a recoger firmas ¿pondrías otra novela completa? jajaja.

Besos.

Caty dijo...

Por favor Nieves, no nos dejes así, pon la novela completa como Ariana
Un beso
Caty

Noelia dijo...

Nieves escribis muy bien !!!
Que bueno descubrir tu blog.
Cariños
Noe

Bego dijo...

Que buenoooo!, y ahora que hacemos?
Me uno a la petición de Caty.

Anónimo dijo...

Hola Nieves,
Empiezo a estar en todas partes.
Este principio de la novela me ha echo sonreir. Me parece super graciosa con tantos equívocos.
Un saludo,
Juani

Nieves Hidalgo dijo...

Menudo despiste, no he contestado a estos comentarios. Lo sientooooooo.

Juani, qué bien que te haya entretenido. Ya veo que te estás paseando por todo el blog.jejeje.

Besos