sábado, 4 de julio de 2009

Capitán Jenny © (Extracto del capítulo 2º)


Nicholas Russell guiñó un ojo a la dama que le salió al encuentro. Conocía a la muchacha y habían pasado algunos momentos deliciosos, pero ahora debía disimular. Isabel le esperaba y él conocía, como todos, la animadversión de su soberana a que sus damas mantuvieran un affaire con sus consejeros.
Cuando las puertas del salón del trono se abrieron, Nicholas se irguió y avanzó con paso decidido. La reina permanecía seria y su piel blanca, cuidada, parecía casi enfermiza, pero él sabía que gobernaba Inglaterra con mano dura y que gozaba de una salud de hierro.
La dama que salió a buscarle hizo una reverencia y se quedó a un lado del trono. Había dos muchachas más en el salón. Isabel gustaba de tener a su lado a jóvenes que la hicieran olvidar con sus risas y cotilleos los avatares de su costosa empresa al mando del país.
Nicholas se paró frente a ella y la miró directamente a los ojos. Pocos se atrevían a tanto, pero él siempre lo hizo e Isabel conocía su osadía, por eso ladeó la boca en una sonrisa cuando no se inclinó inmediatamente ante ella.
-Brunilda –le dijo a la muchacha-, cuando finalice la reunión, quiero ver a lord Berton.
La joven hizo una reverencia y se marchó. Nick la siguió con la mirada e Isabel vislumbró apenas su interés. Elevó sus despobladas cejas. Entonces, él dobló la rodilla y se postró.
-Majestad.
Tenía la voz templada, sedosa, terriblemente varonil. Era un hombre muy guapo, pensó la reina. Cabello oscuro, ojos grises, cuerpo bien formado.
-Conde de Leyssen. Parece que le encuentro algo distraído.
-¿Perdón, Majestad?
-Conozco esa media sonrisa.
-No es nada, Señora.
-Entonces borrar ese gesto estúpido de la cara.
Nicholas quedó repentinamente serio. Y su atractivo resultó aún mayor para Isabel. Ella tenía ya cincuenta y cuatro años, pero era una admiradora del sexo opuesto. Le gustaba rodearse de belleza, aunque carecía de ella; por esos su damas de compañía eran jóvenes y le gustaba que sus consejeros fueran hombres aguerridos.
-Y ahora contadme la causa de vuestro divertimento –ordenó-.
-Es por el modo en que habéis llamado a vuestra dama, Señora. Odia el nombre de Brunilda.
-¿De veras?
-Prefiere que la llamen Nilda, Majestad.
-¿Os habeis encamado con ella, Nicholas?
-Señora, yo…
-¡No me hacen falta más explicaciones! –tronó la voz de Isabel-.
Él esperó la monserga. Conocía lo poco que a ella le gustaban ese tipo de amoríos y sabía que podía tener un disgusto. Por lo tanto aguardó, manteniendo la serenidad.
Al cabo de un momento, la risa de la reina le relajó un poco. Isabel se levantó, bajó los tres escalones y alargó la mano para pasársela por el cabello aún húmedo. Estaba divertida. Le dio la espalda e hizo un gesto para que la siguiera a una habitación contigua, donde solía mantener las entrevistas privadas. Nicholas cerró la puerta a sus espaldas.
-Imagino que si yo tuviera veinte años menos también trataría de conquistaros, Leyssen –le dijo-.
-Majestad, estáis tan hermosa como…
-¡Oh callad! No seáis idiota. ¿Acaso pensáis que no tengo espejos en palacio?
Nick sonrió y el corazón de Isabel latió más aprisa. Ciertamente, pensó, de tener unos años menos aquel hombre no se le habría escapado.
-Señora, no he dicho que seáis una joven de quince años –le dijo él-, pero seguís siendo hermosa.
-Nicholas…
-En sabiduría. En amor a vuestro pueblo. En justicia. Atributos mucho más importantes que el físico, perecedero para todos, Majestad.
Isabel rió de buena gana.
-Debería mandaros azotar, conde. O tal vez cortaros la cabeza. O aplicar hierros candente en vuestro cuerpo. Volvió a reír-. Lo peor es que no puedo acusaros de embustero y sois encantador.
-Viniendo de vos, Señora, eso es un halago.
-¡Dios! Ahora acabáis de insinuar que soy una borde.
-Señora, conocéis mejor que nadie vuestros defectos y vuestras virtudes. ¿por qué queréis que os regale el oído? ¿Tratáis de confundirme?
Ella tomó asiento y le indicó que lo hiciera a su lado.
-Os necesito para una empresa importante.
-Estoy a vuestro servicio.
-¿Habéis oído hablar de un barco que lleva el nombre de Melody Sea? –él negó con la cabeza-. Una galeaza de veinte cañones capitaneada por un tal Cook. Un corsario con patente de Inglaterra.
-¿Y?
-Está atacando barcos ingleses.
-Pero si está bajo la protección de nuestra bandera…
-Lo está. ¡Por todos los infiernos que lo está! –estalló Isabel- Sin embargo ataca mis barcos, los despoja y se da a la fuga.
-¿Habéis ordenado su captura’
-¿Para qué creéis que os he hecho venir, conde de Leyssen? Quiero que salgáis en busca de ese desgraciado, que lo atrapéis y me lo traigáis atado con cadenas.
-Por supuesto, majestad. Tomaré mi barco y…
-No –cortó ella-.Sé que podríais haceros a la mar en una semana o menos. Sé que tenéis cuatro barcos bien equipados. Pero no quiero a ese hombre atrapado en batalla.
-No os comprendo, Señora.
-Quiero un escarmiento. Un hombre sólo puede a veces más que un regimiento.
Los ojos de Nicholas se convirtieron en dos trozos de metal.
-¿Queréis que vaya yo solo a buscar a ese capitán Cook?
-Exactamente. Mis informes indican que toca Tortuga de cuando en cuando. Quiero que partáis de Inglaterra en un mercante y que busquéis la forma de poneros al servicio de ese corsario.
Nick guardó silencio un momento. Luego le dijo:
-Y ahora me daréis una explicación a un deseo tan… absurdo, supongo.
Isabel dejó escapar una carcajada.
-Ese hombre proporciona buenas ganancias a la Corona. Y casi todas provienen de los galeones de Felipe II. Tengo ciertas dudas y quiero pruebas de que está traicionándonos. Y entonces le cortaré la cabeza.
-Comprendo, Majestad. ¿Cuándo queréis que parte para Tortuga?
-Ayer, conde –le respondió la soberana-.

(Extracto del capítulo segundo)

5 comentarios:

Ángeles Ibirika dijo...

¡Me encanta leerte! Es toda una delicia y un regalo. Seguro que si los ángeles escribieran, lo harían como tú.

Gracias, preciosa. Y perdona que siempre pase por aquí, disfrute con tu arte y me vaya sin decir nada.
El culpable es el tiempo. Ese maldito que embebe las horas.

Érika Gael dijo...

Pues estoy de vacaciones al fin y poniéndome las pilas con la nueva novela, que con los exámenes no le presté toda la atención q me hubiese gustado, jeje.

Y tú qué tal estás? Cómo ha sido la acogida de Amaneceres Cautivos? ;)

Un besazo!

solima dijo...

Como me pasa con todas tus novelas, me quedo con ganas de seguir leyendo. ¡Es que tienes un arte, Nieves!

Besos.

Anónimo dijo...

Otra vez a sufrir hasta que quieras publicar esta novela, ay, dios, con lo que promete, ¡mecachis!

Besitos,
Coni

Anónimo dijo...

´Llego hasta aqui despues de leer Orgullo sajon y haber terminado la novela encantada de la vida. Felicidades. No sabía que iba a encontrarme todo un arsenal para ponerme los dientes largos.
Saludos de Marieta.