lunes, 27 de abril de 2009

El último escalón © (Extracto del capítulo 2º)


II

La enfermera había consagrado su juventud a las heridas, a los ataques de histeria a las parturientas primerizas. Siempre se consideró satisfecha con su profesión. Hacia tres meses, sus méritos, su edad y su total dedicación la llevaron hasta el despacho del doctor Calafell quien, de modo escueto la puso al corriente de su nuevo cometido: iba a ser su ayudante personal y estaría a cargo de la plantilla de enfermeras.
En principio, cualquier ascenso en el escalafón laboral le supuso un torbellino de alegría y plenitud. El reconocimiento a un esfuerzo y una labor de tiempo... Al cabo de dos semanas Esther Castro se había percatado de su error. Los pacientes de Joseph Calafell eran siempre casos graves. Cierto que en su dilatada vida profesional había visto de todo, pero comenzaba a pensar que no estaba hecha para el puesto. Y el último paciente colmaba su capacidad de resistencia.
Mientras la camilla traspasaba el umbral de la sala de urgencias, Esther había calculado al herido unos treinta años y su aspecto era el más lamentable que hubiera visto nunca. Había rezado para que el joven recuperara la lucidez y cuando los ambarinos ojos de Martin Sabbagh se abrieron, la expresión sombría y gélida que vio en ellos le erizó el vello de la nunca. En vano intentó poner una sonrisa en los labios sellados del enfermo. Nada parecía capaz de modificar su gesto severo, casi fiero.
Martin se inclinó dócilmente a un lado para permitir que ella le bajara el pantalón del pijama y clavara la aguja hipodérmica, administrándole un calmante. Esther le miró con lástima. Parecía hipnotizado. Dejó la jeringuilla sobre la bandeja metálica y se inclinó para susurrarle:
-Descanse, señor Sabbagh. Descanse y olvídese de todo.
Salió de la habitación cerrando la puerta con cuidado y no pudo ver ya las pupilas de Martin clavadas en la madera, ni sus mandíbulas encajadas resistiéndose al sopor que le iba embargando.
No. Martin Sabbagh no quería olvidar. No debía olvidar. Era lo único que le mantendría vivo, reunir todas las piezas del rompecabezas que le condujo a la habitación 327 de aquella clínica privada.
Quería recordar.
Recordar…



Nuria corrió como si en vez de perseguirla el hombre con el que iba a casarse lo hiciera el mismísimo diablo. Sus gritos hicieron retumbar los tímpanos de sus dos compañeros y Martin, riendo como hacía mucho que no lo hacía, decidió ayudar a Álvaro y cerrar el paso a la muchacha.
Nuria le vio acercarse mostrando su perfecta dentadura en una sonrisa endiablada, los brazos abiertos para atraparla.
-¡Quítate de en medio!
Se encontraba apenas a diez pasos de ella y Álvaro ganaba terreno. Nuria no frenó su alocada carrera, sino que bajó la cabeza a modo de ariete y arremetió contra él con todo su ímpetu.
Trató de controlarla, pero no contó con la agilidad de ella, un amasijo de nervios en acción. Nuria le empujó en el pecho y cuando él perdió el equilibrio y cayó despatarrado, saltó sobre él, le pisó el estómago y escapó de Álvaro.
Cuando Martin se recuperó, la joven había alcanzado ya una distancia de seguridad y Álvaro Curiel era víctima de un ataque de risa, doblado sobre sí mismo y palmeaba la carrocería del coche. Le miró con irritación. Se giró para ver la expresión risueña de Nuria y acabó por unirse a las carcajadas de sus amigos.
-¡Escapa antes de que me levante del suelo, pécora! –le gritó-.
Nuria rió con más ganas mientras Álvaro, secándose las lágrimas, se acercaba a él y te tendía una mano.
-Arriba, estúpido yanqui. Las torres más altas son las que primero caen.
Martin se levantó, se sacudió el vaquero y amagó con iniciar la persecución de nuevo, pero Nuria ya caminaba hacia ellos. Le miró a los ojos. Los suyos chispeaban de diversión.
-¿Eres igual de patoso para todo? –le incitó-.
-Si Álvaro lo permitiera, iba yo a demostrarte lo poco patoso que soy para otras cosas, bruja.
-Pero no lo permito –intervino el otro, tomando a la joven de la cintura-. Como buen mediterráneo, quiero mi hembra para mí.
-Pues que Dios te proteja –rió el americano-, porque no es una mujer, es una fiera.
Nuria adelantó la puntera de su zapato que impactó con su canilla haciéndole soltar un juramento…

Martin se removió inquieto en el lecho. Se empapó de un sudor frío al seguir recordando. Al revivir lo que sucedió después. Al ver de nuevo en su mente los cadáveres de sus dos amigos…


(Extracto del capítulo 2º)


8 comentarios:

Anabel Botella dijo...

Hola Nieves, he visto tu comentario en el blog de novelas autopublicadas. He leído que tienes dos novelas publicadas y una tercera apunto de salir al mercado. Te deseo lo mejor. Yo no he conseguido publicar ninguna, aunque tengo agente literario.
Mucha suerte con tus novelas.
¿De dónde eres?
Lo que he leído está muy bien.
Una pregunta ¿Te dejan publicar capítulos de una novela que has publicado? Lo digo porque yo iba colgando una novela en mi blog y un editor me comentó que la retirara para una posible evaluación.
Me pasaré en orto momento.
Saludos desde La ventana de los sueños.

Anabel Botella dijo...

Hola Nieves, muchas gracias por tu comentario ne mi blog. Sabiendo que eres de España no dudes en que me pillaré tus novelas. Estoy dando prioridad a la gente que publica y son noveles. De hecho hace una semana hice una entrada que hablaba de ello. Las dificultades que tenemos para publicar en España ya que se traen muchos éxitos anglosajones, y ante eso no podemos competir.
Me presenté al premio Gran Angular, pero no he tenido suerte. Ahora la he presentado a La Galera. ¿A qué premios te presentaste tu?
Y sí, escribo novela romántica y de aventuras. Leo de todo, pero me siento muy identificada con ese género.
Veo que haces mención a tu marido. Yo tendré que hacer lo mismo con mi pareja. Él es quien me corrige, me da consejos y se ocupa de ciertas cosas de la casa mientras escribo. Tengo un ángel en casa.
Lo dicho, me apuntaré los títulos de tus novelas y me las compraré.
Saludos desde La ventana de los sueños.

Nieves Hidalgo dijo...

Te contesto en tu blog, Anabel.
Bienvenida y muchas gracias.

Besos

Anónimo dijo...

Oye, la novela tiene muy buena pinta pero el chico de la foto...ummmm

Besos
María

Anónimo dijo...

Vaya, justo cuando se pone interesante me quedo sin poder leer más. Ay, ya tenía que estar acostumbrada a sufrir. Sólo me queda esperar a la próxima novela que cuelgues.

Un beso,
Coni

Anónimo dijo...

Nieves,¿también tienes una novela policiaca y actual? Pues no sabes cuanto me apetece leerla. He leído los dos capítulos y pinta muy bien.
Suerte con ella.

Un abrazo,
Merce

solima dijo...

Interesante la trama de esta novela y la foto ¡¡¡guauuuuuu!!!

Besos

Nieves Hidalgo dijo...

Besos chicas, gracias por vuestros comentarios y por estar siempre ahí.