lunes, 2 de marzo de 2009

La colina de las sombras "SHADOWS HILL" © (Extracto del 2º capítulo)


II


Aunque el capitán Hennesy dio orden de trasladar a las dos mujeres al Inquietude, Elizabeth y Maggie gozaron de un camarote privado, bastante mejor acondicionado que el del Swet Norah. Y por deseo explícito del hombre no fueron molestadas en absoluto. Aquellos patibularios marinos parecían temer a Hennessy más que a la peste negra, a pesar de que siempre tenía una sonrisa en los labios.
Maggie se negó a salir del camarote, pero ella necesitaba aire libre y aquella noche se arriesgó a pasear por cubierta. Acodada en la proa de la nave, se dejó mecer por el vaivén bajo sus pies, disfrutando de la brisa marina. Perdida su mirada en la estela que la luna dibujaba sobre las agua, se preguntó cómo sería su futuro marido, Conrad Wayne. No le había visto nunca y aunque sabía que era bien parecido y todo un caballero, la idea de desposarse con un completo desconocido le provocaba cierto temor. Sin embargo, la animó el recuerdo de su antigua mansión, Shadows Hill, sobre el rocoso acantilado que la protegía de los asaltantes y caía hasta la pequeña bahía de fina arena donde los barcos de su padre atracaron en otros tiempos.
Los ojos se le llenaron de lágrimas. ¿Cómo estaría la casa? Desechó la idea de una mansión en ruinas y se animó con los años en que jugaba entre la alta hierba…
Un par de musculosos brazos revestidos de seda negra la rodearon para apoyarse en la baranda del barco. Se giró y se encontró pegada al capitán del Inquietude. La fragancia que emanaba de él, mezcla de cuero y sándalo, la perturbó.
-¿En qué pensáis?
Le empujó de los brazos hasta que él le dejó espacio.
-No creo que os interesen los pensamientos de una mujer.
-Era solamente una frase –declaró sin remordimientos-. Venía a invitaros a cenar en mi camarote.
Ella le miró reprobadoramente.
-Preferiría hacerlo en el mío.
-La cena será en vuestro honor, milady.
-Aún así. Os lo agradezco, pero mi acompañante se siente indispuesta.
-Podéis dejarla un par de horas, no le pasará nada.
-No suelo abandonar a quienes están bajo mi protección, capitán.
Lionel dejó escapar una risita.
-Tampoco yo, señora. Únicamente os pido un poco de vuestro tiempo.
-Si fueseis un caballero, no insistiríais.
-Pero no soy un caballero. E insisto. El capitán Higgins cenará con nosotros.
La mirada de Elizabeth demostró que la noticia le tranquilizaba.
-¿No me mentís?
-No, señora. De hecho, nos aguarda ya en mi camarote.
Dudó aún un instante, pero acabó accediendo.
-De acuerdo. Y espero que os comportéis como un caballero hasta que lleguemos a Jamaica.
-Os prometo, señora, si es que podéis confiar en la palabra de un bribón, que me comportaré correctamente hasta que finalice el viaje.
-¡Que el cielo os proteja si no es así, Hennessy!



El camarote era lujoso, en delicados tonos verdes con mamparas de madera. Lo suficientemente amplio para que pudieran acomodar una gran mesa que ya estaba preparada con la mejor vajilla, cristalería y cubertería. No esperaba algo así y observó todo, asombrada.
Tampoco esperaba encontrarse a Hennessy vestido correctamente. Cuando los más de seis pies de altura le hicieron una estudiada reverencia, se quedó muda. Lucía unos calzones gris perla ajustados a sus musculosas piernas, chaqueta del mismo tono, camisa blanca y un chaleco de brocado negro. El cabello estaba peinado, aunque un rizo rebelde le caía sobre la frente. Desde luego, el sujeto conocía la última moda, pensó. Higgins se levantó también para saludarla y a ella le pareció que se encontraba cómodo y relajado, algo poco lógico después de haber sufrido un abordaje y el robo de toda su mercancía, incluida la nave.
Apenas tomaron asiento, un marinero inmaculadamente vestido comenzó a servirles. Los platos habían sido elegidos por un consumado gourmet y Elizabeth no dejaba de asombrarse.
La cena transcurrió en medio de una agradable conversación de política entre los dos hombres y aunque trataron de hacerla participar, ella prefirió no aventurarse con sus opiniones.
A los postres, después de que dieran buena cuenta de un soufflé, Hennesy sirvió un licor anaranjado en las copas y le entregó una.
-¿De veras va a casarse con Conrad Wayne, milady? -le preguntó-.
-Es un acuerdo que se llevará a cabo en poco tiempo.
-Ya veo –degustó su copa guardando silencio un momento-. ¿Qué sabéis de ese hombre, señora?
-Todo lo que tengo que saber. Que es un caballero.
-No son esas mis noticias.
Ella le miró con desden.
-Supongo que estaréis mal informado.
-Yo siempre suelo estar bien informado. Sólo os pido que indaguéis un poco antes de darle el sí ante el altar.
-¡No creo que mi matrimonio sea de vuestra incumbencia! –se exaltó-.
Lionel, por toda respuesta, sonrió torcidamente y cambió el tercio.
-¿Qué os ha parecido el vino, Higgins?
-Excelente. ¿Francés?
-Español.
-¿Comprado o tomado en pillaje?
-¿Os sentaría mejor si os digo que es comprado honradamente?
-¡Desde luego que sí!
Lionel rió entre dientes.
-Entonces, es comprado.
Michael dejó su copa sobre la mesa y se levantó, irritado.
-Me sentará mal de todos modos.
-Vamos, sentaos, capitán. Vuestro estómago no entiende de precios y ya no tiene remedio. Quiero que probéis un coñac inmejorable.
Higgins volvió a tomar asiento. Acabó por encogerse de hombros.
-De acuerdo. No voy a privarme de un placer porque seáis un bribón.

(Extracto del 2º capítulo)


7 comentarios:

Bego dijo...

Como siempre, para seguir leyendo sin descanso.

Buena semana, un beso.

Solima dijo...

Mmmmmmmmmmm, la foto ya me hace desear la novela de entrada, jeje, pero el texto engancha definitivamente.

Besos

ISABEL dijo...

Un gusto leerte, siempre comsigues que me quede con ganas de seguir.

Besos.

Anónimo dijo...

Gracias por escribir tan bonito y compartirlo.

Un saludo,

Nina

Anónimo dijo...

Tiene muy buena pinta esta novela. Ha sido un placer leer los dos capítulos seguidos, aunque saben a poco.

Un abrazo,
María

Anónimo dijo...

Hala, otra novela que me deja con ganas de continuar su lectura. Menos mal que dentro de poquito voy a poder zamparme entera otra novelita tuya.

Un beso.
Coni

CONRA dijo...

Hola Nieves:
Quiero más… estos extractos me dejan con el caramelo en la boca.
Está muy interesante ¿pero? esperaré.
Besos