lunes, 9 de marzo de 2009

Bruttberry © (Sinopsis y extracto del capítulo 1º)


SINOPSIS

Atrhur de Wyntoun tiene una deuda de honor con Jon Mc.Gegor, que se remonta años atrás, cuando el escocés le salvó la vida.
Cuando Mc.Gregor pierde casi toda su hacienda a causa de la guerra entre Inglaterra y Escocia, Wyntoun le ofrece su ayuda, pero no es aceptada. Wyntoun no encuentra más que una solución: un matrimonio entre su hijo Richard y la hija de Mc.Gregor, la jovencísima Eilyn. De ese modo, unen ambos escudos, ayuda a su antiguo amigo y endereza la vida libertina de su heredero.
No cuenta, desde luego, con la oposición de Richard, que está lejos de desear abandonar su vida licenciosa. Y tampoco con la terca negativa de la escocesa que alimenta un odio infinito hacia todo lo que significa Inglaterra.


I

La mayoría de los escoceses aceptaron el derrocamiento de Jacobo VII. Todo estaba perdido para la independencia de Escocia y acataron lo irremediable. Sin embargo los jacobinos se resistieron a abandonar la idea de un país libre y organizaron rebeliones contra Guillermo de Orange y sus sucesores. Era necesario tomar medidas drásticas y fueron tomadas…

Durante aquella década, Arthur de Wyntoun sufrió una experiencia amarga y placentera a un tiempo. Abrazado casi a la muerte en una de las batallas, fue salvado por el tesón de un hombre que, ante el mundo, debería ser su enemigo: Jon Mc.Gregor.
A lo largo de un mes, aquel escocés terco fue su única familia, el único aliado en aquella generación revuelta y sangrienta. Luego, cuando tuvo fuerzas suficientes para abandonar las tierras de su enemigo, parte de su corazón quedó en ellas, en la magia de su paisaje y en el alma de sus gentes.
No se volvieron a ver, pero no perdieron el contacto y el de Wyntoun supo de la boda de Mc.Gregor, del posterior alumbramiento de su esposa que, por desgracia, murió al dar vida a una pequeña que se convirtió en la alegría del clan.
Arthur también casó con una dama inglesa y sus deseos se vieron cumplidos al tener un varón que perpetuara su apellido y título.
Pero todo eso era ya historia… Una historia que iba a influir en la vida de aquellos dos niños, porque Arthur jamás olvidó la deuda contraída con el escocés y al enterarse, tras la definitiva unión de Escocia con Inglaterra, que Mc.Gregor había perdido prácticamente toda la servidumbre y sus tierras agonizaban en un abúlico abandono, decidió pagar. Sabía que Jon no aceptaría dinero para levantar su hacienda, de modo que buscó un modo, el único modo, de ayudarlo: unir ambos escudos.
Su hijo, Richard, fue el primer obstáculo en su decisión. Aventurero, incapaz de permanecer inactivo, conocedor del negocio naviero y del comercio exterior, no encontraba motivos para unirse a una sola mujer cuando tenía cuantas deseaba. Solamente tras largas discusiones y la amenaza de ser relegado como encargado de los negocios navieros, pudo conseguir que diera su brazo a torcer.
Mc.Gregor supuso el segundo muro para Arthur, pero claudicó tras la amenaza del inglés de romper su amistad para siempre.
La única que no opuso resistencia fue Eilyn. Odiaba todo lo que viniera de Inglaterra y tenía la firme creencia de que Escocia podría haber sido independiente y próspera si los condenados ingleses no hubieran interferido, pero su prima Coralyn tenía instalada su residencia en Londres desde hacía tres largos años. Contaba con cuatro años más que ella y su escapada de Escocia fue un duro golpe para Eilyn, que siempre la consideró una hermana. Por eso, al pensar que volverían a estar juntas, las protestas que se le vinieron a la cabeza al saber que iba a casarse con un inglés, se apagaron.
Se casaría, de acuerdo. Y con un condenado inglés. Pero no iba a ser una esposa bien dispuesta y tampoco pensaba abandonar sus distracciones que estaban lejos de bordados o montar a caballo. Ella no fue educada para ese tipo de vida y debería plantearlo aquello a su futuro marido. Su relación deberá ser solamente un compromiso. Los criados cuchichearon durante días sobre su futuro esposo y sabía que era joven, aunque nada escuchó de si bien parecido o feo como un demonio. Eso sí, por lo que oyó, encontraba entretenimiento alrededor de cualquier falda, lo que a ella la beneficiaba. Si él estaba de acuerdo en el trato, las cosas rodarían bien, pero si, por el contrario, quería mantenerla encerrada en casa, como una esclava, mandaría todo al infierno y volvería a Escocia.
Eso era lo que realmente temía Jon Mc.Gregor, el carácter indomable de la joven que nunca pudo amansar.


Goodie, una mujerona gruesa y rubicunda que servia en el castillo Mc.Gregor desde niña, conocía muy bien la soledad que cubría como un velo la sonrisa de su princesa desde la marcha de Coralyn. Por eso, cuando anunciaron que los viajeros llegaban corrió escaleras arribas y llegó sin resuello al cuarto de Eilyn.
-Han llegado visitantes, niña –le anunció-.
La joven se incorporó y abandonó su costura.
-¿Quiénes son, Goodie?
-No he tenido tiempo de enterarme, pero parece que van a pernoctar en el castillo. Seguramente son viajantes y vienen con una escolta de ocho hombres.
-Dudo entonces que sean viajantes, querida cotorra.
-Sean lo que sean, seguro que pueden amenizar la velada.
-Bajemos entonces. Estoy impaciente por conocer qué pasa en el resto del mundo. Esto está tan alejado…
Volaron por el corredor hasta llegar a la galería que desembocaba en las largas escalinatas que bajaban al salón. En la estancia se oían ya voces de hombres. Eilyn dejó atrás a su aya y bajó los escalones de tres en tres, subidas las faldas para no tropezar con la tela del vestido. Al llegar al salón, llevaba aún las faldas subidas y se las bajó de un manotazo.
-Eilyn –su padre le tendió la mano al verla aparecer-.
-Lamento interrumpir, padre –se disculpó. Pero no le miraba. No tuvo ojos más que para el hombre alto, de anchos hombros e inmejorable estampa que, apoyado en la chimenea, la miraba fijamente. Le catalogó inmediatamente, observándole con igual descaro. Fibra pura, se dijo. Tenía un rostro que quitaba el aliento, unos ojos verde-grisáceos que hipnotizaban y un cuerpo esculpido en granito. A pesar de ir correctamente vestido, la indolencia de su postura le dijo que aquel hombre no era un caballero.
Por eso, cuando se acercó a su padre y él le presentó a los recién llegados, sintió que el piso se abría bajo sus pies.
-Eilyn, mi hija y heredera. Tesoro, te presento a mi buen amigo, Arthur de Wyntoun y a su hijo, Richard.
El hombre maduro le presentó sus respetos al tiempo que alababa su belleza, pero ella ni le escuchó. La rabia por haber descubierto a aquel espécimen increíblemente atractivo y saber que era el odiado inglés con el que iban a casarla, la provocó un molesto palpitar en las sienes. Y sólo después de una larga mirada de arriba abajo y viceversa, como el que inspecciona ganado, aquel sujeto, moviéndose como un felino, tomó su mano y se inclinó sin dejar de mirarla a los ojos.
-Señora…
Tenía la voz bien timbrada, ruda y varonil. Saber que iba a pertenecerle la hizo sentir un escalofrío y ponerse en guardia.
Jon Mc.Gregor, percatándose de la tirantez del momento, comenzó a hablar con el joven y éste, como el que olvida un guante usado, prestó de inmediato su atención a su anfitrión olvidando por completo a la damisela que acababan de presentarle. Eilyn le odió por eso y le miró con los ojos muy abiertos. Nunca sufrió un desprecio tan flagrante y se encontró entre confundida y enojada. Se excusó y abandonó el salón para retirarse a sus habitaciones hasta la hora de la cena. Goodie la siguió.
-¿Quién iba a saber que eran ellos? –Se excusó mientras la ayudaba a quitarse el vestido-.
-¿Les has visto, Goodie? ¿Te has fijado en esa mirada descarada? –estaba rabiosa-.
-A mi me pareció un joven muy atractivo, niña.
-¡Bah! Tampoco es para tanto.
Goodie alzó sus pobladas cejas. O su princesa estaba demasiado irritada o había perdido vista.


6 comentarios:

NUR dijo...

Vaya pinta y ella escocesa ¡Me la pido desde ya! Ojalá y la publiquen pronto.

solima dijo...

Este tiene también una pinta fantástica. Yo también me la pido.

Besos

Anónimo dijo...

Sí, sí, me gusta mucho a mí también.

¿Para cuando el otro capitulillo?

Un beso,
Pili

Anónimo dijo...

Estos personajes que nos pintas me dejan con la boca abierta. Aunque me saben a poquisimo, pero bueno me sirven para ir abriendo boca mientras llega Orgullo sajón.

Besitos.
Marta

ISABEL dijo...

Oye ¡qué buena pinta tiene Brutberry! Yo la quiero leer enterita.

CONRA dijo...

Madre mía... que productiva eres Nieves.
Bruttberry otra nueva novela, espero que salga pronto a la luz. Me gusta.
Tengo ganas que llegue abril para leer “Orgullo Sajón”.
Muchos besos.