viernes, 13 de marzo de 2009

Bruttberry © (Extracto del capítulo 2º)

II

Eilyn no pudo dejar de mirarlo durante todo el camino, mientras le mostraba y explicaba con tono aburrido, las propiedades que aún pertenecían a los Mc.Gregor. Su padre se lo rogó y ella no pudo negarse a hacer de cicerone.
-Mi padre les ha dejado libertad para irse –explicó, refiriéndose a los campesinos que antes trabajaban para el clan-. Como podéis ver, la guerra no ha dejado mucho de nuestras tierras, salvo cosechas arruinadas y hambruna.
Escuchó a Goodie chascar la lengua tras ellos.
-Las guerras solamente traen desgracias, señora.
-Sobre todo para los perdedores, ¿no es verdad?
Le miró y se arrepintió al momento. Un escalofrío le recorrió la espalda al darse cuenta del escrutinio del que era objeto. Richard de Wyntoun no estaba interesado en sus propiedades, no miraba a ninguna parte salvo a ella.
Pensó que ahora que tenía su atención, era el momento más oportuno para aclarar la situación.
-Señor, me gustaría hablar de ciertas condiciones en el matrimonio que nuestros padres han pactado.
-¿Condiciones?
-Únicamente aceptaré el casamiento si se cumplen ciertos… requisitos.
Las bien delineadas cejas oscuras se arquearon, pero asintió.
-Decid, entonces.
-Lo cierto es que hubiera preferido elegir a mi esposo.
La risa de él fue espontánea.
-¿Pensáis que a mí no me hubiera gustado elegir a mi esposa?
-Creí que estabais de acuerdo con la boda.
-No me han dejado otra opción, señora. Mi padre desea unir las casas Mc.Gregor y Bruttberry y es el hombre más terco que conozco.
-Pero un matrimonio no debe llevarse a cabo por el deseo explícito de un hombre.
Richard suspiró y palmeó el cuello de su oscuro semental.
-Mi padre está cansado y viejo. Añora a mi madre, a la que perdimos hace años. Quiere verse rodeado de vida, de nietos; yo apenas estoy a su lado últimamente. Creo que es justo lo que desea y aunque me opuse al principio, debo decir que después de conoceros no pienso oponer resistencia.
Eilyn adelantó su caballo para evitar que apreciara su sonrojo. Richard hubo de elevar la voz para hablarle.
-Creo que deberíamos volver, señora. Vuestra dama de compañía no parece muy cómoda a lomos de ese jamelgo.
La joven hizo girar a la montura y se le acercó, deteniendo su caballo y obligándole a hacer otro tanto.
-Aún no os he dicho mis condiciones. Por el bien de este matrimonio, deberíais escucharme. Ni siquiera sabéis lo que opino de los ingleses.
-No lo sé, pero lo intuyo, señora. Con seguridad creéis que todos somos una pandilla de asesinos y nos despreciáis.
Su ironía la sacó de sus casillas.
-¡Exactamente! –Le dijo- Odio a Inglaterra por lo que ha hecho a Escocia. Nadie va a conseguir cambiar ese sentimiento.
-Y yo, soy inglés –apuntilló Richard-.
-En efecto.
-¿Eso quiere decir que no voy a tener una esposa acogedora y bien dispuesta en el lecho? –se burló. Al ver que se envaraba, alzó la mano rogando silencio-. No, por favor, no hace falta que contestéis. Está muy claro.
-Me han educado para ser una buena esposa y trataré de serlo en ciertos aspectos. Reconozco, sin embargo, que me salté algunas clases –insinuó-.
Richard dejó escapar una risotada.
-Señora, eso no implica problema alguno. Tengo entretenimientos de sobra para no preocuparme de tenerlos en casa. Pero existe un pequeño punto que debemos discutir –se inclinó hacia ella. A su espalda, Goodie les miraba con la boca abierta, asombrada por el descaro de su pequeña-. Mi padre quiere un nieto. Puedo proporcionárselo en cualquier momento, pero el muy terco no lo desea bastardo, por tanto…
La joven aferró las riendas para darse valor. Guardó silencio un momento, mientras recuperaba el control de su corazón que latía desbocado.
-Acepto esa parte del convenio, señor, aunque pensar que puedo llevar la simiente de un inglés en mi vientre me repugne.
Goodie dejó escapar un grito de sorpresa. Pero Richard rió con verdaderas ganas.
-Me temo que no tenemos otro medio, mi señora. Deberéis ser mía hasta quedar embarazada. Al menos, una vez.
Roja por la ira y la vergüenza, Eilyn clavó espuelas y se alejó al galope hacia el castillo. Su huída aumentó la hilaridad del inglés.
Goodie se le acercó, apenas controlando su jamelgo.
-Señor, os ruego que no tengáis en cuenta sus palabras. La niña ha sufrido mucho, ha perdido mucho. Y se encuentra tan sola desde que su prima se marchó a Londres…
Richard sonrió a la mujer con verdadero afecto y palmeó su regordeta mano.
-No os preocupéis, todo se arreglará.
-¿Ella os gusta, milord?
-Sí, Goodie. Me gusta. Pero es una zarza llena de espinas.
-En el centro está la flor, mi señor. Ganárosla.
Él miró a lo lejos. La nube de polvo levantada por el caballo de Eilyn le hizo cabecear.
-Intentaré doblegar ese genio escocés, Goodie. Lo intentaré –prometió-.


(Extracto del 2º capítulo)






10 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Me gusta! ¿Otra novela por la que hay que esperar, verdad?

Saludos,

Merce

ISABEL dijo...

Me gusta todo lo que escribes ¡hasta los títulos!

Besos

solima dijo...

Muy buen segundo capítulo.
Parece muy majo el prota, mmmm me gusta.

Besitos

Anónimo dijo...

El capítulo está muy bien y la foto de lo más sugerente.

Besos,
Coni

Anónimo dijo...

He estado paseando por este intereante blog y me ha gustado muchísimo. Todas las novelas parecen estupendas y muy amenas desde la primera página. Espero tener oportunidad de leerlas todas algún día. De momento acabo de encargar Lo que dure la eternidad.

Saludos-
Rosa G.

Anónimo dijo...

Tienes un blog para pasar largas horas buceando por él.

Felicidades. Buscaré Lo que dure la eternidad.

Saludos
Ana

Anónimo dijo...

Una vez más me has dejado con ganas de seguir leyendo. Eres la mejor.

Besos,
Mayte

Anónimo dijo...

Gracias por otra estupenda entrega.

Besos,
María Jesús

Bego dijo...

Aunque no me ha resultado fácil, llevo tres días sin visitarte, aunque sabía que había nuevos extractos, quería leerlos todos de una vez.
Pero la adicción a tus novelas no tiene cura ni con una dosis mayor.

Me ha encantado.

Un beso.

Nieves Hidalgo dijo...

Nuevamente gracias a todas por vuestros comentarios.

Muchos besos.