viernes, 27 de febrero de 2009

La colina de las sombras "SHADOWS HILL" © (Sinopsis y extracto del capítulo 1º)




SINOPSIS


Elizabeth embarca en el Sweet Norah con destino a Jamaica, donde piensa contraer matrimonio con Conrad Wayne, el hijo del gobernador. Aunque no le conoce, sabe que es un caballero. Pero el destino hará que la goleta sea atacada por el temible capitán Lionel Hennessy, un corsario que hará replantearse sus creencias.
Henessy, sin embargo, no es lo que aparenta. Enmascarado en su papel de corsario, no hace sino llevar a cabo una misión para la Corona. Y ese deber le ata tanto como la pasión que le acerca a la joven Elizabeth. Debe guardar el secreto de su verdadera identidad, incluso cuando su propia madre se le enfrenta.
Port Royal se ha convertido en un nido de piratas, donde la traición a Inglaterra es moneda de cambio. En medio de esa marabunta de intrigas, mentiras y depravaciones, deberán elegir su camino: el deber o el amor.

I


-¡Todo a barlovento!
El timón giró justo un instante antes de que la nave enemiga iniciara por tercera vez el acercamiento y una ola barrió la cubierta.
Haciendo visera para protegerse de la lluvia que les azotaba desde hacía horas, el capitán Higgins dio un rápido vistazo a los cañones situados a babor del navío que se les echaba encima. Sabía que no podía eludirlo. Pero no iba a darle facilidades. El abordaje estaba a punto de realizarse y él no temía por la mercancía que transportaba en la goleta, sino por las vidas de las mujeres que iban a bordo: demasiado hermosa la de alta cuna y demasiado joven la que le acompañaba. Sus vidas le habían sido confiadas justo antes de partir de Inglaterra y no pudo negarse a llevarlas. Eran un bocado apetitoso para el diablo que estaba a punto de tomar la nave.
Tres marineros pasaron a su lado con arcabuces para tomar posiciones frente al enemigo.
-¡Norton! –Le gritó- No quiero armas en el puente. Guarden eso y limítense a intentar ganar el barlovento.
-Pero capitán… ¡Nos están atacando!
-Haga lo que le digo o le relevaré de sus funciones e irá a parar a las bodegas.
El aludido dejó el arma y corrió a su puesto. Los otros dos hicieron lo propio y Higgins volvió a centrarse en el otro navío.
Una mano le tocó en el hombro y se giró.
-¿De verdad van a abordarnos, capitán?
-¡Vuelva a su camarote, milady! –Tomó a la muchacha del brazo y la arrastró hacia la cubierta inferior- ¿Se ha vuelto loca? No es momento ni lugar para que salga a dar un paseo. Un golpe de mar y puede acabar en el agua.
-¿Van a abordarnos? –insistió ella, gritando para hacerse oír a través del rugido del mar embravecido-.
A su pregunta respondió una andanada que cayó a unos tres metros de donde se encontraban y salpicó agua a todos lados.
-Ahí tiene la respuesta –le dijo Higgins, tirando de su brazo-. Vamos, vuelva abajo.
-¿Y qué hago abajo aparte de nada?
-Vaya abajo y escóndase bien. Seguramente buscarán la carga, la tomarán y nos dejarán tranquilos.
Un nuevo cañonazo no llegó ni a aproximarse a la goleta.
-¿No vamos a defendernos, capitán? No parecen tener muy buena puntería.
-¿Luchar contra ese diablo? Ni me lo plantearía, milady. Se trata del capitán Hennessy –la empujó de la espalda hacia la escalerilla-
Elizabeth observó a la nave atacante, cada vez más cercana. Las diversas maniobras de Michael Higgins solamente retrasaban el desenlace final. Tembló bajo su empapado chal, pero no de frío si no de miedo. La tormenta arreciaba y casi prometía poder volcar la frágil goleta y además estaban a punto de ser abordados por piratas. Había escuchado muchas cosas sobre aquellos hombres de mar dedicados el pillaje y se le puso la piel de gallina.
Entre el aguacero consiguió ver el nombre del otro barco: Inquietude. Abrió los ojos como platos al ver el espolón piramidal que se les echaba encima y tuvo el tiempo justo de afianzarse a la barandilla antes de la colisión. El Sweet Norah crujió y gimió bajo la embestida y ella gritó cuando se sintió casi lanzada al mar. Una mano al asió a tiempo, tirando de ella a lugar seguro.
-¡Por todos los infiernos, baje de una vez! –Le gritó el capitán-.
Elizabeth obedeció de inmediato. No podía hacer otra cosa que esconderse. Corrió, dando bandazos, hasta alcanzar el pasillo inferior, escuchando crujir las maderas y los gritos de batalla de los marineros. Cuando alcanzó el camarote, Maggie, una chiquilla de apenas quince años, seguía acurrucada en el lugar donde la dejara cuando salió a cubierta.
-Levántate –le ordenó. Buscó un lugar donde guarecerse de los piratas que ya pisaban la cubierta. No había trampilla alguna para esconderse, de modo que empujó a su acompañante hacia el armario y se metió junto a ella, cerrando por dentro.
-Ahora silencio, Maggie. No quiero escuchar ni un gemido.
-Estoy aterrorizada, señora.
-Yo también lo estoy, pero tal vez nuestras vidas dependen de que guardemos silencio.
La muchacha se tapó la boca y abrió más los ojos, tratando de ver a su señora dentro de aquella oscuridad.
Arriba, crujió el mástil de mesana, varios cuñetes apilados a popa rodaron bajo el ataque y la vela de gavia comenzó a arder.
Higgins dio claras órdenes de no presentar batalla. Era el único modo de preservar la vida de sus marineros y de las mujeres. No estaban preparados para la lucha cuerpo a cuerpo con aquella pandilla de indeseables.
Diez minutos después, las palancas y redes para el abordaje fueron lanzadas y muchos hombres, saltando como micos, abordaron el Sweet Norah. Aguardó en el puente de mando con toda la tranquilidad que las circunstancias le permitieron, observando los rostros macilentos y barbudos de quienes se hicieron cargo de la cubierta. Dos de ellos se le acercaron para encañonarlo.
La tormenta seguía azotando los navíos, furiosa, balanceando la goleta como a un cascarón de nuez.
Una vez dominada la situación, un hombre completamente vestido de negro se dejó ver sobre la baranda del otro buque. Atenazaba una escala con la mano izquierda y en la derecha llevaba un sable.
Michael Higgins le vio reír y después realizar un magnífico salto. Cayó en cubierta, flexionó sus largas piernas y un segundo después se dirigía hacia él con paso elástico. Aunque sus hombres parecían esperar una orden, él no la dio, sino que se inclinó en una socarrona reverencia.
-Capitán –le dijo-, acepte mis felicitaciones por el modo en que habéis tratado de eludirnos. Nos ha costado más de dos horas abordaros.
-Si hubiera conseguido burlaros aceptaría la felicitación, pero no ha sido así.
-No os culpéis. Nada podíais hacer contra el Inquietude con esta cáscara.
-¡Cáscara! Este es un barco extraordinario –se irritó Higgins-.
El joven rió de buena gana.
-Defendéis vuestra nave con mucha fogosidad, capitán.
-Nadie mejor que yo sabe lo que vale.
-¿Estáis seguro? –Alzó una ceja-.
Higgins hizo un gesto despectivo con la mano.
-Que el diablo os confunda.
El pirata hizo una seña a sus hombres y se distribuyeron por la nave para iniciar el pillaje.
-¿Podemos bajar a vuestro camarote, señor? La tormenta no cesa y estoy calado hasta los huesos.
El capitán del Sweet Norah le precedió en silencio.



Una vez se cerró la puerta, el joven dejó el sable sobre la cama, se deshizo de la chaqueta y de la camisa y buscó en los cajones hasta encontrar una toalla con la que procedió a secarse el cabello y el cuerpo.
-¿No vais a invitarme a una copa?
-Sírvete tú mismo –gruñó, apoyando la espalda en la puerta y cruzándose de brazos-.
El pirata alcanzó una botella, la destapó y bebió directamente de ella. Luego se acomodó en el borde de la mesa.
-¿Alguna mercancía en especial, capitán? –preguntó-.
-Bien sabes la mercancía que llevamos. Tómala y largaros de mi barco.
-Me temo que este barco ha dejado de ser vuestro.
-¿Qué significa eso? –Saltó Michael-. Exijo…
-No estáis en condiciones de exigir nada. Simplemente, me quedo con vuestra goleta.
-¡No lo pienso consentir!
-No podéis hacer nada por remediarlo, capitán.
Higgins iba a protestar cuando la puerta fue empujada desde afuera. Se hizo a un lado y la madera se abrió para dar paso a un revuelto de faldas y cabellos rojizos que trastabilló y acabó en medio del camarote.
-¡Capitán Hennesy! –Rió con fuerza el marinero que empujara a la muchacha-. No todos son sedas y especias-. Acto seguido hizo entrar a trompicones a otra muchacha aún más joven-.
Lionel Hennessy frunció el ceño y lanzó una mirada a Higgins, que se encogió de hombros.
-Gracias, Burt. Seguid con lo vuestro –dijo sin desviar la atención del otro. Esperó a que su hombre se marchara-. Creí que la mercancía era la normal.
-Me ordenaron embarcarlas.
-Una orden desacertada.
-Si hubieran sabido que un bribón despeinado y vestido de negro abordaría la goleta, no se habría contentado con impedir el embarque de las dos muchachas. Con seguridad lady Simon habría tomado otras medidas.
La mención de la mujer hizo encajar los dientes al pirata. Se acercó a la mesa y volvió a beber directamente de la botella. Se secó los labios con el dorso de la mano y observó a las dos muchachas. La más joven se abrazaba a la cintura de la otra en busca de protección.
-Lo hecho, hecho está. Supongo que podemos sacar algo por ellas.
-¡Henessy! Estas jóvenes no deben ser tocadas, salvo que queráis ganaros la perpetua enemistad del gobernador de Jamaica.
Lionel alzó una ceja.
-¿Y eso?
-Soy la prometida del hijo del gobernador –aclaró la propia belleza pelirroja-. Si algo me pasa a mí o a mi acompañante, os perseguirá y os dará muerte.
Los ojos verdes la envolvieron en una mirada cálida.
-Siendo así, milady, yo mismo os pondré en manos del gobernador. Por nada del mundo querría enfrentarme a alguien tan peligroso.
Supo que se burlaba, pero no fue capaz de responderle. No. Aquel hombre no temería al gobernador, ni a su hijo, ni al mismísimo diablo, porque él era el demonio en persona.


(Extracto del capítulo 1º)

8 comentarios:

Bego dijo...

Estoy leyendo la sinopsis, haga una pausa, me vengo a los comentarios, y te digo con solo leer esto, que ya me gusta.
Me voy a seguir leyendo.

Tus novelas crean adicción.

Un beso.

Bego dijo...

Ya estoy de regreso, espero que tengas tu cabecita asegurada, porque dentro de ella tienes un auténtico tesoro...

Anónimo dijo...

Me tienes cautivada.

Besos
Mayte

solima dijo...

Fantástica como siempre, Nieves. Otra historia que me apetece muuuuucho.
Besos.

Anónimo dijo...

Qué pinta más buena tiene esta novela.

Un abrazo,
María

Anónimo dijo...

Un abrazo y enhorabuena, me pareces una autora estupenda. Estoy deseando leer tu nuevo libro.

Trini

CONRA dijo...

Elizabeth y Henessy…. ¡¡¡Que bonita historia!!!
Me encantaría continuar leyendo… me engancha tu novela Nieves.
Pero… solo me queda esperar.
Un beso enorme.

Nieves Hidalgo dijo...

Espero que algún día podáis leerla entera para saber vuestra opinión.

Como siempre, un millón de gracias y un beso enorme para todas.