lunes, 2 de febrero de 2009

El fantasma de Schönheit © (Sinopsis y extracto del capítulo 1º)


SINOPIS

Samantha Renner, agobiada por las deudas, consigue un trabajo de institutriz, lejos de su casa, en el norte de Austria. Corre el año 1838.
Para ella, una muchacha sencilla, el castillo es la entrada a un mundo de fantasía. Sin embargo, entre sus muros se esconde un misterio que la arrastrará hacia el peligro.
Una muerte, trece años antes, ha creado una atmósfera de intriga alrededor de todos los habitantes.
Y Samantha, decidida a desvelar el misterio, se debate entre el temor que la inspira el fantasma de Schönheit y la atracción que la acerca, paso a paso, hacia el dueño de la fortuna, Christopher Bruckner.


Capítulo I

-Vale. Está bien. Ahora deberás ahorcarme.
Christopher soltó la mano de su hermano y dio un respingo.
-¿Ahorcarte?
-No seas idiota, canijo. Ahorcarme de mentirijillas, claro. Se me hace aburrido ir a las mazmorras cada vez que me ganas en el juego. Hay que poner algo picante a la caza, ¿no te parece?
-No sé… -dudó el pequeño-.
-Venga, hombre. Busca una cuerda –miró hacia arriba-. Tienes que colgarme de esa viga.
Chris, a regañadientes, accedió a seguir el juego del modo que Hans deseaba. Al fin y al cabo en aquella ocasión se habían cambiado los papeles y él ganó el juego. Estaba un poco harto de que siempre fuese su hermano mayor quien venciera cuando jugaban a policías. De todos modos, la idea de colgar a Hans no le agradaba. Encontró una soga larga y se la llevó a su hermano.
-Estupendo, Chris. Es justo lo que necesitamos.
Fue Hans quien lanzó el extremo de la cuerda y consiguió pasarla por la viga en el segundo intento. Hizo un nudo corredizo y se lo entregó al pequeño.
-Te corresponde ser el verdugo.
-No podré tirar de tí.
-Busca un taburete. Un cubo. Venga, Chris, prometo no escaparme. Anda, átame las manos para asegurarte –y puso las manos a la espalda, aguardando hasta que su hermano se las inmovilizó con el cordón de una bota.
Chris acercó un cubo roñoso y lo puso bajo la viga.
-Ahora debes atar el extremo de la cuerda. A ese columna, por ejemplo. De otro modo, cuando intentes colgarme, me iré al suelo de narices.
-¿No podríamos dejarlo, Hans? No me agrada este juego.
-¡Cagón!
-Insúltame si quieres, pero no me gusta.
-Oh, vamos, Chris… Pero si sólo es un juego.
-¡Me da miedo! –gritó el pequeño de los Bruckner-.
-Valiente justiciero estás tú hecho! –protestó Hans- Está bien, si no eres lo suficientemente valiente para colgar a un bandido, jugaremos a las muñecas. Tal vez María tiene alguna que podamos…
-¡No soy una niña! –la sonrisa sarcástica de su hermano acabó por decidirle-. De acuerdo, pero te pongo la cuerda por debajo de los brazos.
-Las cosas deben hacerse bien o no hacerse –le dijo con gesto adulto. Luego se subió al taburete y esperó-.
Chris intentó poner el nudo corredizo en el cuello de su hermano, pero no lo consiguió.
-No llego.
-¡Por todos los santos! –Hans se inclinó y metió la cabeza por la soga- Es la primera vez que veo a un ajusticiado ponerse la cuerda él mismo. No voy a volver a jugar contigo, renacuajo.
El pequeño le miró desde el suelo. Aquello no le gustaba..
-¿Sacarás la lengua?
-Pues claro que sacaré la lengua. En cuanto salte del cubo.
Quería asustarlo. Era lo que más le gustaba, aunque jamás le vio llorar, ni quejarse de una herida, ni protestar cuando María le ponía desinfectante. Hans seguía intentando una y otra vez, ponerlo a prueba para verlo flaquear. Entonces podría consolarlo, sentirse adulto, más padre con él. La reacción de Christopher dio al traste con sus planes.
-Creo que voy a irme.
-¡Estás chiflado! Pero si has ganado el juego, hombre.
-María dice que no debemos arriesgarnos en cosas peligrosas. Y esto me lo parece, Hans. Imagina que te escurres y quedas de verdad…
-¡Estúpido crío! ¿Vete, entonces! No me haces falta para divertirme. Busca tus muñecas y dedícate a pasearlas por los pinares, mocoso.
Chris se puso serio por la ofensa, pero no cambió de opinión.
-Me marcho, sí. Y si continuas diciendo que soy una niña voy a decírselo a mamá. Y le contaré quien se comió la tarta de manzana –le dio la espalda y se dirigió a la salida de las caballerizas-.
-Hey… espera…
Hans intentó quitarse la soga. Movió el cuerpo a uno y otro lado. Iba a dar una paliza a aquel idiota si le contaba a alguien lo de la tarta. Había estado dos días con dolor de barriga y eso era castigo suficiente. La punta de su bota resbaló justo cuando Chris atravesaba la salida. Hans quiso mantener el equilibrio con el otro pie, pero el cubo era demasiado pequeño para su peso y se volcó… Ni pudo gritar el nombre de su hermano, sólo dejó escapar un estertor que murió en sus labios. El nudo corredizo se cerró alrededor de su tráquea, le cortó el aire de los pulmones, le dobló el cuello de forma grotesca mientras su vista se nublaba y sentía que sus esfínteres dejaban de obedecerle. Lo último que supo Hans fue que estaba defecando en sus pantalones…
Chris, se apoyó en la pared. Ya se apearía del burro, pensó, y lo llamaría. No iba a quedarse ahí todo el día y tarde o temprano le pediría ayuda. Pero transcurridos unos minutos el pequeño se impacientó. Hans podía ser terco como una mula. Pero si entraba, perdería puntos ante su hermano mayor.
Tres minutos más tarde, irritado por tener que claudicar, entró en las caballeriazas de nuevo.
Hans estaba allí, colgando de la soga, su rostro amoratado y oliendo a porquería. Tenía los ojos muy abiertos y la lengua le colgaba a un lado de la boca.
-Hans… ¿Hans…? ¡¡¡ Haaaaans !!!
Una sombra, desde la puerta trasera, se alejó. Había visto todo lo sucedido. Podía haber salvado al muchacho, pero aquella muerte absurda y repentina le llegaba como caída del cielo. Y cuando vió que el pequeño perdía el conocimiento a los pies del cadáver de su hermano, se alejó hacia la mansión, hacia el refugio de la galería del ala oeste.

(Extracto del capítulo 1º)


10 comentarios:

Anabel dijo...

Hola Nieves,

Soy Anabel, te conozco de "La voz de la palabra" donde me diste una cálida bienvenida. Gracias.

Estoy asombrada de que seas tan prolífica, ¡30 novelas!, yo sólo llego a ese número en relatos y poco más. Y además has publicado, eres toda una escritora "hecha y derecha".

El extracto que he leído me ha gustado, engancha y te deja un sabro de boca amargo; promete. He de pasarme por aquí más a menudo, a ver si se me pega algo.

Eres muy amable al asomarte a mi blog. Gracias por tus palabras.

Nos leemos.

Besos,

Anabel, la Cuentista

Anónimo dijo...

Esto promete. Hay que ver que arranque de novela.

Besos,
Coni

solima dijo...

Genial como siempre, Nieves. Vuelvo mañana a leer el próximo cápitulo.

Besos

Bego dijo...

Dios Nieves, que fuerte arrancas, algo completamente nuevo en tus novelas, me has dejado asombrada.

Un beso.

Anónimo dijo...

Oye, vaya forma fuertecita de comenzar la novela. Cómo me gustaría seguir con ella.
Como siempre, me has dejado con las ganas de más.

Un beso,
Mayte

Anónimo dijo...

Me gusta, Nieves, como todo lo que he leído hasta ahora. Me da igual cuales sean los inicios de tus novelas, lo que me gusta es que me dejas con ganas de seguir.

Besos
Helena

Anónimo dijo...

Hola Nieves, es un gusto leer cualquier cosa que escribes. Tengo muchas ganas de leer otro libro tuyo ¿para cuando sale el próximo? ¿pronto? ¿queda mucho?.

Besitos
Conchi

Nieves Hidalgo dijo...

Anabel, gracias por pasar a visitarme. Me ha gustado mucho leerte y desde aquí invito a todo el mundo a leer tus estupendos relatos.

Coni, Solima, Bego, Mayte, Helena, Conchi, es un placer para mí ver que me visitáis frecuentemente y que siempre tenéis un comentario que ofrecer a lo que escribo.
Chicas, sois estupendas de verdad.

Conchi, espero en breve, poder daros más información sobre mi próximo libro.

Un abrazo a todas.

rociodc dijo...

Vaya comienzo, ojala publiques esta novela porque me has enganchado con el primer capítulo. ¡Que intriga!
Gracias por regalarnos este adelanto.
Gracias Nieves. Besos.

Nieves Hidalgo dijo...

Rocio

haremos loq ue se pueda para que podáis leerla.

Gracias, princesa.

Mil besos