martes, 17 de febrero de 2009

Acero azul © (Sinopsis y extracto del capítulo 1º)

Sinopsis


Cristina de Orozco trata de escapar de un matrimonio concertado por su padre, pero sólo consigue un poco de tiempo y parte en el galeón El Aguilar, hacia La Habana.

En medio del mar, el buque debe enfrentarse contra la audacia de hombres dedicados a asaltar galeones del rey Carlos. En la batalla, a punto de morir ahogada, es rescatada por los ingleses y conocerá a uno de los más temidos azotes del océano, el Bucanero de las cadenas.

Perdida para su familia en la inmensa maraña que conforman las más de trescientas islas del Mar Caribe, Cristina tendrá que luchar por demostrar su verdadera identidad en un mundo hostil, en un territorio enemigo de España y ante un bucanero al que nada le importan las normas sociales porque fueron esas normas, casualmente, las que le convirtieron en un proscrito. Y sobre todo, tendrá que luchar contra el amor de Ryan Wesston.


Barbados. Primavera de 1689

Suspiró con hastío y cerró los ojos, recostándose en el sillón. Afuera, el bullicio lejano de la ciudad penetraba en el amplio comedor, como los vientos alisios.
Su acompañante giró un poco su enorme corpachón para poder mirarle. Era un hombre alto y fuerte, cuya musculatura por sí sola era capaz de reducir las ganas de pelea de muchos. Aunque él nada tenía que temer de aquellos brazos como árboles ni de su semblante huraño.
-¿Quieres ir? –Preguntó al cabo de un momento-.
-¿Sinceramente? –Sonó casi lúgubre la voz del más joven- No, amigo mío.
-Quedémonos entonces en casa.
-Ragged espera que acudamos a la fiesta.
-Y esa coqueta de Frances, su hija –gruñó el hombretón-.
Ryan estiró sus largas piernas y se desperezó. Se puso en pie y se encogió de hombros, sonriendo a su camarada. Aquella sonrisa que muy raras veces podía ver, resultó un fogonazo en su rostro moreno, curtido gracias a las largas horas pasadas sobre la cubierta del galeón Exile, tomado hacía más de cinco años a los españoles.
-Vamos, Caimán. Mueve esa barriga y cambiémonos. Puede que incluso encuentres a alguna deliciosa matrona que te haga deliciosa la noche.
El llamado Caimán, cuyo verdadero nombre era Leander Plymouth, soltó una carcajada, se incorporó y palmeó el hombro del joven.
-No disimules conmigo, cachorro, ya sé que Frances es un bocado delicioso.
-¿De veras? –preguntó con tono cansado-.
Subió a su habitación dejando a Leander un tanto confundido. Desde que le conociera, Ryan Wesston, su amigo y capitán, no miraba la condición de una mujer. Igual daba que se tratara de damas de alta alcurnia o fregonas. La hija del gobernador era una muchacha bonita. Y viuda desde hacía dos años. Su esposo, un hombre que le sacaba veinte años, había muerto de un ataque al corazón en su propio lecho y las habladurías apuntaban a que la muchacha, con sus constantes amoríos, haciendo enfurecer al hacendado, acabaron con su vida. Aunque también se decía que ella se las ingenió siempre para hacer ver al esposo que solamente le amaba a él, demostrándoselo con cierta frecuencia. Eso le llevó a la tumba y la dejó a ella heredera de una fortuna que ahora dilapidaba. Y dueña, sobre todo, de una ansiada libertad.
En un principio, el gobernador Ragged se opuso a los devaneos de su hija con Wesston. Ryan gozaba de una ganada fama en todo el Caribe como bucanero y su relación no le agradaba, más aún cuando en Inglaterra se consideraba a Ryan como un proscrito. Pero después, cuando las ganancias que le proporcionaba su amistad, llenaron sus arcas, cambió de opinión. Buena parte de barbados pertenecía al inglés y el gobernador sacaba buena tajada haciendo de intermediario en la venta de las cosechas.
Hacía seis años, los amores de Ryan con la esposa del duque de Parlston, una hermosa y sensual mujer nueve años mayor que él, dieron la vuelta a Londres. Cuando el duque murió de un disparo en un callejón, Wesston fue culpado y aunque se proclamó inocente en un principio, no tenía coartada y fue condenado a la horca. Amalda podía haber declarado en su favor, pero ella rogó a su amante que guardara silencio sobre su cita de aquella noche para evitar un escándalo. Y Ryan fue tan estúpido como para guardar silencio.
Sin embargo, su hermano no estaba dispuesto a que el cuerpo de Ryan colgara de una soga, de modo que asaltó la prisión, lo liberó y le proporcionó dinero suficiente para tomar un barco rumbo al otro lado del mundo.
De eso hacía ya mucho tiempo, tanto que parecía una vida.
No había vuelto a ver a su hermano James más que una vez. Ni volvió a abrazara su padre ni a su madre. Ralph Wesston, vizconde de Chesterton, tenía como cota más alta el buen nombre de la familia, de una antigua familia inglesa en la que jamás hubo un escándalo. La condena de su heredero resultó un duro golpe para él. Ni siquiera quiso verle en la prisión a pesar de los ruegos de su esposa.
Ryan no le odiaba. Seguía anhelando poder abrazarlo de nuevo, sentirse perdonado puesto que no era culpable. Deseaba ser reconocido de nuevo como su hijo. El título de vizconde no le importaba, había conseguido una inmensa fortuna como bucanero asaltando barcos españoles. Les tenía inquina. La mala suerte le enfrentó a ellos y aunque Ryan defendió la vida de su capitán inglés, con el que había hecho una buena amistad, acabó vencido y encadenado, siendo luego vendido como esclavo en La habana. Durante un largo año soportó todo tipo de vejaciones hasta conseguir escapar, junto con diez hombres, robar un pequeño barco y hacerse a la mar.
Leander conocía toda la historia porque era uno de aquellos diez hombres. Y desde entonces habían permanecido juntos.
Ryan se quitó el arete de oro que colgaba de su oreja, se embutió en un traje color bronce, incómodo por tener que usar aquella noche otra ropa distinta a la que acostumbraba ponerse cuando estaba a bordo del Exile, pantalones holgados y una camisa abullonada.

(Extracto del capítulo 1º)


10 comentarios:

Anónimo dijo...

Después de la buena noticia veo que sigues regalándonos nuevos capítulos de tus libros. Querida Nieves, eres un sol.

Un abrazo.
Coni

solima dijo...

Otra novela que promete, igual que todas.
Entro de diario a visitarte, esto es ya un vicio, jaja.

Besos.

Érika dijo...

Por si me gustaban poco tus escritos, ahora encima me los llenas de piratas, con lo que a mí me gustan... ;).

Un besazo!

Anónimo dijo...

¿Una de piratas? Esta me gusta.

Un abrazo, Nieves.

Mayte

Anónimo dijo...

Me gustaría que me dijeras cómo te las arreglas para que todas tus novelas enganchen desde la primera hoja. LLevo años leyendo romántica y ni siquiera algunas autoras estupendas consiguen algo así. Me encantaría leer todo lo que tienes escrito.
Te deseo mucha suerte y muchos éxitos.
Saludos
Mónica

Anónimo dijo...

Hola Nieves, otra noche más me paso por tu blog para irme a la cama después de leer un trocito de la novela que toca. ¡Qué pena no poder leerla entera! ¿Algún día quizá?

Un beso.
Merce

[a]lice! dijo...

que bueno!!
un saludo enorme :D

Anónimo dijo...

Otra novela que también promete.

Un beso

Helena

Anónimo dijo...

Otra novela que también promete.

Un beso

Helena

Nieves Hidalgo dijo...

Sois unos soles todas. Un millón de gracias.

Un abrazo grande.