viernes, 20 de febrero de 2009

Acero azul © (Extracto del capítulo 2º)


LISBOA. PRIMAVERA DE 1689.


La idea inicial de don Alfonso había sido entretener el ánimo aventurero de su hija Cristina antes de proclamar oficialmente su compromiso. Ya en Toledo, la joven puso mil y un inconvenientes a prometerse con don Pedro de Cáceres, duque de Madaruego. Las familias Orozco y Cáceres se conocían desde siempre. Y desde siempre pensaron que, al llegar un hijo varón a una y una niña a la otra, era la solución perfecta para unir ambas fortunas, ya de por sí muy cuantiosas cada una de ellas. Por eso emprendieron viaje a Lisboa, invitados por un antiguo amigo de don Alfonso, quien les ofreció no sólo casa y criados, sino la finca entera. No en vano debía la vida al conde de Riaza.
Luis estaba en desacuerdo sobre casar a su hermana con el de Cáceres. El heredero del ducado era un joven de veinte años, imberbe, delgado y pálido, que más parecía tener necesidad de un ama de cría que de esposa. Sobre todo si su futura mujer era Cristina. Luis conocía el carácter indomable de su hermana. Aquel matrimonio no resultaría. Ella era capaz de montar un escándalo si la casaban con aquel alfeñique y, en malas lenguas, podrían catalogarla de cualquier cosa. Él quería lo mejor para su hermana, sobre todo después de la muerte de Enrique, el benjamín de la familia, que casi la llevó a la locura.
Pero don Alfonso, recio en sus creencias, había concertado hacía tiempo aquel compromiso y no se retractaría. Y Cristina podía hacer una locura si la obligaban a aquella unión. Tenía el mismo genio que su padre y ninguno cedería un palmo.
De modo que en eso estaban cuando el conde planeó viajar a Lisboa, por ver si a ella se le bajaban los humos y recapacitaba.
Cristina dejó que Dominica continuara peinando su larga cabellera oscura antes de bajar a cenar. La puerta se abrió de golpe y entró Luis.
-En esta familia faltan modales –protestó Dominica-.
Él, depositó un beso en la mejilla de la mujer.
-Ha llegado Diego de Ahumada –les dijo-.
-¡Diego! –la muchacha saltó de su asiento y se recogió las faldas dispuesta a salir a recibirlo-.
-Se marcha hacia la Habana en misión oficial para nuestro soberano. Y no sabes lo mejor: me ha pedido que vaya con él.
-¡Oh, Luis! –se abrazó a su hermano y ambos rieron alborozados. Anda, cuéntanos.
-Acaba de venir de Madrid. No ha dicho nada de la misión, pero dice que es importante y debe partir mañana mismo. Ya tiene un galeón acondicionado y marcharán escoltados por un buque armado. Necesita a alguien que domine el idioma inglés y al encontrarnos, me lo ha propuesto. Parece que el hombre que debía viajar en El Aguilar, su barco, ha contraído unas extrañas fiebres.
-¿Podré ir contigo? –preguntó ella, esperanzada-. ¡Tengo tantas ganas de visitar a tía Etelvina y a tío Alberto!
El rostro sonriente de Luis se quedó repentinamente serio.
-No es un viaje de placer, Cristina. Podemos encontrarnos con bucaneros y…
-¡Pero va un buque armado!
-No es la primera vez que los piratas asaltan un galeón español y lo sabes. Aún respaldados por dos buques de nuestra armada.
-¡Tonterías! Yo hablaré con Diego –echó un rápido vistazo al espejo, asintió y salió del cuarto antes que la detuvieran-.
Luis miró a Dominica un tanto azorado. A veces, Cristina les desbancaba con su ímpetu.
-Trata de que esa loca regrese a Toledo con nosotros, Luis, o rodarán cabezas.
El muchacho bajó al salón, donde estaban reunidos su padre y Diego de Ahumada, rezando para que aún no hubiera estallado la tormenta. Pero llegaba tarde. El vozarrón del conde de Riaza llenó la planta baja.
-¡De ninguna manera!
Don Diego miraba sonriente a la muchacha. Si Dios le hubiera dado una hija, le habría gustado que fuera como Cristina.
-¡Nunca he salido de Toledo salvo para este insulso viaje! –le rebatió ella-. Quiero ver mundo, padre.
-¡Mundo! ¿Mundo, dices? Viaja a nuestros olivares de Andalucía. Visita a nuestra prima en la costa catalana. ¡Mundo! Para eso no es necesario ir a la Habana.
Cris le miró irritada. El físico era de su madre, pero el genio lo había heredado de él y no se amilanó por el berrido.
-De modo que según tú, padre, debo regresar a Toledo, casarme con ese idiota de Pedro, tener la barriga constantemente hinchada para dar herederos a los de Madaruego y convertirme en una vieja amargada.
-¡Jesús! –rezó Luis en voz baja.
Don Alfonso se quedó sin habla. Aquello tenía tintes de insurrección. Nunca se sintió tan abochornado y su cara se congestionó de tal modo que Cristina presintió que se había extralimitado. La mano le tembló al señalarla con un dedo.
-Sube a tu cuarto. Hablaremos de esto más tarde.
Cris sintió que la ira le nublaba el sentido. Pensaba que era lo suficientemente mujer para tomar sus decisiones y la orden de su padre, tratándola como a una criatura, la puso furiosa. Lanzó contra él el último cartucho que le quedaba.
-Subiré, padre. Pero juro por la memoria de mamá, Beatriz de Vera y Azcárate, que o hago este viaje a la Habana o no me caso con Pedro.

(Extracto del 2º capítulo)

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Por lo que veo, en esta novela nos encontraremos con otra protagonista de armas tomar. Qué bien porque me encanta que sean así.

Un beso Nieves.
Coni

Anónimo dijo...

¿Y ahora que hago yo son poder leer el resto de la novela? Encima con la foto que le has puesto al capítulo de hoy tengo los dientes rayando el suelo, snif, snif.

Besitos
Helena

solima dijo...

Nuevamente me he quedado enganchada a otra novela. Te aseguro que todos y cada uno de los libros que publiques iré a comprarlos como una posesa.

Besossssssss

Anónimo dijo...

¿Tienes ya club de fans? Me pido ser la presidenta, jajaja.
Me quedo enganchada a cada novela que cuelgas.

Un beso.
María

CONRA dijo...

Hola Nieves:
Los viernes o sábados están reservados para leer tu blog.
Eres el manantial de las palabras...
Me gusta “Acero Azul”.
Me pones la miel en la boca. Solo queda esperar...
Muchos besos.

Bego dijo...

¡Buaf!, ¿y ahora que hago?, ¿como se conocen?
Como ya has puesto un presedente, ahora podías hacer que se conozcan, y regalarnos otro poquito, quien dice un poquito dice muchito...

Anónimo dijo...

Esto es el colmo!
Yo es que me engancho a todaaaaaaaaaaaaas y luego no puedo seguir leyendo. Es comodar un caramelo y quitarlo.
snif, snif, snif.
Me encanta.

CARLOTA

Nieves Hidalgo dijo...

Mil gracias a todas, chicas, sois unos verdaderos soles.
Acabo de colgar el capítulo donde se cuenta cómo se conocen. Bego ¿es lo que querías, no? Pues ya lo tienes.

Espero que lo disfruteis todas.

Un beso.

Bego dijo...

Cuanto me concientes, gracias infinitas.

Nieves Hidalgo dijo...

Las que te mereces, Bego.

Un beso.