jueves, 8 de enero de 2009

Hijos de otro barro © (Sinopsis y capítulo 1º)



SINOPSIS:

Inglaterra exprime a los americanos con constantes impuestos para mantener su ejército en guerra contra Francia.
Chester Clayton se unirá a los rebeldes para luchar contra el invasor y acabará como esclavo en Virginia, en la plantación de un irlandés.
Terry Darnell, sobrina de los Rains, ha ido a vivir con sus tíos al quedar huérfana.
El encuentro entre los dos desatará pasiones y odios, pero Chester no puede hacer nada para oponerse a la mujer que lo irrita y seduce a partes iguales. Hasta que la oportunidad le lleva a convertirse en capitán del ejército rebelde y se ve obligado a salvar la vida de quienes le tuvieron de esclavo.
Clayton consigue que toda la familia escape a Inglaterra. Pero no está dispuesto a que Terry escape con ellos. Tiene otros planes para la indomable inglesa.



1774. Después de salir de Rhode Island.

Observó Yorktown a través de la ligera neblina que cubría el mar durante las tempranas horas del amanecer.
Los marineros del Embrees habían arriado velas hacía rato y recorrían afanosamente la húmeda cubierta bajo la enfebrecida mirada de su capitán, sin preocuparse de si estaba vivo o muerto. La existencia de un prisionero condenado a cadena perpetua carecía de importancia para aquellos hombres, acostumbrados a transportar en sus bodegas carne de presidio.
Sin embargo, seguía vivo. A pesar de todo, respiraba y era el dolor lo que le mantenía despierto, notando el frío sobre su lacerado cuerpo.
Hacía horas que sus brazos colgaban de la argolla del palo de mesana y su propio peso, tocando apenas la sucia cubierta del barco, amenazaba con desmembrarse. Al principio, el dolor resultó insoportable y bajo las embestidas de la nave, que luchó contra un mar embravecido, se tuvo que morder los labios para que sus verdugos no le escucharan gritar. Después, aquella angustiosa y enloquecedora sensación había ido desapareciendo hasta tornarse en un dolor sordo.
Intentó pensar en otra cosa, olvidar su condición de esclavo y los hechos que le llevaron a tan humillante situación. Pero todos sus recuerdos convergían en aquel 5 de Marzo en Boston…



Boston. 1770.


Dick Roberson entró como un torbellino en la habitación que ocupaba, desde hacía dos meses, con Chester. Llegaba sofocado y alegre.
Chester levantó la mirada de los bocetos que estudiaba y que, en desorden, cubrían la pequeña mesa de trabajo que ocupaba la esquina del cuarto. El día anterior, discutió con su profesor y estaba dispuesto a demostrarle que era capaz de poner término a aquellos planos antes de cuarenta y ocho horas. A pesar de que sus estudios en Harward University, construída en 1636, les garantizaba a ambos una estancia cómoda dentro de las dependencias, tanto Dick como él prefirieron alquilar aquella habitación y dormir fuera de los muros. No resultó una decisión fácil y la oposición de la directiva y de sus propias familias casi les hicieron desistir. Tal vez fue su testarudez lo que llevó a Dick a la muerte, aquel día gris y desapacible de Marzo.
-Levanta tus posaderas de esa silla, Chester –le dijo-. La gente se está manifestando en las calles.
Chester elevó una ceja. Habían esperado aquella reacción demasiado tiempo. En 1765, cuando apenas tenían quince años, protagonizaron la primera escapada de casa. Se pusieron de acuerdo y trataron de unirse a un puñado de hombres que decidieron levantar sus protestas contra el gobierno británico. Los gastos de Inglaterra por la guerra mantenida con Francia hicieron sacar un nuevo impuesto: el del Timbre. Los americanos se negaron a pagar. Inglaterra exigía el mantenimiento de un ejército de diez mil hombres y las colonias eran las más adecuadas para ser estrujadas. Pero apenas estuvieron una hora entre aquellos valientes, descubiertos por el cabecilla soportaron una dura reprimenda y, confesada su procedencia, fueron devueltos a sus casas.
Patricia Clayton era inglesa, de familia arraigada en las tradiciones del viejo continente. Altiva, elegante, indomable y flemática. Chester estaba seguro de que una palabra de ella habría evitado que su padre, Robert Clayton, le castigase por su huída. Pero se mantuvo callada durante todo el sermón que hubo de soportar.
Recordaba aún la vergüenza mientras su padre trataba de mantener la calma y, por contra, elevaba la voz cada vez más. Resultó un verdadero consejo de familia. Olivia, tres años menor que él, le miraba con los ojos arrasados por las lágrimas y Merlina, la benjamín de la casa, miraba a su padre como si no le conociera, sin entender cómo era posible que estuviera vociferándole cuando siempre había demostrado su preferencia hacia él. Clayton aludió a su corta edad, a que no sabía exactamente lo que quería, a sus estudios –había nacido, según él, para la arquitectura-, que estaba desaprovechando.
-Lo único que se te ocurre es fugarte por la noche, como un ratero, sin pensar en el disgusto que nos darías.
-Yo no estoy disgustada –intervino Merlina-.
Robert la fulminó con la mirada y Chester le sonrió, agradeciendo su ayuda.
-Tu madre no ha vivido durante estos dos días –le reprochó-.
-Lo lamento. No quise causar problemas.
-Pues lo hiciste. Estás mal criado. Y lo peor, es que la culpa es mía. ¡Por el amor de Dios! ¿qué pretendías hacer?
-Dick y yo…
-No te he preguntado por Dick. Imagino que Ben ya estará dando un escarmiento a ese mocoso. Te pregunto por tus ideas, Chester. ¡Qué pretendías hacer uniéndote a esos locos?
La alusión hacia los hombres a los que respetaba, a los que idolatraba, le cayó como un jarro de agua fría y se olvidó de mostrarse sumiso y arrepentido, incluso del castigo que se cernía sobre su cabeza.
-No son unos locos, padre. ¡Son unos valientes! –gritó-.
-Pero que…
-No estamos de acuerdo con la tiraría inglesa –continuó, desatada ya la lengua-. Lo siento, madre, pero es así. Inglaterra nos está chupando la sangre como un vampiro. Somos hombres libres. ¡Americanos libres! Sin embargo, debemos mantener un ejército que no hace más que vejar nuestros ideales y…
-¡Es suficiente! Sube a tu cuarto. Seguiremos la conversación arriba.
Patricia puso su mano en el brazo de su esposo, en una súplica muda.
-Debo hacerlo, Pat. Vosotras sentaros a la mesa, no tardaremos demasiado.
Chester ascendió lentamente, alargando el momento, rezando por que su padre cambiara de idea. Contó una a una las rosas estampadas a lo largo de la alfombra que cubría la escalinata. Pero como todo, la escalera terminó y se encontró ante la puerta de su cuarto, que no se atrevió a abrir. Fue su padre quien accionó el picaporte y le franqueó el paso.
Le miró de frente, con el gesto orgulloso que heredó de su madre. Si debía ser castigado, asumiría lo que su padre hubiera decidido.
-Sobre la cama.
Chester se sintió ultrajado. Humillado. ¡Tenía quince años! Esperaba que su padre le abofetease, pero que le ordenara tumbarse en la cama… No era castigo para un hombre, pero obedeció sin rechistar y soportó los doce azotes con el cinto, engarfiando los dedos al cubrecamas y mordiéndose los labios para no emitir queja alguna.
Cuando Robert Clayton bajó a cenar, se sentía orgullos de su hijo, a pesar de todo. Pero el joven no salió de su cuarto y todos en Los Sauces, supieron que era el comienzo de posteriores conflictos.

(Extracto del capítulo 1º)






12 comentarios:

Bego dijo...

Prometedora.....

Besos.

Turi dijo...

Hola Nieves. Soy M.Antonia.

Este blog tuyo está fenomenal, pues está muy 'vivo' y permites acceder a tus obras de una forma amena.
Para tu curiosidad, no sé si sabes que mis dos hermanos pintan como aficionados y tienen sendos blogs: pinturasdesanti.blogspot.com y
pinturasdemihermana.blogspot.com.

Por mi parte, ya les he informado de la existencia del tuyo, y sobre todo de tus obras.


Hasta otro rato.
Besos

solima dijo...

Me apetece un montón una historia con un esclavo... Sí, sí, parece prometedora...

Besos

silvia dijo...

Hola Nieves, he estado dando una vuelta por tu blog y me ha gustado mucho todo lo que he encontrado en el. Espero que tengas mucha suerte y publiques todas toditas las estupendas novelas que veo que tienes escritas. Por mi parte te diré que Lo que dure la eternidad me ha parecido un libro estupendo.
Saludos

Anónimo dijo...

Ummmmmmmm, muy interesante. Mañana paso a leer el segundo capítulo ¿porque habrá un segundo verdad?

Besotes
Merce

Nieves Hidalgo dijo...

Bego, Solima, Merce, un beso a las tres y gracias por vuestros comentarios y por "seguirme" día a día. Merce, sí, habrá segundo capítulo, claro... siempre pongo dos.

Nieves Hidalgo dijo...

Turi, me encanta que te guste el blog. Tratamos de conseguir que realmente resulte ameno. Conocía el blog de Lucía, pero no sabía que Santi pintaba también. Es una noticia estupenda. Les haré una visita. Gracias por avisarme. Besos a todos.

Nieves Hidalgo dijo...

Silvia, bienvenida. Me alegra mucho saber que te ha gustado mi libro y que también te guste el blog. Gracias por tus buenos deseos, ojalá se cumplan.

Un beso.

Santi dijo...

Hola Nieves ... soy Santi .. me ha sorprendido mucho tu blog y sobre todo ver como ha evolucionado mi vecinita del 5º .. pues no he vuelto a saber a de tí desde que me fui de Madrid a los 21 años.
Te deseo mucho exito con tus novelas y tambien, si tienes tiempo, que visites mi blog y me comentes alguna de mis pinturas que pudiera gustarte.

Santi dijo...

Hola Nieves .. soy Santi ... me ha sorprendido mucho tu blog y tambien saber como has evolucionado desde mi recuerdo como mi vecina del 5º.
Te deseo tengas mucho exito en tus novelas y tambien que si tienes tiempo. visites mi blog y me comentes alguna de mis pinturas.

Fugaz dijo...

Nieves, he de decirte que desde la primera linea todas tus novelas nos mantienen enganchadas en cada uno de los capítulos que nos vas dejando.

Este ya ni te digo!! deseando cuelgues la continuación.

Ángeles Ibirika dijo...

Lo he vuelto a leer.
(inspiro profundamente)
Me ha emocionado tanto como la primera vez.
Nieves, no sé cómo lo haces, pero tus novelas enganchan desde las primeras palabras, y leerlas enteras se convierte en una necesidad y una obsesión.
No veo el momento de tener esta en las manos.
Besos, preciosa.