sábado, 10 de enero de 2009

Hijos de otro barro © (Extracto del capítulo 2º)

Virginia. Hacienda Ireland. 1774

-¿Vienes, Carolina? –gritó la muchacha desde la ventana-.
Abajo, en el jardín que rodeaba la sobria construcción sureña, una joven espigada, rubia y de vivarachos ojos verdiazules, alzó la cabeza a la llamada.
-Ahora voy, Ferry. Un minuto –se volvió hacia el niño que aguardaba y le tendió la cometa que tenía entre las manos-. He de irme, cariño.
-¡Diablos!
-Martino… ¡qué expresión es esa! –recriminó sin convicción. El pequeño estaba acostumbrado a escuchar los juramentos del padre de familia y los usaba a menudo-.
-Siempre me dejáis plantado en lo mejor del juego. Me prometiste que volarías la cometa conmigo.
-Los mayores tenemos cosas que hacer, además de entretener a un maleducado como tú, hermanito. Te prometo que esta tarde…
-Está bien, está bien –se rindió a lo evidente-. Lárgate ya. Las mujeres siempre estáis ocupadas en algo. ¿Sabes lo que pienso? Que os da envidia que vuele la cometa mejor que vosotras, siempre os gano. Por eso escapáis a la menor oportunidad.
-No seas impertinente, Martino. Eso no es cierto.
-Demonios que me encantaría tener un hermano mayor en lugar de una hermana llorona y una prima que se dedica a coquetear con todos los chicos –le gritó el niño, irritado-. ¡Un varón! Eso es lo que hubiera hecho falta en esta casa.
Carolina rompió a reír y caminó hacia la casa.
Martino la miró hasta que desapareció por la esquina del edificio, luego se encogió de hombros y pegó una patada a la cometa, rajando la tela. Eso le puso de peor humor. Rodeó la casa y fue a sentarse en las marmóleas escalera que daban acceso a la entrada principal.
Poco después, su hermana y su prima Therese salían. Sus alegres risas diezmaron el genio del crío que vio el campo libre para abordarlas. Tal vez aún tuviera algún arreglo la mañana.
-¿Dónde váis?
-A Richmond –le contestó Therese-.
-¡Oh, Terry! Quiero ir con vosotras –el diminutivo con el que solía llamar a su prima surtía muchas veces el efecto deseado para conseguir lo que quería-.
-Nada de eso, chico. Vamos de compras.
-Tú te quedas aquí, renacuajo –le dijo Carolina-.
Martino dio una patada en el suelo.
-Se lo diré a mamá.
-Corre y díselo, pequeño monstruo –rió Ferry-. Fue ella quien nos dio permiso para salir de Ireland.
Sin hacer caso de las protestas del pequeño, aguardaron la llegada del carruaje que las llevaría a la ciudad. No dieron importancia a que Martino, totalmente encolerizado, penetrara en el casa como un huracán, atropellando a la vieja Laly, una negra que servía desde hacía tantos años como tenía el benjamín de los Rains. La voluminosa mujer tuvo dificultades para apartarse.
-¡Muchacho pendenciero! –protestó, haciendo esfuerzos para mantener el equilibrio- ¡Un par de buenos azotes te vendrían bien! –movió la cabeza con gesto de desaprobación- ¡Pequeño salvaje!
Alcanzó a las muchachas antes de que el carruaje arrancara.
-No olviden esto, niñas –les dijo, tendiéndoles dos sombrillas-.
-¡Oh, Laly! No hace tanto sol y las sombrillas molestan a la hora de comprar.
-Lázaro cargará con los paquetes, de modo que ustedes nada tienen que hacer con las manos. ¿Quieren acabar con la piel tan negra como la mía? –regañó- ¡Qué dirán luego sus pretendientes!
-A Tommy le daría igual que estuviera paliducha o no, Laly –dijo Carolina-.
-Le da igual, le da igual… Eso es lo que usted dice, niña, pero será mejor que no intente hacer la prueba, por si acaso. Tal vez la dejase plantada por otra damita de cutis cuidado.
Terry se hizo cargo de las sombrillas y las puso sobre su regazo.
-Las utilizaremos, Laly, te lo prometo.
La negra se alejó mientras escuchaba la risa tosca y agradable de Lázaro y el sonido del latiguillo azuzando a los caballos. Si pensaban que se quedaba convencida, estaban equivocados. No dejó de refunfuñar hasta que entró en la casa, momento en el que Martino volvía a salir y ella olvidó a las muchachas para volver a reprender al joven amo.

(Extracto del capítulo 2º)





9 comentarios:

Irdala dijo...

Bueno, Nieves, tú sabes que yo no dejo comentarios en el blog, a pesar de que lo leo todos los días, pero esta vez no puedo resistirme a decir que este libro, como todos los tuyos, lo he leído, y me encanta, me encanta, me encanta, así que a ver cómo te las ingenias porque lo quiero ver publicado YA.

¿A que no te esperabas mi comentario?

Besosssssss.

solima dijo...

Ay, pues si Irdala lo dice y los ha leído todos yo también lo quiero publicado YA.

La verdad es que el tema me gusta.

Un beso.

Anónimo dijo...

Pues a mí me llama mucho la atención, pero si encima alguien que los ha leído todos lo quiere ver publicado ya, yo me ofrezco para la recogida de firmas, jajajaja.

Un abrazo,
Merce

Bego dijo...

Nieves porfa, pon un poquito más porque este trozito no me ha dado para dejar mi opinión, por ejemplo....,cuando se conozcan los protas?

Un beso.

Anónimo dijo...

Yo me apunto a pedir un poquito más, anda, porfa...

Besos
Mayte

Anónimo dijo...

Si se puede pedir yo también pido más. Me gusta como escribes y no me canso de venir a leer los extractos que nos regalas.

Un beso.
Coni

Anónimo dijo...

Me llamo Susana y me animé a comprar el libro Lo que dure la eternidad porque di sin querer con este blog y leí los comentarios que se hacían de el. Lo acabo de terminar y quería decirte que me ha gustado mucho y espero con muchas ganas un segundo libro tuyo.
Saludos

Anónimo dijo...

Si quien ha leído todos tus libros se decanta por este, yo también pido a quien corresponda que lo publiquen ya. El primer capítulo me ha llamado mucho la atención y me gusta el tema de las colonias inglesas.

Abrazos,
Pili

Nieves Hidalgo dijo...

He colgado un trocito del capítulo donde se conocen. Espero que os guste.

Gracias nuevamente por vuestros comentarios.

Un beso.