martes, 20 de enero de 2009

El secreto de la abadía © (Sinopsis y extracto del capítulo 1º)



SINOPSIS

Un pariente lejano muere sin un heredero varón. El título y las propiedades llegan a manos de Jared Ballinguer, pariente más cercano del viejo inglés. Aunque su naviera y los negocios en Charleston le ocupan todo su tiempo, se ve obligado a viajar al antiguo continente para hacerse cargo de la herencia que no desea y poner en orden algunos documentos. Su idea es venderlo todo, dar una asignación a la mujer que queda a su cargo y entregar el dominio de ese dinero a un albacea, para regresar lo antes posible a Carolina del Sur.
La pequeña Jeannette Wallston, sin embargo, no es la única persona que habita en Landsbury Manor. Jared deberá enfrentarse a la nieta mayor del difunto conde y a la tía de ambas muchachas.
Cuando llega a Inglaterra encuentra una propiedad en ruinas, montones de deudas y una joven que le odia simplemente por haber heredado un título y unas tierras que deberían haberla pertenecido de ser hombre.
Ballinger se encuentra envuelto en la intriga de políticos indeseables, en las garras de una mujer que quiere algo más que su amistad, en los crímenes que se cometen en la cercana abadía a Landsbury Manor y, lo que es peor, en la pasión que Samantha Wallston despierta en él.
El único modo que encuentra para doblegar la férrea voluntad de la muchacha y salvarla del peligro que se estrecha entorno a ella, es desposarla.



Charleston. Carolina del Sur.


Ryan Ballinger trataba de poner orden en la mesa, pero sus esfuerzos estaban resultando inútiles y la discusión comenzaba a tomar tintes de verdadera contienda.
Sus dos hermanos menores, David y Daniel, habían comenzado a discutir por el nombre que pondrían a la última adquisición de la Compañía y que se botaría tres días después. Una preciosa nave estilizada y sensual como solamente podría serlo una mujer… o un barco. David votaba por bautizarlo Bella Betty en honor a la joven a la que cortejaba desde hacía más de dos meses, hija única de un rico comerciante de Charleston. Daniel argumentaba que era un nombre ridículo para un barco y que la nave debería llamarse Sueño de Carolina. A Ryan, los dos nombres le parecían horrendos, pero no quiso tomar parte en la disputa, más aún sabiendo que sería el hermano mayor, quien dirigía la naviera Ballinger, quien acabaría eligiendo el adecuado.
Sin embargo, los dos pequeños parecían incluso dispuestos a agredirse con tal de llevarse al gato al agua, como sucedía casi siempre.
Cuando el tono de David alcanzó cotas insoportables, Ryan se recostó en la silla y decidió acabarse su sorbete de limón, haciendo caso omiso de la bronca. Desde luego, no dejó de observarles por si debía intervenir. ¡Por Dios! Era como ver a una persona discutir con su figura reflejada en el espejo.
David y Daniel eran gemelos. Tan idénticos, que incluso a él le resultaba a veces imposible distinguirlos. Los dos eran altos, delgados, de cabello oscuro y ojos verde lima, heredados de su madre. Ambos eran vivaces, orgullosos, díscolos y tercos como una mula. Aunque había algo que les diferenciaba: David era un libertino incansable y Daniel había sacado la vena seria del hermano mayor.
Ryan se terminó el sorbete, sacó un cigarrillo y lo encendió mientras trataba de conservar el oído bajo los gritos, ya desaforados, de los otros dos. Miró con gesto contrito al mayordomo, como una estatua al lado de la puerta. Cuando David, para enfatizar sus palabras, golpeó la mesa y las copas bailotearon sobre el inmaculado mantel, Ryan hizo un gesto de disgusto. De un momento a otro iban a saltarse las normas impuestas por Jared y haría entrar en razones a aquellos dos a base de sopapos.
-¡Jamás he escuchado nada tan estúpido, por amor de Dios! –bramó Daniel- ¡Es que piensas que Betty se va a lanzar a tus brazos por ponerle su nombre a uno de nuestros barcos? Esa muchacha no es tonta y sabe que la dejarás plantada en cuanto se te crucen otras faldas delante de las narices.
-¡Pienso casarme con ella! –le gritó David-.
Ryan alzó las cejas al escucharle.
-¡Casarte! –gruñó Dan- Pedazo de besugo, ni siquiera sirves como amante.
-¿Y tú sí? Creco recordar que hace menos de dos semanas la hermosa Lucilla Barrymore te mandó al carajo.
-¡Y yo voy a mandarte al infierno!
Daniel se aupó por encima de la mesa, como estaba temiendo Ryan, y agarró a su gemelo por la solapa de la chaqueta antes que nadie pudiera impedirlo. Las copas se volcaron, dos de ellas se hicieron añicos contra el suelo y un segundo después el comedor se convirtió en un campo de batalla.
David asestó un mamporro en la nariz de su hermano que salió disparado hacia atrás, volcando la silla y llevándose el mantel, los vasos, las copas y los platos. La magnífica fuente de Sevres acabó hecha pedazos en medio de un revoltijo de carne mechada.
Potrees, el mayordomo, que había soportado estoicamente toda la discusión, se acercó de inmediato para empezar a recoger los desperfectos.
En el mismo momento en que David saltaba sobre la mesa y caía encima de su gemelo y Ryan decidía que el único modo de poner orden era usando sus puños, se abrió la puerta y apareció Micaela, la esposa de Potrees y ama de llaves. Ryan respiró aliviado y volvió a retreparse en su asiento. Cuando Jared no estaba en casa aquella mujer rechoncha y con cara de ángel era la única que podía meter en vereda a los pequeños.
Micaela había acudido presurosa debido a los gritos. Dio un rápido vistazo a los destrozos, lanzó una airada mirada a su esposo y regaló otra igual a Ryan, culpándole por no haber parado aquella batalla a tiempo. Luego, sin pensarlo dos veces, atravesó al comedor, agarró el atizador de la chimenea con ambas manos y sin encomendarse a Dios ni al diablo, asestó un golpe en las costillas de David que, en ese momento, se dedicaba a dejar la cara de Daniel hecha un mapa.
-¡Augh!
El siguiente golpe se lo llevó Daniel, que lo recibió en las nalgas al incorporarse para sacudir al otro.
-¡Aaay!
Los dos muchachos pararon de pelear se la quedaron mirando, frotándose la parte lastimada.
-¡Mujer! –protestó David, tocándose las costillas-. Seguro que me has roto algo.
-¿Por qué me has pegado a mí? Era él quien me estaba sacudiendo –le preguntó Daniel-.
-¡Dejen de rebuznar, condenados! –les gritó-. Más fuerte debería haberles sacudido. ¡Por el amor de Dios! ¿Qué era tan importante como para montar una batalla campal? Mirad lo que habéis hecho –señaló el salón con el atizador aún a modo de espada- ¡No tienen decencia! Cualquiera diría que se han criado en los arrabales de Nueva Orleans.
Justo entonces volvió a abrirse la puerta y entró Jared, absortó en leer un documento que llevaba en la mano. Le acompañaba una muchacha menuda, de largo cabello castaño claro y ojos tan oscuros como los suyos que abrió la boca al ver el desastre, pero no fue capaz de decir palabra.
-Y usted ¿a qué espera para poner las peras al cuarto a estos dos? ¿Acaso no es el cabeza de familia? –le gritó Micaela. Como él no respondiera el atizador cayó directamente sobre su brazo, haciendo que soltase el documento y una apagada maldición -¡Le estoy hablando a usted!
El golpe sacó a Jared Ballinguer del trance y provocó una risita en la joven que atravesó el comedor y plantó un beso en la mejilla de Ryan.
-Siempre igual –le dijo-.
-Siempre igual, princesa –repuso el joven-.
Pared parpadeó, se frotó el brazo y miró a Micaela… hasta que sus ojos abarcaron la devastación en el comedor. Entonces su mirada oscura se ensombreció aún más.
-¿Qué demonios ha pasado aquí?
Ryan se mordió los labios para no reír abiertamente, pero Elisabeth no pudo disimular su divertimento. Dav y Dan tuvieron la decencia de sonrojarse, colocar las sillas y volver a sentarse a la mesa mientras Micaela y Potrees se llevaban el resto de vajilla y cristalería envuelta en el mantel.
-Ustedes están todos locos –les dijo la mujer al salir-. Si no fuera porque prometí a su bendita madre que les cuidaría como si fuera ella, hace años que me habría buscado otro trabajo. ¡Vaya ejemplo para la niña!
Casi tumbó a Jared al salir y él, al cerrarse la puerta, pidió una explicación a Ryan con la mirada. Pero no la obtuvo de él sino de Dav.
-Discutíamos –dijo en tono apesadumbrado-.
-¿De veras? Nunca lo hubiera supuesto –repuso en tono helado. Observó restos de vajilla en el suelo-. Pagaréis los desperfectos entre los dos.
-¡Oh, vamos! Eso no es justo. Ha sido un accidente.
-No pretendíamos romper nada –argumentó su gemelo-.
Jared buscó la carta que llevaba al entrar, la localizó y la recogió. Luego se sentó en la cabecera de la mesa. Lanzó una mirada severa a los dos pequeños y ellos se achantaron. Siempre era igual. Sus rasgados ojos oscuros tenían algo de satánico y en ese momento tenían un brillo peligroso.
-Nunca pretendéis romper nada –dijo con voz engañosamente serena-. Pero ni siquiera una naviera como la Ballinger es capaz de hacer frente a vuestros destrozos. Este mes no cobraréis vuestra asignación.
-No puedes hacernos eso. Prometí a Betty llevarla a Savanna la semana próxima.
-Y yo debo quinientos dólares a William Hursting –casi lloró Daniel-.
-¡Me importa una mierda si no tienes dinero para sacar a pasear a esa señorita más allá del puerto! –gritó Jared, totalmente irritado ya-. ¡Y otra que Hursting te saque las tripas por no pagarle!
El silencio fue total en el comedor tras su explosión. No era normal verle perder los papeles. Todos le conocían como el hombre de hielo. Ryan pensaba que el apodo le iba como anillo al dedo.
-Además… ¡por qué le debes quinientos dólares a ese mequetrefe? –preguntò poco después, más calmado-.
-Aposté que el Sweet Deborah llegaría a Jacksonville antes que el Red Sea.
Los ojos oscuros se achicaron al mirar al joven.
-¿Cuándo fue eso?
-El mes pasado.
-Mientras yo estaba en New York –el otro asintió, rojo ya como la grana-. Me sorprendes, Daniel. Hubiera esperado eso de David, pero no de ti. ¿Quién capitaneó el Sweet Deborah?
-Lo hice yo. La apuesta era que cada uno dirigiera su propio barco.
-Ya veo –dio un vistazo a la carta ya acabó por guardársela en el bolsillo interior de la chaqueta-.
-¿Estás enfadado por haber cogido el barco?
-Al menos podías haber ganado la apuesta. Y tú –miró a Ryan- ¿No supiste pararle?
-Me veo incapaz de hacer carrera de estos dos, pero si me das carta blanca…
-Eres mayor que ellos, ¡por todos los dioses! –masculló Pared-. Se espera que controles a estos dos bribones, al menos cuando debo viajar.
-Para conseguirlo sólo tengo una forma y recuerda que me prohibiste que les atizara.
-A veces me siento tentado de levantar la prohibición –zanjó-.


(Extracto del capítulo 1º)





9 comentarios:

solima dijo...

¡Cómo me gusta llegar a tu blog y ver que has vuelto a colgar otro trocito de novela!

La sinopsis pinta interesantísima. Mañana vuelvo a por el segundo capítulo.

Besitos

Anónimo dijo...

El título y la sinopsis prometen. Gracias por los buenos ratos que paso leyendo los capítulos que ofreces de tus novelas.

Un beso
María

Anónimo dijo...

Hola Nieves, es la primera vez que entro en tu página y me ha gustado mucho lo que me he encontrado.

Volveré otro día.
Saludos.

Verónica F.

Bego dijo...

Gracias, me ha encantado, y gracias por poner un buen trocito de este pastel.

Pásate por esta dirección hay un regalo para ti.

Un abrazo.
http://deregalosypremios.blogspot.com/

ISABEL dijo...

A mí también me ha encantado. Gracias por esta nueva entrega.

Un beso.

Anónimo dijo...

Otra novela con el mismo ritmo de todas las tuyas. No sé por qué las leo... ¡siempre me quedo con muchas ganas de seguir leyendo hasta al final!

Un abrazo.
Helena

Anónimo dijo...

Hola Nieves, gracias por un trocito tan largo de esta nueva novelas. Me gusta leerte.

Besoss
Pili

Anónimo dijo...

Hola Nieves, recién descubrí tus novelas y he de decirte que es lo mejor que he leído, me gusta mucho como se desarrollan las historias y no pudo parar de leer hasta que las veo terminadas, solo me gustaría saber cuales son los libros que tienes publicados por que eso de leer solo un trocito me ilusiona y después me dan ganas de saber que podría pasar después.
Te felicito mucho.

Anónimo dijo...

Hola Nieves, recién descubrí tus novelas y he de decirte que es lo mejor que he leído, me gusta mucho como se desarrollan las historias y no pudo parar de leer hasta que las veo terminadas, solo me gustaría saber cuales son los libros que tienes publicados por que eso de leer solo un trocito me ilusiona y después me dan ganas de saber que podría pasar después.
Te felicito mucho.