miércoles, 24 de diciembre de 2008

Rapsodia negra © (Extracto del 2º capítulo)

CHELMSFORD. INGLATERRA. FINALES DE JULIO DE 1808.

Jason no exageraba respecto a la mujer que se convirtiera en su esposa a finales de diciembre del año anterior.
Cassandra McCrea, ahora Rowland, había escapado de su casa, en la alta Escocia, a la edad de catorce años, acompañando a un hombre que creía rico e influyente y que resultó ser un vividor. Cambió su apellido para que su padre no la localizara. Ella tenía ansias de poder. Los McCrea eran una noble familia, arraigada a la tierra y ella quería salir de la mediocridad, acudir a fiestas y lucir vestidos. Era hermosa y lo sabía. Larga cabellera rojiza y rizada, ojos almendrados como el océano tormentoso, un cuerpo esbelto. Podía conseguir lo que quisiera.
Tuvo un par de protectores viejos y ricos en el más absoluto secreto. Buscaba una pieza mejor. Y encontró a Jason.
Pero las cosas se habían complicado. Rowland era austero y no soportó sus tonterías, sus gastos ni sus andanzas. Y era demasiado fogoso para su gusto, cuando ella odiaba el contacto prolongado con un hombre. Le gustaban los halagos pero regalaba pocas veces sus caricias; tal vez por eso sus dos protectores perdieron con rapidez el interés por ella.
Miró con nerviosismo las escaleras de la posada en la que se encontraba. Sabía que la persona que esperaba era la única que podía ayudarla en el trance por el que pasaba. Dana Brigde, el médico de los Rowland y su carcelero particular desde que Jason se marchara a España, regresaría en dos días. ¡Necesitaba arreglar las cosas cuanto antes!
Por fin vio bajar a la mujer que esperaba. Siguiendo sus instrucciones, aquélla iba vestida de oscuro y un velo le cubría el rostro. No podía correr el riesgo de que la vieran o todo se iría al traste.
Se levantó de la mesa que ocupaba y la otra la observó un instante, varada a mitad de la escalera. Cassandra vio que su mano agarraba con fuerza la barandilla y sonrió bajo el velo, segura de conseguir su objetivo.
Habló en tono quedo con el dueño de la posada y el hombre condujo a ambas mujeres a una sala privada, cerrando la puerta al salir y dejándolas a solas.
La primera en alzar el velo fue Cassandra. Luego lo hizo la otra. Permanecieron mirándose durante un momento largo y tenso, estudiando mutuamente sus rasgos. Era como si se estuvieran mirando en un espejo. Luego, la recién llegada dejó escapar un sollozo y se abrazó a ella con fuerza.
-Hermana –susurró, ahogada por el llanto-.

Después de la primera impresión, Nicole McCrea accedió a sentarse y bebió media copa de brandy que le sirvió su hermana. Casi respingó cuando Cassandra cogió sus manos pero sonrió de inmediato y escuchó con interés lo que su hermana tenía que decirle.
A medida que avanzaba el relato iba perdiendo el color y sus ojos se agrandaban por el asombro. Cuando su hermana terminó, sacudió la cabeza.
- No es posible -murmuró con un hilo de voz-
- ¿Me ayudarás?
Sintió un golpe en el pecho. Cassandra estaba suplicando, algo que no hizo jamás. ¿Cómo dar una negativa a la que siempre fue como ella misma?.
Desde que recibiese su carta, sabía que sucedería algo desagradable, y ahora que la tenía frente a frente y que le había explicado su problema, se sentía estafada. Ya ni siquiera conocía a Cassandra; había dejado de ser aquella muchacha díscola que corría por las propiedades de los McCrea, la que soñaba con unirse a un aristócrata adinerado. Parecía más una gata asustada, aunque hubiese conseguido sus propósitos.
- ¿Cómo has podido hacerlo?
Cassandra se encogió de hombros y sus ojos perdieron parte de la humildad que reflejaron mientras pedía ayuda a Nicole.
-Algo tenía que hacer para que mi marido no descubriera esa deuda -explicó-. Ha pagado otras, desde luego, pero nunca tan cuantiosas como aquella. Hubiese sido demasiado hasta para Jason.
-Pero sólo has conseguido quedarte encinta de un hombre que no es tu marido, Cassy -regañó amorosamente- ¿Qué piensas hacer? ¿Vas a separarte de tu esposo?
La pregunta hizo reír a Cassandra.
- No seas necia, hermanita. Jason Rowlan tiene una inmensa fortuna propia y además heredará de su padre, el actual conde de Maverick. No pienso renunciar a lo que me corresponde como su esposa; tengo lo que siempre quise.
- ¿Incluso el embarazo?
Cassandra volvió a reír.

(Extracto del capítulo 2º)





9 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo he leído por encima. Hoy voy con muchas prisas. Tiene muy buena pinta.

Besos.
Coni

ISABEL dijo...

Me gusta, me gusta mucho. La verdad es que hasta ahora me ha gustado todo lo que has colgado.

Un beso enorme y feliz navidad.

solima dijo...

Gracias Nieves por esta nueva entrega de la novela. Ya sé que hasta aquí voy a leer de ella y te diré que como siempre me he quedado con la miel en los labios.

Un beso.

Anónimo dijo...

Vaya, vaya, esta novela pinta muy interesante. Me quedo con ganas de seguir leyendo.

Besos.
Merce

Anónimo dijo...

Olvidé decir que me encanta la foto. La verdad es que me gustan todas las que pones.

Otro beso.
Merce

Anónimo dijo...

Es una pena que sólo podamos leer un trocito. La quieero entera.
por favooooooooooooooor


CARLOTA

Anónimo dijo...

Me gusta, qué pena que no continues con la historia. Esta foto también me gusta.

Besotes

Mapi

Bego dijo...

Este estracto ha hecho que aún me gusta mas.
¿Podemos las fans pedir que se nos envíen manuscritos sin publicar?, je,je,je.

Besos.

Anónimo dijo...

Yo me apunto a eso de los manuscritos sin publicar, es que siempre me quedo con la miel en los labios y quiero seguir leyendo.

Un beso
Helena