sábado, 13 de diciembre de 2008

El país de Irás y no volverás © (Capítulo 8)


OCHO

Efectivamente, aunque el diablo se enfadó muchísimo cuando tuvo delante de él el anillo de su tatarabuelo, propuso a Sony casarse con una de sus hijas. Esperaba el diablo que el joven eligiese a una de las dos malvadas y así poder retenerle para siempre en el país de Irás y no Volverás.
Las tres muchachas se pusieron largos guantes y hubieron de sacar las manos por una ventana. A la que Sony eligiese, sería su esposa.

El joven tocó con cuidado cada una de las manos, hasta encontrar el dedo de serrín de Amalda. Entonces le dijo al diablo, que aguardaba sonriente:
- ¡Con esta me quiero casar!
De inmediato, las dos hermanas de Amalda gritaron y protestaron.
- ¡No vale, padre, no vale! La ha reconocido por alguna cosa. Debemos hacerlo de nuevo.
El demonio accedió a la petición de sus hijas, porque le beneficiaba. Y Sony debió volver a elegir. Tanteó de nuevo los dedos y volvió a encontrar el de serrín.
- ¡Con esta me quiero casar! -Indicó de nuevo-.
Y de nuevo las dos hermanas de Amalda gritaron, lloraron y protestaron hasta quedar afónicas.
- ¡No vale, no vale, no vale! -decían a dúo-. Hemos de volver a hacer la prueba-.
El diablo estaba empezando a cansarse, y su voz tronó al decir:
- ¡Sea! ¡Pero la última vez! Con quien decida ahora, se casará.
Sony, sonriendo para sus adentros, volvió a tocar con mucho cuidado las manos enguantadas. Encontró el dedo de serrín y dijo:
- ¡Con esta me quiero casar!

Las protestas de las hermanas de Amalda para nada sirvieron en esta ocasión. El diablo determinó que la boda se celebraría aquella misma tarde.
La ceremonia no resultó exactamente como Sony hubiese deseado. Los invitados fueron las hijas del demonio, su criado jorobado y horrible y un par de criados más, tan siniestros como el primero. El mismo diablo les casó.
Sony estaba eufórico porque había conseguido casarse con Amalda que, a fin de cuentas, y aunque hija de Satanás, era una santa y además la muchacha más hermosa del mundo. Pero su vida corría peligro y así se lo hizo saber su esposa al anochecer.
- Mi padre y mis hermanas tratarán de matarnos esta noche, mientras dormimos. Sigue mis instrucciones y podremos escapar.
Una vez a solas en su cuarto, Amalda le dijo:
- Deslízate por el tronco del árbol que da a la ventana. Debes llegar a las cuadras. Allí encontrarás dos caballos. Uno es muy flaco, parece que se está muriendo. El otro está gordo y robusto -explicó-. No hagas caso del gordo, es el caballo de la tierra. Debes coger el otro, el delgado, que es el caballo del aire. Espérame a las afueras del castillo, donde está el puente de piedra. Yo me reuniré contigo lo antes posible.
- ¿Qué vas a hacer?
- Arreglaré las cosas para que mi padre y mis hermanas piensen que estamos en la habitación. ¡No te entretengas, Sony!

Mientras todos habían estado preparando la ceremonia, Amalda se había procurado tres pellejos de vino tinto de las bodegas del castillo. Vio a su esposo salir de la habitación por la ventana y deslizarse por el tronco del árbol que daba al jardín y puso en marcha su plan.
Metió los pellejos de vino debajo de las sábanas y los cubrió de tal manera que parecían los cuerpos de ellos dos. Luego, escupió tres veces en el suelo, apagó las luces y salió a reunirse con su esposo.
Mientras tanto, Sony había llegado a las cuadras y encontró los dos caballos. A pesar de lo que le había dicho Amalda, el caballo del aire le pareció tan esperpéntico que le dio miedo cogerlo. Parecía a punto de caer muerto, tan delgado y famélico estaba. De modo que se arriesgó y tomó el otro caballo, el más gordo, el de la tierra. Montó en él y cabalgó hasta el puente de piedra. Una vez allí, esperó la llegada de la muchacha.
Cuando ella llegó y vio el caballo, se enojó:
- Ay, tonto. Te dije que el otro caballo.
- Pero es que estaba tan flaco....
- Bueno, ya no hay remedio. Debemos escapar lo antes posible, no queda mucho tiempo.
Mientras tanto, el demonio y sus dos hijas, armados de largos cuchillos, llegaron a la puerta de las habitaciones de los dos jóvenes.
- ¿Dormís o veláis? -preguntó el demonio-.
En eso, uno de los salivazos de Amalda se evaporó produciendo un sonido que parecía pedir silencio.
- Shhhh...
- Callad, callad, que siguen despiertos -dijo el diablo. Y se fueron de allí-.
Pero poco después, regresaron y el diablo volvió a preguntar a través de la puerta:
- ¿Dormís o veláis?
- Shhh -se evaporó el segundo salivazo de la santa-.
- Callad, callad, que siguen despiertos.
Esperaron un cuarto de hora más y regresaron.
- ¿Dormís o veláis? -preguntó por tercera vez Satanás-.
- Shhh -se evaporó el tercer salivazo de Amalda-.
- Callad, callad, que siguen despiertos -dijo de nuevo el demonio-.



(Mañana continuará...)

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Os recuerdo que mis cuentos son gratis para todo aquel que los quiera para sus niños, pero si os animáis a pasaros por la web de Save The Children, esta ONG que tanto hace por los niños desfavorecidos y podéis colaborar de alguna forma, me haríais muy feliz. Estos pequeños también tienen derecho a sonreír.

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6 comentarios:

Bego dijo...

Cuanta emoción, en este cuento.

Anónimo dijo...

No se puede negar que es una historia de lo más original. Mañana vuelvo.

Besos,
Merce

solima dijo...

¿Cómo acabará la historia? ¡Qué intriga!

Un beso.

Anónimo dijo...

Jesús, María y José, me tienes en ascuas. ¿No podrías ponerlo ya todo entero?

Pues nada, mañana estoy aquí como un clavo para ver qué sucede.

Besos. Helena

CONRA dijo...

Hola Nieves:
¿Dónde van con el caballo gordo Amalda y Sony? Estoy intrigada…
Espero la próxima entrada.
Buen domingo.
Besos

Nieves Hidalgo dijo...

El lunes ya pondré el final del cuento y veréis cómo acaba.

Bego, Merce, Solima, Helena, Conra, un abrazo enorme para cada una.