viernes, 12 de diciembre de 2008

El país de Irás y no volverás © (Capítulo 7)



SIETE

Tal como dijese Amalda, el demonio le encargó la prueba aquella misma noche, durante la cena.
- Recobrarás el anillo de mi tatarabuelo, que se le cayó al río cuando era joven -dijo con voz dura-.
Sony, como la vez anterior, pensó detenidamente y luego, mirando de frente al diablo hizo su pedido:
- Necesitaré un jamón, una hogaza de pan, una bota de buen vino, un frasco, una tabla y un cuchillo afilado. ¡Ah, y una cuerda muy larga!

El diablo le miró achicando los ojos.
- ¿Qué harás con todo eso?
- Usted me lo da. Del resto me encargó yo.
- De acuerdo, tendrás lo que pides. Y mañana al amanecer, si no has recuperado el anillo... ¡te quedarás aquí para siempre jamás! -acabó gritando, al ver la tranquilidad con la que el muchacho se tomaba su difícil petición-.
Aquella noche, después de que todos se hubiesen acostado, Sony salió del castillo, anduvo hasta el puente de piedra y aguardó. Poco después Amalda apareció a su lado.
- ¿Has traído todo lo que hace falta?
- Aquí lo tienes.
- Bien. Ahora escucha. Debes hacer todo cuanto yo te diga, por extraño que te parezca. ¿Me has entendido?
- Perfectamente.
- Estupendo. Debes ponerme sobre la tabla y cortarme en trocitos muy pequeños.
- Pero... –se aterró el joven-.
- Calla. Me pones sobre la tabla, me cortas en trocitos muy, muy pequeñitos y me metes en el frasco. Luego atas el frasco con la cuerda y me tiras al río.
- ¡No puedo hacer eso! -gritó Sony, realmente asustado-.
- ¿Quieres recuperar el anillo?
- Sí, pero...
- Entonces tendrás que hacer lo que te estoy diciendo.
- De acuerdo -repuso el muchacho, de mal humor. No le hacía gracia esa parte del asunto. ¡Como iba a cortar a la chica en trocitos y meterla en el frasco? ¿Estaba loca?-. Sigue.
- Bien. Debes tener mucho cuidado para que ni siquiera una gota de mi sangre se te caiga. Cada gota es una parte de mi cuerpo y no podemos calcular qué pasará si pierdes un poco.
Sony la miró detenidamente, tratando de saber si se estaba burlando de él, pero Amalda estaba muy seria. ¡Por Dios, hablaba en serio!
- No sé si seré capaz... -dudó el joven-.
- ¡Debes ser capaz! -se enfadó ella- Yo no sentiré nada, no tengas temor. Pero recuerda, Sony. No debes dejar caer ni una gota de mi sangre o podría ser fatal. Mientras, come, bebe y duerme. Cuando notes que tiro tres veces de la cuerda, debes sacarme lo más rápido que puedas. Yo tendré el anillo.

Aunque no las tenía todas consigo, cortó a Amalda en trocitos pequeños y luego procedió a meterla en el frasco. Con los nervios, una gota de sangre cayó al suelo y se evaporó con rapidez.
- ¡Qué desgracia! -exclamó, pálido-. ¿Qué podrá pasar ahora?
A pesar de todo, acabó de meter los trocitos de Amalda en el frasco, lo ató fuertemente con la cuerda y lo arrojó al río. No pudo comer ni beber debido a la preocupación. Durante todo el rato, no hizo más que pensar en qué parte de Amalda se habría perdido al dejar caer la gota de sangre.
Una hora después, notó que tiraban tres veces de la cuerda que sujetaba el frasco. Inmediatamente lo sacó del agua y abrió el mismo. De él salió Amalda, con una sonrisa feliz.
- Aquí está el anillo –dijo, entregándole una hermosa joya de oro con una piedra de color rojo-.
- Oh, Amalda, tengo que decirte algo. Lo siento, pero se me ha caído una gota de sangre y...
- No tiene importancia -rió ella-. Afortunadamente era la de mi dedo meñique de la mano izquierda. Lo importante es que has pasado las dos pruebas de mi padre, por lo tanto podrás marcharte a tu casa. ¡Has vencido, Sony!
- Y todo gracias a ti.
- Me ha gustado ayudarte. Pero ahora, debes saber una cosa.
- ¡Otra prueba, no! -se asustó el joven-.
Amalda se echó a reír.
- No es eso. Lo que pasa es que mi padre intentará ahora casarte con una de nosotras tres. A mi podrás reconocerme fácilmente porque me faltará el dedo meñique. Sacaremos las manos por una ventana, con guantes puestos. Sólo habrás de tocar y sabrás que soy yo. Lo rellenaré de serrín para disimularlo.
A Sony le agradó la idea, porque se había enamorado de Amalda. Y estaba dispuesto a cualquier cosa por casarse con ella y escapar de allí.



(Mañana continuará...)

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Os recuerdo que mis cuentos son gratis para todo aquel que los quiera para sus niños, pero si os animáis a pasaros por la web de Save The Children, esta ONG que tanto hace por los niños desfavorecidos y podéis colaborar de alguna forma, me haríais muy feliz. Estos pequeños también tienen derecho a sonreír.

Si quieres colaborar con esta ONG pincha aquí.

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7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay que ver cómo se está poniendo el cuento. Tú si que sabes poner los dientes largos.

Besos.
Merce

Anónimo dijo...

Yo no había oído este cuento en mi vida ¿estás segura de que no se lo inventaría tu abuela? A ver si va a resultar que has heredado de ella eso de inventar historias, jejeje.
Me está encantando.

Besos, Mayte

solima dijo...

Cada día me deja más enganchada este cuento ¡tengo ganas de ver cómo acaba!

Besos

Anónimo dijo...

Desde luego que está interesante y sabes mantener la tensión.

Un abrazo

Helena

ISABEL dijo...

Yo tampoco había oído nunca este cuento, pero estoy entusiasmada con él y no creo que lo olvide ya nunca.

Un beso.

CONRA dijo...

Hola Nieves:
El fin de semana siempre vengo a ti, a leer todo lo nuevo que encuentro en tu blog. Me gusta mucho.
El trabajo me ocupa mucho tiempo.
Buen fin de semana.
Un besote.

Nieves Hidalgo dijo...

Merce, Mayte, Solima, Helena, Isabel, Conra, no sabéis cómo me gusta veros por aquí todos los días. Espero que el final del cuento sea de vuestro agrado. Yo creo que os gustará.

Un beso muy grande y mil gracias a todas.