martes, 9 de diciembre de 2008

El país de Irás y no volverás © (Capítulo 5)


CINCO

El castillo de Lucifer estaba sobre un risco casi inaccesible de piedra oscura, sumido en una bruma espesa, a pesar de que el sol estaba en lo alto y brillaba de forma espectacular. Un extraño olor se hacía amo y señor del contorno, según Sony avanzaba hacia la puerta principal. Totalmente construido en piedra negra, resultaba una visión siniestra. Como no podía ser menos, ya que se trataba de la casa del demonio.

El joven llamó a la puerta y aguardó. Un extraño personaje, jorobado y tuerto, le franqueó la entrada después de echarle una larga mirada.. Ni siquiera hizo falta presentarse, parecía que le estaban esperando. Eso, asustó a Sony, pero siguió adelante por una enorme galería oscura que no parecía tener fin, mientras sus ojos aterrados observaban los altos y negros techos y las columnas con figuras diabólicas que franqueaban la galería.

El jorobado le hizo pasar a una enorme sala decorada en tonos rojos; máscaras demoníacas colgaban de sus muros, adornándolos. Sony pensó que estaba en el mismísimo infierno. Y no se confundía demasiado.
Después de esperar un rato, y de que desapareciese el criado, el demonio hizo acto de presencia, envuelto en su capa negra y roja.

- ¡Por fin has llegado! Creí que te olvidarías de tu promesa.
- Nunca he roto una -contestó Sony haciéndose el valiente, aunque estaba muerto de miedo al volver a ver a Satanás.
- Eso esta bien. Descansa un poco, supongo que estarás agotado del viaje. Después de la cena, en el salón principal, te encargaré llevar a cabo la primera prueba. Si no eres capaz de pasarla... -guardó un siniestro silencio que hizo tragar saliva al muchacho-, quedarás aquí para siempre jamás.
- Trataré de llevarla a cabo.

El diablo se echó a reír. Sabía por experiencia que nadie había conseguido jamás pasar sus pruebas. Por eso las ponía. Era el método más seguro para ganar. Llamó al jorobado, que guió a nuestro amigo hasta sus habitaciones y cerró la puerta al desaparecer. El sonido de la madera hizo sentir al joven un escalofrío, como si alguien hubiese caminado sobre su tumba.

Sony pasó a solas el resto del día. Por fin, a la hora de la cena, el demonio fue a buscarle y le dijo:
- Sígueme. Te presentaré a mis hijas.
Sony hizo como si jamás hubiese visto a las tres muchachas, aunque captó la mirada de complicidad de Amalda.
La cena fue espantosa, pero el joven no dio muestras de desagrado y esperó, impaciente, a que al término de la misma el diablo le explicase su plan. Soportó las miradas intrigadas de las otras dos hijas del diablo y rezó con fervor para que fuese lo que Amalda le había dicho, porque de otro modo no sabría como reaccionar.

- Bien -dijo el demonio al terminar el postre-, ahora te explicaré acerca de la primera prueba. Hay un árbol afuera, inmenso de tronco y alto de ramas. Deberás cortarlo en astillas muy pequeñas para la caldera del castillo.
- Lo haré -dijo el joven-.
- Pero en una sola noche -sonrió Satanás-. Mañana al amanecer, el árbol deberá estar completamente picado.

Sony, tal y como le dijese Amalda, hizo que pensaba en el asunto. Luego dijo:
- Necesitaré un jamón, una hogaza de pan, una bota de buen vino y, por supuesto, un hacha bien afilada.
El diablo le miró incrédulo y luego lanzó una sonora carcajada.
- Sea. Tendrás lo que has pedido.

La luna brillaba en lo alto. Pálida. Extremadamente hermosa y redonda. La misma luna radiante que él solía contemplar desde su habitación, allá en su comarca. Pero... ¡estaba todo tan lejos! Añoró a sus amigos y a su padre, porque no sabía si volvería a verlos otra vez.

Era ya noche cerrada cuando Sony salió del castillo y anduvo hasta el árbol que debería cortar. Se sentó a esperar a Amalda, tal y como ella le había pedido. Y apenas un minuto después apareció la joven. Indicó al muchacho que guardase silencio llevándose un dedo a los labios y después habló en tono muy bajito.

-Cómete el jamón y la hogaza de pan. Bebe un poco de vino y luego duerme. Yo me encargaré de todo.-
- ¿No puedo ayudarte?
- Me parece que no -rió ella-. Vamos, haz lo que te he dicho.
Los rayos de sol despertaron a Sony al amanecer. Se desperezó y miró a su alrededor.
Cuando vio que a su lado había un montón de astillas y el árbol ya no estaba en su lugar, se quedó asombrado. Entonces se dio cuenta de que realmente Amalda era una santa y tenía poderes que él no llegaba a comprender.

Pegó un brinco y corrió hacia el castillo para decirle al diablo que había pasado la primera prueba.



(Mañana continuará...)

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8 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡¡Me encanta este cuento!!! Me lo estoy pasando en grande. Aquí me tienes mañana para ver cómo sigue.

Besos
Mayte

Anónimo dijo...

A mí también me está gustando muchísimo.

Un beso y hasta mañana.

Merce

ISABEL dijo...

Bueno, bueno como se está poniendo el cuento. Muy pero que muy interesante. Yo también vuelvo mañana para seguir leyendo.

Besitos.

solima dijo...

Me gusta el cuento y me chifla cómo escribes.

Besos.

Anónimo dijo...

Me está encantando el cuento, bueno los otros también me han gustado, pero este es distinto y nos lo estás poniendo más poquito a poco. Tús si que sabes crear expectativa.

Saludos
Blanca

Anónimo dijo...

Qué cuento más original. Aquí sigo interesadísima en su desarrollo

Un abrazo, Helena.

Bego dijo...

Aunque tenga ganas de saber el final, me gusta mas leerlo de capítulo en capítulo.

Nieves Hidalgo dijo...

Me alegra mucho que os esté gustando.

Un abrazo a todas.