martes, 9 de diciembre de 2008

El país de Irás y no volverás © (Capítulo 4)


CUATRO

Amalda, que así se llamaba la chiquilla, se enfadó mucho cuando fueron a vestirse y no encontró su ropa.
- ¿Quien ha escondido mi vestido?
- Nadie lo ha tomado- contestaron sus hermanas a dúo-.
- ¿Fuiste tú, Aminda?
- No.
- Oh, esto no tiene gracia. ¿Fuiste tú, Amesta?
- A mi no me mires, Amalda. Lo que pasa es que no sabes en que lugar lo has dejado.
- Pero no puedo regresar así a casa.
- Es tu problema. Nosotras nos vamos- le dijeron-.
Y muertas de risa por el mal trago de su hermana pequeña, se alejaron del río en dirección a las propiedades de su padre, el demonio.
Sony aprovechó entonces para acercarse a la muchacha, con sus ropas en la mano.
- Disculpa... -dijo, rojo como la grana-. ¿Te llamas Amalda?
La joven corrió a esconder su desnudez entre los arbustos y desde allí le miró muy enfadada.
- ¿Quien eres? ¿Por qué tienes mi ropa?
- Vuelvo a pedirte perdón. Debía hablar contigo, pero no sabía la forma y pensé que....
- Oh, esta bien. Ahora, tírame mi vestido.
Momentos después, la muchacha, la más hermosa que Sony hubiese visto jamás, salía de entre los arbustos. Sus cabellos eran largos y rizados y le legaban por debajo de la cintura. Su cara, delicada, tenía forma de corazón. Y sus ojos...Nuestro amigo se quedó prendado de aquellos ojos verdes, grandes, cristalinos como el agua del mar. Lejos de parecer enfadada, la joven sonreía.
- Ha sido una broma de mal gusto, pero quedas perdonado. ¿Por qué estas aquí?
- He venido a ver a tu padre.
El hermoso rostro de ella se contrajo con una mueca de disgusto.
- ¿Le debes algo?
- Bueno... él me enseñó a jugar a las cartas para recuperar la fortuna que perdí por mi mala cabeza. Dijo que debía venir al país de Irás y no Volverás para pasar unas pruebas.
- ¿Sabes lo que significa el nombre de esta lugar?
- Lo presiento.
Amalda guardó silencio unos momentos, mientras se desenredaba la hermosa y larga cabellera. Luego, miró al muchacho con expresión jovial.
- Escúchame, Sony...
- ¿Como sabes mi nombre?
- Soy una santa. A pesar de ser hija del demonio. Y puedo ayudarte a escapar de las garras de mi padre.
- ¿Qué debo hacer yo?
Amalda se sentó en el suelo y le hizo señas para que la acompañara.
- Lo primero -dijo-, ir al castillo de mi padre. Después, déjate guiar por lo que él te vaya pidiendo. La primera prueba consistirá en que cortes un árbol inmenso en astillas muy pequeñitas. Y deberás hacerlo en una sola noche.
- ¡Lo haré!
La joven se echó a reír.
- Es una prueba que jamás ha conseguido nadie. Pero yo te ayudaré. Debes seguirle la corriente. Le pedirás un jamón, una hogaza de pan, una bota de buen vino y un hacha afilada.
- Pero... tienes razón, no podré partirlo en tan poco tiempo.
- Tranquilo. Deja que yo resuelva el problema. Me esperarás debajo de la copa del árbol. Yo lo arreglaré todo.
Se despidieron y ella se encaminó hacia el castillo mientras Sony pensaba que estaba un poco loca, santa o no.


(Mañana continuará...)

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Os recuerdo que mis cuentos son gratis para todo aquel que los quiera para sus niños, pero si os animáis a pasaros por la web de Save The Children, esta ONG que tanto hace por los niños desfavorecidos y podéis colaborar de alguna forma, me haríais muy feliz. Estos pequeños también tienen derecho a sonreír.

Si quieres colaborar con esta ONG pincha aquí.


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6 comentarios:

CONRA dijo...

Hola Nieves.
Ha sido un placer recibir tus dos regalos.
Gracias por tus amables palabras.
Sabes bien que me gusta mucho como escribes.
Hasta pronto.
Muchos besitos.

Nieves Hidalgo dijo...

Conra, para mí siempre es un placer leerte. Te agradezco muchísimo las cosas que me dices.

Un beso muy grande.

Anónimo dijo...

Espero con ganas el siguiente capítulo.

Un beso,
Helena

solima dijo...

Continúa, continúa, que estoy loca por ver cómo sigue.

Besitos.

Anónimo dijo...

Hoy voy a tener la suerte de leerme dos capítulos seguidos. Voy corriendo a por el otro que has puesto.

Un beso
Mayte

Nieves Hidalgo dijo...

Helena, Solima, Mayte, un beso a las tres.