domingo, 16 de noviembre de 2008

Tierra salvaje © (Extracto del capítulo 2º)


BOSTON. DOS AÑOS DESPUÉS.


Un movimiento a su espalda le hizo volver la cabeza distrayéndola de sus pensamientos.
La alta figura de un hombre envuelto en una capa oscura y cubierto con sombrero la hizo sentir un escalofrío en la espalda.
La calle estaba desierta, como si todos los habitantes de Boston hubiesen decidido desaparecer en el interior de los edificios, como si se hubiesen evaporado.
Instintivamente, echó mano al bolsillo de su capa y tocó la pistola que siempre llevaba consigo desde la confrontación con un asaltante, un año atrás. No era una pistolita con cachas de madreperla, de esas que solían llevar algunas damas en el bolsito. Era un verdadero revolver : un colt de cañón largo. Nada apropiado, desde luego, para una mujer; pero Abby sabía manejarlo divinamente y estaba dispuesta a utilizarlo en caso necesario.

Aceleró el paso para comprobar si el sujeto la seguía y tragó saliva al ver que él hacía otro tanto. Ya no lo cupo duda que tenía interés en ella. Maldijo entre dientes y se dispuso a dar un susto al sujeto. Andaría más aprisa, torcería a esquina próxima y se volvería de repente sacando el colt. Se lo pondría en las narices, a ver si el tipejo seguía con ganas de jugar a perseguidos y perseguidores.

Sin embargo, no pudo hacer lo que pensaba. Un coche de caballos surgió, sin saber de donde, frente a ella, y enfiló directamente hacia donde se encontraba. Un coche negro, con caballos tan negros como la noche. Parecían desbocados.
Saltó a un lado, pegándose al edificio y ahogando un grito.
En ese momento, alguien sacó el brazo por una de las ventanillas del vehículo y el brillo de un arma la hizo abrir la boca. Sin pensarlo dos veces se tiró al suelo justo en el momento en que el disparo atravesaba el aire. El estruendo la hizo encogerse, pero no por ello se amilanó, sino que giró como una peonza sobre el pavimento al tiempo que sacaba su colt del bolsillo de la capa, alzaba el brazo y disparaba a su vez. La bala rebotó justo en la ventanilla del coche y escuchó la maldición apagada de un hombre.

Un segundo más tarde, mientras miraba alejarse el vehículo calle abajo, aún tirada en el suelo, vio al hombre que la seguía con el brazo derecho alzado, apuntando con frialdad al coche. El disparo de su arma fue un fogonazo en la oscuridad de la noche. Y él sí acertó. El grito de dolor del ocupante del vehículo la hizo estremecerse. Pero el sujeto no se quedó ahí, sino que volvió a apuntar y alcanzó al conductor del coche. El sujeto dio un brinco en el pescante y cayó hacia delante. Los caballos, asustados, invadieron la acera donde estaba el hombre obligándole a saltar para no ser arrollado bajo los ejes. Al final, el coche se estrelló contra las columnas de una tienda de ropa y volcó.

Abby vio toda la escena como si hubiese ocurrido en cámara lenta. El coche volcado, las ruedas dando vueltas en el aire, los caballos tratando de volver a su posición horizontal... el cuerpo inerte del conductor tirado en medio de la vía pública.
Una mano la agarró por el brazo y la alzó sin demasiados miramientos. Entonces, los ojos grises de la muchacha se clavaron en las facciones del sujeto que, con toda seguridad, la había salvado la vida.

-¿Se encuentra bien, señorita St. James?

Ella asintió con la cabeza y se sacudió el polvo de la capa. Su peinado se había deshecho y los largos mechones de cabello casi platino caían en desorden sobre su rostro y sus hombros.

-¿Quién demonios era?
-Gente de Manson –repuso el sujeto-.
-¿Y usted? –quiso saber la muchacha mirando al hombre de frente-.
-Yo estoy de su parte, señorita –sonrió él. Tenía un rostro agradable y el bigote le daba cierto aire de serenidad-. El señor Barrymore me contrató hace dos meses para protegerla.
-¡Dos meses! ¿Quiere decir que lleva dos meses siguiéndome y no me he dado cuenta?
-Soy muy bueno en mi trabajo.

Abby echó una mirada al coche patas arriba y al cuerpo del conductor. Sintió un escalofrío.

-No me cabe duda. Dispara usted muy bien.
-Y usted no lo hace mal tampoco –evaluó el arma de ella-. Un colt –dijo-. No es un arma apropiada para una dama.
-Pero es más efectiva que esas pistolistas pequeñas y ridículas–sonrió guardándola-. Creo que deberíamos marcharnos de aquí –musitó al escuchar los gritos de los vecinos que comenzaban a asomarse ya por las ventanas, y el sonido desagradable de una campanilla de policía acercándose-. No me apetece dar explicaciones.
-Ya somos dos.

Cogiéndola del brazo, se alejaron calle arriba, y acabaron perdiéndose entre las plazas y jardines que adornaban buena parte de aquel lado de la ciudad.
Ni que decir tiene la bronca que hubo de soportar Abby cuando llegó a casa de su hermana. Melissa casi se volvió histérica al saber que había sido asaltada en plena noche y hubieron de darla sales cuando se desmayó sobre el sofá, muy convincentemente por cierto. En cuanto a Ted, no dijo nada. Ni una palabra. Y eso era lo malo. Su ceño fruncido le dijo a Abby que habían acabado sus días de salir sola. Ted dio las gracias al detective privado que la salvase la vida y le acompañó hasta la puerta prometiéndole una cantidad extra por lo arriesgado de su trabajo. Abby corrió hacia la puerta y le detuvo tomándole del brazo.

-Espere. ¿Cuál es su nombre?

El sujeto sonrió y se llevó dos dedos al ala del sombrero, que ya tenía sobre sus rebeldes cabellos.

-Peter Fountaint, madame.

Abby sonrió como un ángel, se alzó de puntillas y le besó en la mejilla, consiguiendo que el hombre se pusiese un tanto colorado.

-Gracias por salvarme la vida, señor Fountaint. No lo olvidaré cuando tenga necesidad de un guardaespaldas.

Con la risa en los labios, el hombre salió. Apenas cerró la puerta, Ted se volvió hacia ella. Sus ojos azules echaban chispas de indignación y su mandíbula estaba tan apretada que la muchacha temió que se le rompiese algún diente. Encima, Melissa se había recuperado del desmayo y estaba formando un verdadero escándalo en el salón, donde las criadas trataban de calmar su histeria.

-Señorita mía –dijo Ted con voz cavernosa y acercándose a ella-, no va a hacerte falta contratar los servicios de ese hombre... ¡porque no vas a volver a salir sola nunca más!
-Ted, ha sido un caso aislado –protestó ella-. No voy a quedarme entre cuatro paredes por el simple hecho de haber sido...
-¡Asaltada! –gritó él. Abby abrió los ojos como platos. Hasta entonces, su cuñado le había parecido una persona sensata, casi fría, pero en esos momentos parecía fuera de sí- ¿Acaso no te das cuenta de lo que ha pasado, condenación? ¡Han tratado de asesinarte!
-Seguramente querían robarme.
-¡Seguramente querían tu cabeza en una bandeja de plata para entregársela a ese jodido Manson! –volvió a gritar él-.
-¡Ese hombre no sabe quien soy! Recuerda que no firmo los artículos con mi nombre.
-Ese sujeto tiene ojos hasta en los sitios donde no te imaginas –repuso Ted, algo más calmado, al ver el arrepentimiento reflejado en los ojos grises de su cuñada-. Abby, cariño –dijo, abrazándola por los hombros y guiándola hasta el salón, donde Melissa no dejaba de berrear-, no merecemos que nos des estos disgustos. Te queremos, lo sabes.
-Ted, el periodismo en mi vida, ¿no lo entiendes?
-¡Tienes que salir de la ciudad!-gritó en ese momento Melissa, levantándose del sofá y acercándose a ellos- ¡Acabarán matándote, Abby! ¡Tienes que marcharte!
-Cállate Mel –pidió el hombre-.
-¡Pero es necesario que desaparezca por un tiempo!
-Mel...
-Oh, por amor de Dios, ¡tienes que irte, escapar!
-¡Basta ya de histerismos, Melissa, maldita sea! –bramó Ted, haciendo dar un respingo a ambas muchachas-. ¡Señora Pitt, prepare una tisana a mi esposa, a ver si deja de dar alaridos! –ordenó-. Y ahora sentaros las dos. Vamos a analizar lo que se puede hacer.

Melissa, blanca como el papel, miró a su esposo con cara de horror. Era la primera vez que Ted la gritaba y ella no estaba acostumbrada a eso; su marido siempre había sido gentil y calmado. Se sentó en una esquina del sofá y se mordió los labios para no llorar. Abby hizo otro tanto, a pesar de que su ira bullía en el pecho.

De poco o nada sirvió que protestase, que adujese tener en mente tres reportajes excelentes para el Herald Mirror, que su director la necesitaba. Ted decidió que ella y Melissa partirían a New York, donde tenía familia, en el término de una semana, lo justo para hacer las compras necesarias y preparar el equipaje. Abby debía salir de Boston cuanto antes, en eso dio la razón a su esposa, alejarse de las zarpas de Manson.

Cuando se metió en la cama, Abby St. James estaba a punto de destrozar algo. No era su estilo escapar del peligro, muy al contrario, le gustaba enfrentarlo. Sabía con quien estaba jugando la partida y ahora podía estar más preparada. Sin embargo, las ordenes de Ted eran claras y ya se veía camino a New York, una ciudad que la abrumaría incluso más que Boston. Pero no sabía que hacer, de modo que acabó por meterse en la cama y cerrar los ojos. Ya pensaría al día siguiente en la mejor forma de librarse de aquel viaje obligado.

Como respuesta a sus plegarias, a la tarde del día siguiente llegó un telegrama a su nombre. Lo abrió y lo leyó con avidez. Cuando terminó, los ojos se le habían llenado de lágrimas, pero una esperanza brillaba en la oscuridad de su situación. El telegrama venía desde Santa Fe, al otro lado del país, y era del ayudante de Thomas St. James, su tío. Thomas había muerto hacía un mes arrollado por un carruaje desbocado, en medio de la calle. Y le dejaba su periódico.

(Extracto del capítulos 2º)





6 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre dejándonos con la miel en los labios. Ya imagino que no puedes colgar todo el libro pero ¿un poquito más no sería posible? ¿Cómo sigue? ¿Cómo se conocen? ¡Jooooooooooo!.

Un beso,
Pilar

Solima dijo...

Por aquí vuelvo otra vez para ver cómo seguía la historia. Yo también me quedo con más ganitas.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Oye Nieves ¿no te animas a colgar un libro entero? jejeje, yo era por si colaba. Me gusta lo que escribes.

Un beso,
Amalia

CONRA dijo...

Hola Nieves:
Aquí estoy en Tierra Salvaje capitulo 2º extracto.
Que suerte que le deje su tío el periódico a Abby... Esta súper interesante con esa intriga que me suele gustar a mí.
Hasta la próxima.
Besitos

Bego dijo...

Hola querida Nieves, me uno a la petición de Amalia.

Besos.

Nieves Hidalgo dijo...

Pilar, Solima, Amalia, Conra, Bego, gracias a todas por vuestras asiduas visitas y por vuestros siempre cariñosos comentarios.

Un beso a todas.