domingo, 23 de noviembre de 2008

El viejo que hacía las estrellas © (Capítulos 12 y 13)

DOCE

Desde el espacio, Oscuro -que en esos momentos estaba rompiendo una estrella pequeñita, que gemía ante tanta brutalidad-, escuchó el ensordecedor ruido. El alboroto provenía de la cueva donde había guardado el tesoro de Perdomo. Abandonó su tarea y bajó a toda velocidad a la guarida para averiguar qué diablos pasaba. Pensó incluso que podría tratarse de una erupción, a pesar del tiempo que Sappho llevaba apagado...

Lógicamente, Oscuro no penetró por el mismo sitio utilizado por Arturo. Él tenía una entrada secreta que daba a la parte posterior de la montaña.

Arturo le aguardó, acodado en el saliente de una roca. La verdad es que estaba muy asustado.

Cuando Oscuro, cubierto completamente por una capa negra que le protegía de los rayos, penetró en la cueva, Arturo se llevó un susto de muerte. Aquel horrible gato negro era mucho más feo de como se lo imaginaba. Era una sombra móvil, algo espantoso, siniestro y desagradable.

Alejándose lo más posible de los rayos de colores, Oscuro vio al niño.

- ¿Qué haces aquí? -gritó, muy alterado-. ¿Quien eres?
- Un muchacho de la Tierra -contestó Arturo, tratando de que su voz no temblara-.
- ¡Ah! El mocoso que Perdomo ha traído de ese lejano planeta azul. ¿Qué quieres?
- Saber lo que quieres tú a cambio de los rayos.
- ¡Nada! -rió el gato negro- ¡No quiero nada! Me quedo con ellos y punto.
- ¿Qué ganas con todo esto? -preguntó Arturo, mientras comenzaba a pasearse por la cámara, seguido por los ojillos rojos del malvado gato-. No te sirven para nada. ¡Ni siquiera te gustan!
- Conseguiré destruir el universo de Perdomo. Tu universo, niño entrometido. Ninguna estrella brillará más con esos asquerosos rayos de colores. Podré tener toda la noche para mí, la oscuridad total del espacio.
- No podrás, porque yo tengo aún un rayo. Un rayo que tiene la propiedad de desaparecer cuando yo lo digo y de brotar si lo deseo.

Disimulando la linterna entre la amplia tela de su manga, apretó el cilindro. De inmediato, el rayo de luz dio de pleno en el rostro de Oscuro, haciéndole chillar y retroceder hasta chocar con la rugosa pared de la cueva.

- ¡Apaga eso, condenado! -gritó- ¡Apaga te digo!

El terror había hecho mella en el maligno personaje. Sólo pensar que quedaba algún rayo que no era de su propiedad le hizo sentir dolor de estómago. ¡No podía ser cierto! ¡Él no fracasaba nunca! ¡Todos los rayos de luz debían ser suyos! Por tanto, se dispuso a arrebatar al jovencito el rayo que tenía.

Como un demente se lanzó hacia nuestro héroe, con el propósito de hacerlo prisionero. Lejos estaba Oscuro de figurarse que lo que había mostrado Arturo era la luz de una simple linterna.

Su ataque era lo que Arturo estaba esperando. Justo eso. Corrió por el interior de la cueva, riendo y burlándose del gato, haciendo aparecer y desaparecer el rayo de luz.

- ¡Vamos, agárrame! ¡Agárrame si puedes!

Oscuro perdió la paciencia. Se desesperó y comenzó a chillar mientras intentaba, en vano, capturar a nuestro amiguito. Arturo tenía una agilidad increíble y sin que Oscuro se percatara se fue acercando al rincón de la cueva en la que había construido la jaula de rayos de luz. Apenas faltaban unos metros...
-Un poco más -pensó Arturo- sólo un poco más y verás con quién te enfrentas.


TRECE

La valentía del niño se vio recompensada segundos más tarde. Oscuro se tiró de cabeza sobre él, pero Arturo consiguió esquivarle y gateando, se coló tras la amplia tela negra que cubría la jaula. El color oscuro entusiasmó a su enemigo, que le siguió sin pensarlo dos veces. Arturo entró por un lado de la jaula y salió por otro. Rodeó veloz la prisión mientras escuchaba el aullido de Oscuro al verse entre aquellos rayos cegadores. Cerró los barrotes, metió la mano por entre ellos y arrebató la capa que cubría al gato. Oscuro estaba probando su propia medicina.

Sin hacer caso de los alaridos, Arturo tomó una de las vasijas de rayos y salió de la cámara por donde su enemigo entrara. Rodeó rápidamente la montaña y se encontró con Perdomo y los demás.

Ni que decir tiene la alegría del anciano al ver aparecer a Arturo cargando una de sus queridas cestas de rayos. Los halagos y las palabras de agradecimiento se prolongaron durante muchos minutos. Luego, entre todos, fueron sacando el resto de las cestas y las cargaron todas en la plataforma, regresando a la cueva de Perdomo y dejando encerrado para siempre al infame gato.

Después de colocar todo en la cueva de Perdomo, de comer y de beber hasta saciarse, el enanito preguntó a Arturo qué deseaba a cambio de su magnífico comportamiento. Él sonrió y dijo:


- Mi recompensa es esa, Perdomo -señaló las estrellas-. Poder ver cada noche su resplandor en el cielo.


Oscuro quedó olvidado para siempre en la jaula de rayos, dentro del cráter Sappho, y no salió nunca jamás. Eso sí, aulló su desgracia y maldijo hasta cansarse, aunque de nada le sirvió. Las estrellas estarían seguras para siempre y nadie podría destruirlas.

Tras una larga y lacrimógena despedida, Arturo montó en Ruana.

- ¿Volverás algunas vez a la Tierra, Perdomo?
- Volveré, mi pequeño amigo. Cuando seas un hombre, cuando estés asombrando al mundo con tus conocimientos acerca del espacio, volveré.

Arturo abrazó al viejecito, rascó las orejas a Bongo y besó a Cacua en un ala, haciendo que ella revolotease sobre su cabeza. Luego, limpiándose las lágrimas que asomaban a sus ojos, ordenó a la tortuga partir.

Ruana volvió a saltar de planeta en planeta, de asteroide en asteroide, mientras Arturo, agotado por la aventura, se dormía.



(Mañana continuará...)


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Os recuerdo que mis cuentos son gratis para todo aquel que los quiera para sus niños, pero si os animáis a pasaros por la web de Save The Children, esta ONG que tanto hace por los niños desfavorecidos y podéis colaborar de alguna forma, me haríais muy feliz. Estos pequeños también tienen derecho a sonreír.


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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Supongo que ya sólo quedará el final. Estoy loca por tenerlo terminado y contárselo a mis hijos.

Me está encantando.

Un beso,
Isabel

solima dijo...

Yo también estoy encantada con el cuento. Muchas gracias por ofrecérnoslo.

Un beso.

Fugaz dijo...

He de empezar por el principio, sino sería hacer la casa por el tejado, así que mejor me los iré leyendo y al final te comento.

pero quería desearte una muy buena semana.

Besos!!