martes, 11 de noviembre de 2008

EL BASTIÓN DEL DESEO © (Extracto del Capítulo 2º)


CAPITULO 2º

El campamento estaba en silencio. Los hombres dormían a excepción de Will, que estaba montando guardia veinte metros más allá, sobre una pequeña ladera desde la que se podía ver todo el terreno circundante. A pesar de estar ya en sus tierras, Barry no se fiaba.

Josleen seguía sin poder dormir. El cuerpo que tenía a su lado emanaba un poder ilógico sobre ella. El prisionero había acabado por caer en un sueño inquieto y temblaba de cuando en cuando y ella habría deseado poder acercarse a él y echar un brazo por encima para darle más calor. Afortunadamente los hombres no se habían dado cuenta de que había acortado terreno entre ella y el prisionero; de otro modo, bien podría ganarse una buena reprimenda al regresar a Durney Tower, si Wain se enteraba de sus cuidados hacia un enemigo del clan.

Kyle se movió y la manta que lo cubría se ladeó lo suficiente para dejar al descubierto parte de su pecho. Josleen clavó su mirada en aquella demostración de fortaleza y tragó saliva. ¡Dios, como deseaba tocarle!, pensó. ¿Se estaría volviendo loca? No lo creyó. Su madre la había dicho siempre lo agradable que era tocar el cuerpo de un hombre, a pesar de ser tan distinto del de las mujeres. Y su madre era sabia en muchas cosas y ella la creía. ¿No estaba acaso ahora hipnotizada por los músculos del prisionero? ¿No deseaba más que nada en el mundo alargar la mano y sentir bajo el tacto de sus dedos aquellos músculos?

Se incorporó para apoyarse sobre un codo mientras le observaba dormir. Tenía un rostro hermoso y viril como nunca viese. Pensó que si sus ojos dorados no despidiesen fuego cada vez que la miraba, podría incluso enamorarse de aquel guerrero.

Kyle se movió un poco más y la manta dejó al descubierto su costado y su largo muslo apenas cubierto por el kilt. El ancho cinturón metálico en el que podía verse una torre trabajada con esmero la hizo alzar las cejas; no se había fijado hasta entonces en ese detalle, como no se fijaron sus compañeros de viaje. Pero olvidó con rapidez aquel escudo cuando volvió a fijarse en el pecho del hombre. Sin poder remediarlo acabó por acercarse, alargó la mano y le tocó.

Kyle se debatía en un duerme-vela casi agónico. Los ojos de Muriel, la muchacha con la que se vio obligado a casarse hacía seis años, cuando apenas cumplió los veinte, le atacaban en medio de su sueño. Ella le gritaba, le decía cuanto le odiaba, se negaba a que la tocase después de aquella noche de bodas inolvidable y horrible y durante la cual puso su semilla en ella, dando como fruto a Malcom...
Y de pronto, Muriel le tocaba y él sentía vibrar su cuerpo bajo las caricias arrebatadoras de su esposa. No la amaba, pero necesitaba el contacto con una mujer y ¿quien mejor que ella?...

Las manos de Muriel eran cálidas, suaves. Gimió en sueños, deseando que aquel contacto continuase durante horas, notando la excitación entre sus muslos...

Josleen suspiró cuando sus dedos tocaron la sedosa piel bajo la tela de la camisa. Todo en él era poder. Sus músculos gritaban la fuerza de un guerrero y ella supo en ese instante que él no era un simple ladrón de caballos. Nadie con aquel cuerpo podía ser un vagabundo ladrón de ganado como habían sido siempre los McDuy. Acarició sin bochorno el pecho del hombre y bajó, lentamente, casi con miedo, hacia el estómago. El gimió de nuevo y ella se detuvo, con el corazón en la garganta. Por un instante se dijo que lo que estaba haciendo no estaba bien. Si Barry o alguno de los otros se daba cuenta de su descastado proceder, Wain podría mandar que la diesen una buena zurra. Pero no podía pararse. Necesitaba tocar el cuerpo del hombre, notar su suavidad y su fuerza. Dejó que su mano, como con vida propia, bajase por el estómago casi cóncavo de él, por la cadera, por su muslo apenas cubierto...

Kyle, a medias entre la fiebre que le procurase su exposición al frío y la que levantasen las caricias femeninas, susurró un nombre entre dientes.

- Muriel...

Josleen respingó al escucharle, pero no separó la mano del cuerpo masculino. El hombre ardía, pero ella no lo achacó a la fiebre sino al calor que despertaban en él sus descarados toqueteos. Se sintió una mujer sin principios y hasta se sonrojó, pero así y todo, no pudo retirar la mano y ésta, poco a poco, recorrió de nuevo el muslo masculino y llegó a la cadera. Sus dedos tocaron el cinturón. La torre trabajada sobre el metal. Frunció el ceño y dejó la mano quieta sobre el estómago del hombre.

Kyle despertó en ese momento, pero no se movió. Tardó menos de un segundo en darse cuenta de que había estado soñando con su esposa, pero que no era la mano de Muriel quien le tocaba. Todos sus músculos se pusieron en tensión cuando supo quien era la mujer que le acariciaba casi con miedo. Apretó los puños para soportar el acceso de furia. Nunca se habían aprovechado de él de aquella manera tan mezquina, mientras dormía. ¡Por amor de Dios, aquella maldita muchacha le estaba tocando con todo el descaro del mundo.... y a él le gustaba!

(Extracto del Capítulo 2º)





9 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta vez me he dado el gusto de leer los dos capítulos seguidos. Ay, pero con qué ganitas me quedo de más.

Un beso.
Merce

Anónimo dijo...

Como siempre me quedo con ganas de seguir leyendo.

Abrazos,
Pilar

Bego dijo...

Nieves, ¡que intenso! Me encantan las novelas en las que las o lo autores también nos describen los sentimientos del hombre, no solo lo que siente y piensa la mujer, y tu lo haces.

Un beso.

Anónimo dijo...

Ha sido un placer recorrer tu blog y leer las cosas que escribes.

Un abrazo

Amalia Blasco

Teresa Cameselle dijo...

Te encontré¡
No sé si al final te dieron mi mail, así que por eso me decidí a buscarte.
Lástima que tu conexión estuviera estropeada el viernes.
Me encanta tu blog, está lleno de imágenes preciosas y mucha lectura, aunque sólo sirva para dejar a las lectoras con la miel en los labios, jaja. A ver si tomen nota las editoriales de sus peticiones.
Un beso.

Nieves Hidalgo dijo...

Merce, Pilar, Bego, un beso a las tres, gracias por vuestras asiduas visitas.

Amalia, el placer es mío al recibirte en mi "casa". Un abrazo y bienvenida.

Teresa ¡qué alegría recibir tu visita! No, aún no tengo tu correo, pero ahora mismo se lo pido a Nur.Si es que estoy liadísima y no me da tiempo a nada ¡me faltan horas!. Un beso muy grande.

CONRA dijo...

Hola Nieves:
Estoy leyendo la sinopsis de tu libro “Lo que dure la eternidad”. Empezando por la primera entrada del mes de agosto. Cada día leeré un trozo ya que mi tiempo es muy limitado. De ese modo me puedo enganchar a tu blog. No obstante, compraré desde que pueda el libro como te indiqué ayer.
Un besito

Solima dijo...

Tiene muy buena pinta. Me gusta.
Bueno, como todo lo que he leído hasta ahora, la verdad.

Un beso

Nieves Hidalgo dijo...

Conra, espero que te guste mucho.

Solima, gracias por tus palabras.

Un beso grande a las dos.