jueves, 2 de octubre de 2008

Reinar en tu corazón © (Libro 2º de la saga de los Gresham)



SINOPSIS REINAR EN TU CORAZÓN

Tatiana Elisabeta Sminova se convierte, tras el asesinato de su padre, en la heredera al trono de Orlovenia. Pero se ve forzada a escapar para salvar la vida y el destino la lleva a Inglaterra, donde acabará viviendo con una prostituta. Habiendo perdido las joyas que consigue sacar de Orlovenia y para salvar la vida de la mujer que se convierte en su amiga, su único camino es el robo.
Darel Gresham, barón de Winter y agente del gobierno, no se imagina que va a ser la víctima de un asalto donde perderá su bolsa y su caballo. Desde luego jura que encontrará al ladrón. Lo que no imagina es que se verá envuelto en una turbia trama de traición y asesinatos y que la mujer que lleva a su casa es nada menos que una reina.
Una reina capaz de abandonarlo todo por reinar únicamente en su corazón


ORLOVENIA. PALACIO DE VERNON.


El hombre acarició los cabellos rojizos de la chiquilla mientras sus cansados ojos se perdían más allá de la amplia cristalera por la que se podía ver el jardín, adornado en ese momento por una capa blanca de inmaculada de nieve. Hacía más de una semana que el níveo elemento caía sin parar y todo el verde había desaparecido bajo el suave manto.
Suspiró y la joven alzó el rostro para sonreírle.
- ¿En qué piensas, padre?
Los ojos cansados estudiaron cada rasgo. Ojos inmensos, verdes como el mar, cabello largo, sedoso, de un extraño color fuego heredado de su bisabuela escocesa, labios gruesos, cejas perfectamente delineadas, pómulos altos, nariz recta... Todo en la muchacha le hacía recordar a su amada esposa. A pesar de la diferencia de edad -se casó con Alexandra cuando ella contaba dieciocho primaveras y él ya cuarenta y dos años-, había sido un matrimonio perfecto, repleto de amor. Dios sólo les había dado la gracia de un vástago: Tatiana Elisabeta, que ahora tenía casi diecinueve, aunque su figura pequeña y delgada la hacía aparentar apenas quince.
- En que me gustaría tener a tu madre a mi lado en estos momentos, cariño -susurró con tristeza-.
Tatiana apoyó su mejilla en las rodillas de su progenitor. Ella también desearía tenerla a su lado, más ahora, cuando su matrimonio estaba a punto de ser un hecho y no un sueño. Pero Alexandra les había dejado hacía ya más de ocho años, ella era la heredera de su padre y nadie podía volver el tiempo atrás. Por eso iba a casarse dentro de una semana. Como mujer, no podía heredar el trono de Orlovenia sin la ayuda de un hombre, de un consorte. Sabía que el elegido hubiera sido del agrado de su madre. Sergei Barlov. Un joven que la llevaba seis años. Rubio, de clarísimos ojos azules y una sonrisa de niño travieso que enamoraba a cuantas muchachas le miraban. Ella sentía afecto por Sergei, aunque no estaba enamorada. Pero estaba segura de que su matrimonio llegaría a buen término. Sergei era culto, sereno, capaz de ayudarla en el difícil trabajo del gobierno y de las intrigas palaciegas.


COSTA DE INGLATERRA. A BORDO DEL DISCORDIA.

El capitán Mc.Millan bajó el catalejo y sonrió al hombre que le pagaba, dueño de la preciosa goleta que surcaba el mar como una gacela y que en esos momentos llevaba tapado el nombre con una plancha de madera que indicaba: Temeridad.
- A tiro de piedra, señor -dijo-.
El joven sonrió. McMillan era un hombre curtido en el mar en varias batallas y había corrido mucho mundo, tal vez demasiado. Por eso, al ver aquella sonrisa diabólica, se dijo que no era difícil adivinar el motivo por el que su patrón tenía siempre a las mujeres pegadas a sus pantalones.
- A toda vela, señor McMillan. Que los muchachos estén preparados. Vamos a hacer un abordaje con clase.
- ¡Por supuesto! -estalló en carcajadas-.
Acortaron distancia con rapidez hacia el barco al que habían tomado por víctima. McMillan conocía los hechos, pero no las causas. Ni le importaban. Trabajaba a las órdenes de Darel Gresham, barón de Winter, desde hacía más de dos años y nunca puso objeciones a sus mandatos. El joven sabía lo que se traía entre manos.
Quince minutos después vio como Darel, totalmente vestido de negro, se cubría el rostro con un antifaz e indicaba al pequeño grupo de hombres que le acompañarían en el abordaje, que hicieran otro tanto.
El barco holandés, al ver bandera inglesa en el Discordia, hizo señales de reconocimiento. Luego, cuando Darel ordenó arriar la inglesa e izar la calavera con las dos tibias cruzadas, ya era demasiado tarde.
- ¡Un cañonazo de advertencia, capitán! -gritó, subido ya en la baranda y asiendo un cabo de abordaje-.
- ¡Fuego! -ordenó el escocés-.
El caluroso saludo salpicó a escasos metros del casco holandés. De inmediato, se izó bandera blanca. El Discordia era ligeramente más pequeño, pero podía maniobrar con más celeridad e iba armado con ocho cañones, dato que no pasó desapercibido para los cabezas de queso.
Cinco minutos después los cascos de ambas naves chocaban con fuerza y Darel Gresham, seguido de doce hombres, abordaban el navío holandés. Hasta McMillan llegó la voz chirriante del hombre que gobernaba la otra nave.
- ¡Les colgarán por esto!
Darel soltó la risa, hizo una estudiada reverencia a una joven dama que, aterrorizada, se escondía tras los faldones del capitán, y tomó al sujeto del brazo mientras le apuntaba con la pistola.
- Me gustaría ver su camarote, señor.
El holandés pareció asombrado.
- ¿El camarote? ¿No la carga?
- Tal vez luego. Ahora, por favor, su camarote.
Precedido por el hombre, Darel bajó al camarote y revisó los armarios y el escritorio sin dejar de apuntarlo. Dos bolsas de oro, un par de cadenas con rubíes, un camafeo... Una carpeta con documentos.
- ¡Eso no! -se adelantó el holandés. Pero retrocedió cuando la sonrisa desapareció del rostro enmascarado y Darel levantó el arma-
- Me gusta la carpeta.
- Pero los documentos...
-No os preocupéis. Los papeles nunca me interesaron, prefiero el oro -dijo levantando dos cadenas-. Y ahora, si sois tan amable de mostrarme la bodega...
Pálido como un cadáver, el capitán accedió bajo la amenaza del arma. La tripulación, totalmente a merced de los piratas, ni se había movido de sus posiciones.
Revisar la carga y pasar al Discordia unas cuantas cajas de buen vino, telas y dos baúles de especias, les llevó menos de media hora. Después de eso, los piratas regresaron a su nave. Darel fue el último en abandonar la nave tomada, luego de besar descaradamente a la dama, que seguía aterrorizada, y al hombre al que había robado.
Antes de saltar, dio un último consejo:
- Yo que vos, señor, seguiría rumbo a donde quiera que vayáis, sin intentar nada. Una dama tan bonita como esta, no debe sufrir ningún percance.
Rojo por la rabia, el holandés hizo un gesto seco con la cabeza, indicando que estaba de acuerdo en que arriesgarse a entablar batalla con ellos era de idiotas. A fin de cuentas, el documento que acababan de robarle junto con la carpeta de piel, no merecía arriesgar su vida.
Darel abandonó definitivamente la nave abordada y dio instrucciones para poner rumbo sur.
- En cuanto nos alejemos, señor McMillan -dijo al pisar cubierta-, que vuelvan a dejar visible el nombre de nuestra nave.
- ¡A la orden!
Ni Darel, Ni McMillan, ni al parecer el holandés, se dieron cuenta de que al Discordia regresaban catorce hombres en lugar de trece.





10 comentarios:

Bego dijo...

Nieves, como siempre captando nuestra atención.
Tatiana me pareció una chica muy dulce y tierna, pero creo que nos dará una sorpresa, y Darel me ha parecido un pícaro, quizás me he equivocado con los dos pero....
Es poco lo que nos adelantas como siempre, ¡¡me gusta!!

Un beso.

Anónimo dijo...

A mi también me gusta. Quiero másssssssssss.

Besos
Maylo

Nieves Hidalgo dijo...

Me encanta leer vuestros comentarios. Os agradezco que os toméis unos minutitos para decirme lo que pensáis. Gracias a las dos.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Pues si Christopher, el de la primera parte parece nteresante, este Darel tiene pinta de libertino y me encanta.
Tatiana. me gusta el nombre.
Y eso :Una reina capaz de abandonarlo todo por reinar únicamente en su corazón.........

huum, suena muy bien
CARLOTA

Anónimo dijo...

Cómo me gusta, tiene una pinta estupenda. Voy a leer el tercero.

Besos,
Pilar

Anónimo dijo...

¡¡Me gusta mucho!! Es que las sagas me pierden!

Un beso
Coni

rociodc dijo...

Nieves me encanta la buena pinta que tiene el argumento. Que ganas de que llegue Mayo para tenerlo. ¡Esta serie va a ser espectacular! Gracias. Muchos besos.

Nieves Hidalgo dijo...

Rocio,

gracias por animarme.
Espero que te guste porque la he cambiado completamente.

Otros besos más

Almudena dijo...

Estoy deseando poder disfrutar de esta novela entera, y si la has cambiado entera seguro que ha sido para mejor, jaja.
Qué poquito queda ya para poder tenerla en mis manos.
Suerte con el libro, Nieves.
Besos!

Nieves Hidalgo dijo...

Almudena,

sí, sí, sí, ha cambiado bastante, como todos los borradores cuando los arreglo. Yo creo que ha sido para mejor, pero sois vosotras las que teneís que decirlo después.

Besos y abrazos.