miércoles, 22 de octubre de 2008

Lobo © (Extracto del 2º Capítulo)


PARÍS. 20 DE NOVIEMBRE DE 1793



Phillip de Clermont abrazó a su hija tratando de disimular las lágrimas que arrasaban sus ojos claros. Cuando la soltó, la muchacha desapareció entre los brazos de su esposa, Adriana Torres, la española con la que contrajeses matrimonio hacía ya veintitrés años. Ella no fue capaz de mantenerse serena pero guardó la compostura lo mejor que sabía.

- No perdamos tiempo -apuró el francés-, la turba estará aquí en cualquier momento.
Michelle de Clermont miró a sus padres sintiendo un nudo en la garganta. Era la primera vez que se separaba de ellos y, tal vez, para siempre. Pero sabía que tenía que hacerlo, que ellos podrían acaso escapar con más facilidad a través del bosque y que ella misma, vestida como una campesina, bien podría tener suerte y mezclarse con los hombres y mujeres que asolaban el país entero, llegar a la costa y tomar un barco que partiese de Francia, alejándola del Terror. No resultaría fácil, pero aún quedaban unos cuantos amigos que habían prometido ayudarles.
La joven volvió a abrazar a sus progenitores.

- Os estaré esperando -prometió-.
- Márchate ya, amor -rogó el señor de Clermont-.
- Mademoiselle, por favor -instó Claire-.

Michelle miró con cariño a la mujer que la acompañaría en su viaje y asintió en silencio. La otra, tan asustada como ella misma, parecía ansiosa por partir. Dio un último beso a sus padres, se subió la capucha de la capa raída que ahora le cubría y salieron de la mansión por una puerta de servicio. No miró atrás en ningún momento; si lo hacía, sabía que no podría abandonar a sus padres y dejarles allí, en peligro. Era fácil que los revolucionarios les apresasen y les condujesen a la guillotina, como ya había pasado con algunos de sus amigos.

Hasta que el desastre financiero de Francia obligó a Luis XVI a convocar en 1789 los Estados Generales, con el fin de solicitar nuevos impuestos, la vida de Michelle y de su familia había transcurrido plácida y sin sobresaltos. Pero la Asamblea quedó dividida; por un lado la nobleza y el clero, por otro el Tercer estado. Los representantes del Tercer estado se autoproclamaron Asamblea Nacional y, reunidos en el Juego de Pelota juraron dar al país una constitución que igualase a todos los franceses, rebajando el poder de la nobleza.

Aunque nobles y clero quisieron formar parte de la Asamblea, el pueblo de París vio en eso una maquinación.
El 14 de Julio de 1789 tomaron La Bastilla, símbolo del autoritarismo real. Luego se sublevaron los campesinos de varias provincias, se declararon abolidos los derechos feudales, se publicó la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. El pueblo de París marchó contra Versalles y obligó al soberano a regresar a París con su familia.

Desde entonces, todo había ido de mal en peor.
Mientras caminaba en medio de la noche, Michelle sintió un escalofrío al recordar los sucesos. En aquel tiempo, ella había estado a punto de casarse con un joven de acaudalada familia llamado Gerard de Montralon. Ahora, tanto él como el resto de sus parientes, estaban muertos.

Con seguridad, ni los propios revolucionarios habían imaginado en qué acabaría todo aquello, pero lo cierto es que se escuchó que existía un complot aristocrático que, con ayuda extranjera, quería acabar con la Revolución. La fuga del rey y su posterior captura en Varennes fue un duro golpe. Si la Revolución quería subsistir debería proclamarse la república. Al mismo tiempo, y sin haber resuelto los problemas internos, Francia se enzarzó en una absurda guerra contra Austria, tratando de extender a ese país los ideales revolucionarios.
Francia perdió la guerra y la devaluación monetaria dio paso, en el verano de 1792, al estallido del conflicto.

El rey anunció su decisión de exonerar a los girondinos, pertenecientes a la legislativa y causantes del problema, a lo que la Asamblea respondió enviando a París contingencia de guardias nacionales.
A partir de aquí, la revolución continuó de modo imprevisible.

(Extracto del 2º capítulo)





7 comentarios:

Anónimo dijo...

A mí me tienes francamente alucinada. Es que ya entro aquí pensando en qué me voy a encontrar.

He leído que llevas un montón de tiempo escribiendo, desde luego que no hace falta que lo jures.

En mí tienes ya una fan segura.

Un beso.
Pilar

Bego dijo...

Siguiente página, por favor.

Besos.

Nieves Hidalgo dijo...

Jajaja, Bego, te ha quedado clarito el mensaje.

Sí, Pilar, llevo más de 20 años escribiendo novelas.

Gracias a las dos por estar ahí y por vuestros comentarios diarios.

Una abrazo enorme.

Anónimo dijo...

Sí, sí, sí, yo también quiero la siguiente página, por favor.

Un beso.

Merce

Anónimo dijo...

¡Toma y yo!
jajaja

CARLOTA

23amparomd dijo...

Con Lobo he disfrutado mucho, las aventuras y el romanticismo que hay en los protagonistas ese amor que demuestran y viven me entusiasma y lo paso muy agusto mientras me dura la novela

Nieves Hidalgo dijo...

Amparo, me alegro que te haya entretenido este simple borrador.
Eres un sol por entrar y comentar.
Mil gracias.

Un beso enorme.