martes, 7 de octubre de 2008

Alexandra © (Libro 5º de la saga de Los Gresham)


SINOPSIS:
Remington Wyler, cuarto vizconde de Saxton debe ser degradado y vilipendiado de cara a toda la sociedad con el único fin de poder infiltrarse en la banda de traidores a la Corona.
Sin embargo a Alexandra Gresham, cuando le conoce en la fiesta de disfraces de Carllington Hill, le importa poco que él sea un mujeriego y casi un proscrito. Simplemente decide que lo quiere para ella y desde ese momento hace todo cuanto está en su mano para seducirlo, enfrentándose a la familia y a peligros que ni imagina.


LONDRES. INGLATERRA.

Remington Wyler, cuarto vizconde de Saxton esperó a que el que estaba tras la mesa del escritorio pusiera el sello oficial en el documento. Aunque tenía cada uno de los músculos en tensión, no se permitió mover ni un dedo.

Por fin, Donald Williamson alzó la mirada. Estaba satisfecho, al menos en parte, y el vizconde lo sabía. El sujeto le odiaba desde hacía mucho tiempo, simplemente por haber sido el hijo de su padre. Williamson había estado enamorado como un borrego de la vizcondesa de Saxton, pero el corazón de Lidia eligió al que sería su esposo durante más de 23 años, hasta que la muerte se llevó a ambos mientras realizaban un viaje en barco hacia el continente africano.

Williamson jamás perdonó a Lidia y mucho menos a Peter Wyler. Su odio había perdurado a lo largo de todos aquellos años y después de la muerte de los vizcondes lo había volcado con ganas en el heredero del título. Por eso, poner el sello oficial al documento que le tendió con una sonrisa ladina, le satisfacía plenamente. El papel significaba la vergüenza para el título Saxton, al menos de puertas del ministerio para dentro, aunque al recordar las órdenes específicas del ministro acerca de que el motivo de la baja de Rem en el ejército fuese un secreto, el gesto de complacencia de Williamson se agrió ligeramente. Desde luego, no pensaba dar a conocer el contenido del documento, pero una insinuación aquí, un encogimiento de hombros allá, serían suficientes para lanzar al barro la reputación, hasta el momento intachable, del ex capitán.

-Yo le habría ahorcado directamente, Wyler –dijo, saliendo de detrás del escritorio para entregarle el documento firmado y sellado, ignorando adrede su título. Su marcada cojera le hizo apoyarse en el borde de la mesa. La condenada herida le molestaba desde sus tiempos de militar, desde que una metralla le alcanzó en la pierna. Nunca pudieron quitársela y un trozo de metal estaba alojado cerca de su rodilla-. Es una lástima que el ministro sea un hombre blando.

Remington se irguió y encajó las mandíbulas. Sus ojos azul furioso lanzaron un destello peligroso. Williamson no era tonto, de modo que carraspeó y regresó tras la mesa, evitando aquella mirada. Había luchado mucho para llegar al puesto que ocupaba en esos momentos y no quería arriesgarse a tener una confrontación con el ministro, cuyas órdenes habían sido muy claras respecto a enfrentarse al vizconde de Saxton. A pesar de todo, a pesar de la vergüenza que ahora caía sobre el título del joven, parecía que le guardaba cierta estima, no en vano Remington Wyler había sido uno de los mejores soldados de Su Graciosa Majestad y había arriesgado la vida en infinidad de ocasiones.

-¿Alguna cosa más, Williamson? –preguntó el joven, ignorado también el reciente título del otro, a quien la Corona había otorgado hacía dos años las tierras de la baronía de Shellmoor.

El secretario giró sobre los tacones de sus zapatos como si le hubiera picado un escorpión. Su rostro reflejó un rictus de desagrado, como si se viera forzado a confraternizar con una sabandija.
-Ninguna. Tengo suficiente con perderlo de vista, pero haga que me envíen una esquela si le encuentran con un tiro en las tripas en cualquiera de los callejones de mal vivir que suele frecuentar. Me gustaría recibirla.

Rem hubo de hacer otro esfuerzo para mantener su impasible calma, aunque por dentro hervía de ganas de saltar sobre la mesa y retorcerle el cuello.
-Trataré de que tarde mucho en recibirla.

Williamson le despidió con un gesto despótico de la mano y se concentró en observar la calle desde el ventanal, Dio un brinco cuando la puerta se cerró con demasiada fuerza.

(Extracto del primer capítulo)


CARLINGTON HILL. UN MES MÁS TARDE.


La fiesta estaba siendo un éxito a pesar de que la lluvia de aquel otoño parecía decidida a ensombrecerla. Las calles estaban encharcadas y aunque los anfitriones habían mandado poner gruesas alfombras desde donde paraban los carruajes a la escalinata de entrada de la enorme mansión, muchas de las damas hubieron de pasar por el saloncito verde para secarse los pies y los zapatos, antes de poder entrar al salón donde se celebraba el baile de disfraces.

Alexandra Gresham se había salvado de eso gracias al disfraz que había elegido para la ocasión. Decidió vestirse de pirata y aunque la elección del atuendo causó un verdadero revuelo, se salió con la suya, como casi siempre. Darel Gresham, barón de Winter, su padre para más datos, había puesto el grito en el cielo al verla ya vestida para la fiesta.

Alexandra era alta para ser mujer. Las largas botas de caña negras que enfundaban sus piernas hasta más arriba de la rodilla, las ceñidas mayas negras que se ajustaban a sus perfectos muslos y a su trasero como una segunda piel, y la camisa amplia, de seda del mismo color, abullonada en las mangas y anudada sobre su plano estómago con un nudo doble, dejaban ver un escote pronunciado tras el que se adivinaba un pecho glorioso. Completaba el disfraz con guantes y un antifaz de raso negro adornado con pequeñas plumas verde esmeralda que hacía más hermosa aún su mirada verde musgo. Una corta espada al costado derecho le daba un toque graciosamente perverso.

Desde luego no fue sólo su padre el que organizó un escándalo al verla vestida de aquella forma. Su madre y su tía Kimberly , incluso trataron de intimidarla para que cambiara el disfraz por otro más recatado. El único que la había echado un cable fue su primo mayor, Ryan, que lejos de ponerse como un energúmeno se echó a reír en cuanto la vio bajar las amplias escaleras para reunirse con el resto de la familia.

Ryan iba muy guapo y Alex estaba segura de que rompería unos cuantos corazones durante el baile. Había elegido un disfraz de guerrero medieval, afortunadamente sin armadura o no habría podido moverse durante toda la noche. La amplia capa de terciopelo verde le caía como un guante y la ancha espada que lucía hasta parecía ser parte de él mismo.

Alexandra adoraba a su primo, para ella era su héroe. Claro que también adoraba a su padre, que aquella noche se había decidido por un disfraz de príncipe árabe y a su madre, que iba vestida de princesa egipcia. Y adoraba a sus tíos Chris y James, a sus tías Kimberly y Thara, a su primo Cameron, a su esposa, aquella americana a la que hubo de raptar cuando se enteró de que estaba embarazada de él después de comprar sus favores como si Cameron hubiera sido una prostituta, con el deseo de salvar a su familia de la pobreza y de la ruina social en Charleston.

Siempre había pensado que tenía una familia única.

(Extracto del segundo capítulo)





6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustan mucho las series. ¿Para cuando podremos leer Los Gresham? Es que me he quedado enganchada.

Muy bonito el blog. Paso a visitarlo desde que lo conozco, pero nunca me había atrevido a escribir.

Un beso,
Mariluz

Bego dijo...

Y en verdad tiene una familia única.
Estoy deseando conocerles a todos mas a fondo, si ahora saliese toda la saga de los Gresham publicada a la vez, te aseguro que no dudaría en comprarla.

Besos.

Anónimo dijo...

¿Cuándo podré leer la serie entera?
Me encantan las series y con esta me he quedado con la miel en los labios... y quiero leerla.

Un beso,
Ángela

Anónimo dijo...

Por fin he llegado al último libro. ¿Y ahora qué? Me he quedado colgada de esta serie. Ay, ay, ay ¿para cuando voy a poder leerla entera?

Un beso, Nieves, me encanta todo lo que he leído hasta ahora.

Pilar

rociodc dijo...

Me he sorprendido descubriendo las sipnosis y los adelantos de toda la serie. ¡Prometen mucho! Me encanta saber que los hijos( o al menos Alexandra) de nuestros protas van a tener su historia. Me encanta esta idea Nieves, y espero que no pase mucho tiempo hasta tener la serie completa en mis manos.
Gracias por estas pinceladas Nieves. Muchos besos.

Nieves Hidalgo dijo...

Rocio,

¿te he dicho que eres estupenda?
Gracias por tus palabras y por el interés demostrado en esta saga.
Me estás contagiando de nuevo el entusiasmo por ella.

Un achuchón