martes, 28 de octubre de 2008

Brumas © ( Extracto del capítulo 2º)

Capítulo 2º


- ¿En qué piensas, Eleanor?

Lea giró la cabeza y sonrió con cariño a la muchacha que la había hecho la pregunta. Era su mejor amiga. Tina, hija del conde de Bermont. Se conocían desde la escuela y a pesar de la distancia habían mantenido su inamovible amistad aunque Lea jamás dejó de ser una muchacha de las Highlands, terca y rebelde, a quien le agradaba tanto una buena fiesta como salir al monte envuelta en su tartán de lana, daga al cinto, y recorrer grandes distancias para cazar ciervos.

- En qué pareja elegiré para el siguiente baile. Y en lo espantoso del condenado vestido.
- No. Te conozco demasiado, Lea. Y el vestido no es nada espantoso, sólo a ti te lo parece, pero no a los jóvenes que están en la fiesta, a juzgar por la cantidad de ellos que desean bailar contigo. ¿Hago de nuevo la pregunta?

Lea no tuvo más remedio que reír ante la suspicacia de su amiga.

- De acuerdo. No puedo ocultarte nada, ¿verdad? Pensaba en mi padre. Y en mis hermanos.
- Aguafiestas.
- Olvidaremos que existen por estos días, ¿de acuerdo?
- No deberías haber venido si te iba a crear dificultades. Si lo hubiese sabido no te habría dicho nada.
- Pero lo dijiste, bruja. Edimburgo es muy aburrido y la temporada en Londres un amor, Tina. No podía resistirme.
- Espero que tu familia no descubra el engaño.
- Amanda me tapará, seguro. Es una vieja amiga de la familia. Y sabe que me entusiasman las fiestas.

Tina miró a la otra con las cejas alzadas.

- Eres incorregible. Escaparse de ese modo de casa... Yo no habría sido capaz de hacerlo.

Lea volvió a reír, llamando la atención de varios jóvenes que comenzaron a acercarse. De inmediato se vio de nuevo asediada con peticiones de baile y Tina, sonriendo, acudió a la llamada de su prometido, dejándola sola.

Accedió a bailar con un joven atractivo, de cabello muy claro y ojos azules y melancólicos que la miraba embobado. Le sonrió y trató de seguir los torpes pasos del muchacho, mientras a su cabeza regresaba el sinsabor de haber tenido que engañar a su familia para poder pasar dos semanas en Londres. Pero así eran las cosas. Jaimie McKena no era partidario de que ella deambulase por los salones de Londres. Solía decir que hacía demasiadas locuras y en ocasiones la había amenazado con una reprimenda a la medida de aquellas travesuras, aunque jamás hasta entonces había recibido un castigo demasiado duro. Todo lo más, una semana sin salir de la torre. Aunque aquel engaño, diciendo que iba a visitar a Amanda Brummel, le costase un año de arresto, merecía la pena por lo que estaba disfrutando.

De repente, su compañero de baile perdió pie, haciendo que ella tropezara. Le miró, un tanto molesta, pero el gesto de estupor del joven la hizo volver la cabeza para ver qué le asombraba. Al mismo tiempo, un rumor apagado se extendió entre los invitados.
Lea no entendía que era lo que había llamado tanto la atención de todos.

- Por Dios -murmuró su pareja de baile-, no pensé que tuviese valor para presentarse aquí.
- ¿Qué sucede?
- Ormond -dijo él como toda explicación-.
- ¿Quien?

El joven y soso adonis señaló con la barbilla.

- Hay que tener mucho valor para volver a aparecer después de lo que hizo.
- ¿Qué hizo? -preguntó Lea, molesta- ¿Y quién?

El rubio le tomó del codo y la llevó hacia el lugar en el que la recogiese mientras decía:
- Lo siento, señorita McKena, pero mi sensibilidad no me permite estar en el mismo salón que ese engendro del diablo.

Lea golpeó el suelo con rabia mientras veía alejarse al joven y trataba de saber qué demonios estaba sucediendo. Todo el mundo cuchicheaba y miraba hacia aquella parte del salón que... De repente distinguió al sujeto de espaldas. Al menos creyó que se trataba del hombre del que hablaban. Intercambiaba un rápido diálogo con el dueño de la mansión y parecía algo tenso, aunque menos que su interlocutor. Era altísimo, de anchos hombros y cabello oscuro como la noche. Se preguntó quien diablos sería y la causa por la que todos parecían tan afectados.

- Es increíble -escuchó a Tina-.
- ¿Quien es? Parece que todos hubiesen visto a Satanás.
- Ormond.

Lea esperó. Inútilmente, al parecer. Todo el que hablaba del sujeto recién llegado parecía desear explicar lo que pasaba con aquel hombre nombrando solamente su apellido, o lo que fuese. Fastidiada, porque su naturaleza era curiosa, agarró a su amiga por el brazo y la hizo girar.

- ¿Quién mierda es Ormond, Tina?
- ¡Jesús, Eleanor! -se alteró la otra- ¡Que modo tan...! ¡No deberías usar ese vocabulario para...!
- Vamos, vamos, vamos -cortó Lea, imitando sin querer a la mujer que a cuidase desde chiquita-. Deja las zarandajas. Estoy intrigada y eso me hace ser poco educada. ¿Quien es? Mi pareja de baile parece haber visto a un fantasma. Hasta creo se ha ido de la fiesta. El resto, no digamos -dijo, mirando a los que la rodeaban-.

Tina, con el ceño fruncido, se la llevó hacia la salita de los refrigerios. Allí, mientras esperaba a que un camarero les sirviese dos copas de ponche, dijo:
- Clifford Ellis, duque de Ormond. Un ser extraño, taciturno, que nada quiere con la aristocracia. Vive desterrado en su castillo, en las afueras de Londres. Hallcombe House. Todo el mundo lo conoce por el Castillo de las Brumas.
- Bueno... -Lea estiró el cuello para volver a ver al sujeto-, no creo que ser un hombre al que no le agrade asistir a fiestas, sea suficiente como para... En cuanto a ese castillo...

- Mató a su esposa embarazada –cortó Tina-.


(Extracto del 2º capítulo)





9 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto se va poniendo emocionante, ¿nos lo va a dejar ahí?.

Besos
Pilar

Anónimo dijo...

Otra novela que promete, ¿la podré leer pronto?.

Me estoy haciendo una viciosilla de tu blog.

Bss
Merce

Bego dijo...

Hola Nieves, aquí estoy otra vez, no creas que te había abandonado, solo que no quería volver a ser la primera en dejar un nuevo comentario en lo que nos vas regalando.

Bueno al grano, me encanta y Eleonor, pues sin plabras, le va a poner las pilas al Duque, me gusta, mujer con garra.

Besos.

Nieves Hidalgo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nieves Hidalgo dijo...

He suprimido el anterior comentario que era mío porque me había equivocado con el nombre de Bego. Lo repito entero, pero poniendo el nombre en condiciones.

Gracias por dejarme vuestros comentarios. Me encanta leerlos.

Bego, no pensé que me habías abandonado, aunque sí que es verdad que a las que dejáis habitualmente un comentario, os busco para ver vuestra opinión, y tú eres una de ellas.

Un abrazo, chicas.

Anónimo dijo...

A mi también me parece que esta Eleanor, le va a poner las pilas al duque... jajaja

¡Otra que me gusta!
Quiero más.....

CARLOTA

Bego dijo...

Hola Nieves, tienes un regalo en mi blog.

Besos.

Nieves Hidalgo dijo...

Gracias Bego. Eres un encanto.

Besos.

Anónimo dijo...

He llegado de casualidad a este blog y llevo un buen rato leyéndolo. Voy a buscar tu libro publicado porque me está gustando mucho cómo escribes. Tienes, por lo que veo, la capacidad de enganchar desde la primera página.

Un abrazo,
Teresa